Capítulo 11

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Me quedé en casa de Sarah viendo películas, a las cuales no presté demasiada atención. Mi cabeza no dejaba de pensar en Oliver. ¿Debería creer que tiene novia? Ese no es su estilo. De todas formas, no creo que Sarah me haya mentido con una cosa así. O sí. Ya no estoy segura de nada. Ya no sé que es verdad y que no, son tantas mentiras que ya no veo.

No podía dormir. Después de ver las películas dormí con Sarah en el sofá cama del salón. Era bastante cómodo y tenía el tamaño de una cama de matrimonio, pero por más cómodo que fuera no conseguía dormirme; y tener a Sarah pegada a mí, como una lapa, no ayudaba.

Me levanto con cuidado de no despertarla y voy a la cocina a beber un vaso de agua. Estaba tentada de llamar por teléfono a Oliver y decirle que no era justo que se fuera ahora que lo necesitaba. Era el único en el que podía confiar en este momento, ya que había sido el único que no me había ocultado algo o mentido. Y que se hubiera ido para acabar las vacaciones con su novia me estaba matando. Sí, lo admito, estaba celosa. Simplemente no entendía por qué ella sí y yo no. Yo lo conocía desde que era un niño, lo sabía casi todo sobre él.

No debería pensar de esta manera, debería alegrarme por él, pero es que no puedo por más que lo intente. La única esperanza que puedo albergar es que conociéndolo, no iban a durar mucho. Ojalá fuera así.

[...]

Las vacaciones ya habían terminado. Por suerte, empezábamos las clases un viernes. Eso quería decir que nos seguía un fin de semana que podría contar como unas mini vacaciones en el que podríamos apurar todo lo que nos quedaba por hacer.

En clase todo seguía igual. En las aulas ya no quedaba ningún rastro de la decoración navideña, y menos mal, porque eran horribles, en vez de parecer navideños parecían adornos de Halloween. Y esto se debe a que la mayoría de los adornos los hacían los alumnos, y así salían. Con respecto a los profesores, pasaba lo de siempre: empezaban el día cargados de energía pero acababan, por decirlo de alguna forma, destrozados. Mientras tanto, los alumnos empezábamos muertos de sueño, sin ganas de hacer nada y acabamos más o menos igual, solo que con ganas de irnos ya a casa.

Estaría en la tercera clase de la mañana cuando se escuchó un fuerte estruendo que procedía del exterior. Poco después empezó a sonar la alarma de incendios. La profesora nos sacó a todos de clase y nos llevó al gimnasio, no perdió la calma en todo el trayecto y creo que eso hizo que no la perdiéramos nosotros tampoco. Podría decir que estaba asustada, pero en estos momentos no sentía nada. Bueno algo sí, preocupación. La clase en la que estaba, que era Historia, la compartía con Sarah. Unos minutos antes de que sucediera todo me dijo que la acompañara al baño, y le dije que no. No entendía la necesidad que tenían algunas chicas de ir al baño todas juntas, yo no era una de esas. Ahora me sentía mal, debería de haberla acompañado. Solo espero que sea lo bastante inteligente para venir al gimnasio y no irse a su casa.

Después de media hora de susurros y algún que otro grito por parte de algunos alumnos, los profesores nos hicieron callar. Habló Adam, el profesor de gimnasia.

—Alumnos y alumnas, todo esto ha sido un malentendido. Alguien ha activado la alarma de incendios, ha sido una gamberrada— vi a Sarah sentada en una de las gradas delante de mí. Ya estaba más tranquila. Solo me faltaba encontrar a Isaak. —Os advierto que daremos con el culpable, y después de pagar a los bomberos por haberlos hecho venir para nada, será expulsado— no dejaba de mirar a toda la gente buscando a Isaak, como había dicho el profesor, no había ningún incendio pero necesitaba saber que estaba bien. —Ahora vuelvan todos a clase sin formar el más mínimo escándalo y retomen sus clases— le hice una seña a Sarah para que me esperara y fui donde ella se encontraba.

—Sarah, ¿has llegado bien?— la abracé.

—Sí, había más chicas en el baño y hemos venido juntas. Por cierto, ¿has visto a Isaak?— me preguntó. Al parecer no era la única que estaba preocupada por él.

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