Capitulo 5 parte I

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-¿Y crees que le caiga bien?

-Claro. Le caes bien a todos, Kash. –Asintió y enseguida entré a la casa rodando los ojos para girarme hacia Kashya. –Ahora vuelvo a por ti.

-¡Claro! No me moveré de aquí. –Asentí esquivando a las personas que se me metían delante para buscar a Dave.
¡¿Dave?!

-¡Hey, Lory! –Cogiéndome desprevenida, me abrazó dejándome sin palabras. –¡Pensé que no vendrías!

-Bueno... –Me miró a los ojos para sonreírme.

-¿Viniste sola?

-Con una amiga... Oye, ¿sabes dónde está el dueño de la casa?

-¿Zurt? Por ahí debe estar, ¿por qué?

-Verás, es que mi amiga lo... Quiere conocer.

-¿Y dónde está ella?

-Fuera. –Murmuré señalando la puerta. –¿Lo llamas, por favor?

-Sí, claro. ¡Ah, mira! Ahí está. ¡Zurt!

-Hey. ¿Qué pasa, guapa? –Alcé una ceja mirándolo mal.

-Necesito que invites a mi amiga a entrar.

-Claro, que pase. Entre más gente mejor.

-Genial. –Sonreí falsamente esperando a que Kashya llegara a mi lado.

Zurt siguió con su camino antes de que hiciera las presentaciones.

-¡Hola!

-Dave, ella es Kashya. Kash, él es Dave.

-¡Encantada!

-Lo mismo digo.

-¿Bailamos?

-¿Perdón? –Solté sin poder evitarlo. ¿Pero que se creía?

-Eem, bueno... Yo iba a invitarlas a una bebida primero...

-¡Genial!¿Pero qué diablos se creé que está haciendo?

-Vale... –Dave me miró por un segundo antes de darse la vuelta para dirigirse a la barra.

-¿Se puede saber que haces?

-¡¿Por qué nunca me dijiste que era tan guapo?!

-Ni se te ocurra hacer algo contra su voluntad, Kashya.

-¿Y por qué no? Él y yo podríamos divertirnos un rato... –Apreté el puño intentando controlarme. Nada fuera de lo normal debe pasar en la fiesta.

-Vuestras bebidas, chicas.

-¡Ay, gracias! –Kashya le quitó una de las bebidas de la mano para bebersela de golpe. –¡Guau, me encanta! ¿Dónde hay más?

-¿En la barra?

-¡Perfecto!

-Kashya, para.

-¡Relájate por un día, Lory!
–Salió corriendo hacia donde se suponía que debía estar una barra improvisada.

-Lo siento, no se que bicho le ha picado...

-¿Siempre es así?

-No, claro que no. Siempre es todo lo contrario...

-Oh, ya entiendo. –Me extendió el vaso que tenía en la mano, pero negué. –¿Vamos fuera para hablar mejor?

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