Jo abrió lentamente los ojos y vio el rostro del demonio, a escasos centímetros del suyo. La estaba contemplando con verdadera adoración. ¿Estaba sujetándola? Podía sentir cómo la sostenía para que no se cayera, y cómo una de sus manos le acariciaba el cabello con delicadeza. Su tacto era suave, cálido, y le producía cosquillas en el estómago. Joanna creía que estaba en el cielo.

—Jo. —Se alegró él, al ver que reaccionaba. Que no se había carbonizado.

—Me estás tocando —dijo ella, débilmente y con una sonrisa, antes de volver a desmayarse.

Sin saber cómo, Dante la había salvado.

—Estás a salvo, amor mío —le susurró el demonio—. Yo te protegeré. Siempre.

Oxana seguía allí, sin entender nada. ¡Ella debía morir! Nadie sobrevivía al toque de la muerte. ¡Nadie! A menos... A menos que él ya no fuese un demonio.

—Mi querido Malkier, mira en lo que esa mortal te ha convertido. No eres ni la sombra de lo que antes eras —expresó la mujer con desprecio.

—Malkier ya no existe, Oxana —le explicó él con dureza.

—¡Mientes! —Se enfureció—. Puedo sentirlo revolcándose en tu interior. Quiere salir, pero lo estás reprimiendo por esa...

—Si fuera tú, cuidaría muy bien de mis palabras —le advirtió.

¡Vastatoris daemoniorum!*

—Te equivocas —respondió Dante con frialdad— ella no me ha destruido; me ha salvado.

Oxana bullía de la ira. ¿Cómo podía ser que él se pusiera en su contra por una insignificante criatura como esa?

Dio unos pasos, aproximándose a la chica y se quedó allí. Inmóvil. Parecía estar planeando su siguiente movimiento. Su mirada oscilaba entre el demonio y la muchacha, con aparente indecisión.

—Sé lo que estás pensando, Oxana, y te equivocas si crees que te dejaré ponerle una mano encima otra vez. Si lo intentas, te arrancaré los brazos —dijo él con gentileza—. Muero por hacerlo.

Ella abrió la boca y emitió un agudo chillido, mostrando los fieros colmillos y abriendo desmesuradamente sus ojos de fuego.

Dante ni se inmutó. Se limitó a sonreírle con autosuficiencia.

—¿Terminaste ya?

—Ni siquiera he comenzado —masculló la mujer—. Te aseguro que voy a matarla, al igual que a la otra en Italia. —Él la miró con ira—. De esa forma, el odio te consumirá nuevamente y Malkier renacerá, más fuerte que nunca.

—¡Más vale que no te le acerques! —amenazó él con voz profunda, que parecía provenir de las extrañas de la tierra. Sus ojos chispearon, llenos de rabia.

—No eres más que un tontorrón sentimental. Recuerda que los humanos son criaturas frágiles. Su destino es morir. Yo solamente quiero acelerar el proceso —explicó de un modo perturbador—. No puedes vigilarla todo el tiempo. En algún momento te descuidarás, y allí es donde apareceré.

—No me apartaré de su lado ni un segundo.

—Entonces, tendré que recurrir a la fuerza. No me dejas otra alternativa. Quise hacerlo por las buenas, de verdad. Pero resultaste todo un necio. No te perderé.

Cerró sus ojos y pronunció una serie de palabras en una lengua muerta, más antigua que el latín. Él las reconoció. Era una invocación.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!