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Dos gruesos golpes se escucharon en la superficie de la puerta, nudillos juntos y helados por la tensión. Suspiró dos veces antes de oir una voz distorsionada desde adentro. "Pase" cuatro letras tan simples que le aceleraron el pulso de su corazón. Suspiró de nuevo antes de girar el picaporte, lento, como pidiendo el mayor de los permisos mudos.

—Jordan, que bueno verte por acá. —Urie, sentado detrás de su gran escritorio color caoba sobre un sillón negro de cuero, lo recibió con una sonrisa deslumbrante y anteojos de descanso cayendo sobre su nariz. Dun sólo atinó a sonreír ladino para cerrar la puerta a sus espaldas. En seguida notó que su socio estaba totalmente solo en el despacho, ni sus hombres o su secretario yacían alertos a sus espaldas, lo cual logró crisparle los sentimientos por unos momentos.

—Buen día Brendon.

—Por favor, sentate. —Le señaló un sillón mullido parecido al suyo propio enfrentado. Jordan asintió desprevenido, sentándose con leves movimientos. Su traje negro a medida comenzaba a darle calor cuando vio al mayor servirle un pequeño trago de whisky. —¿Hace cuanto tiempo no nos vemos? ¿Uno, dos meses?

—Yo diría que cuatro meses. —Recibió el vaso de vidrio y con un leve "Gracias" vació el contenido en su garganta. —Desde el incidente de Taylor Momsen.

—No me hagas acordar de esa chica; me dio un poco de pena que la maten de esa forma. —Colocó un gesto falso de dolor para después continuar, peinando su cabello hacia atrás. —De igual forma, es bueno saber que los incidentes en el club cesaron. Bueno, a excepción de tu favorita...

—Jenna Black, lo sé. —Dun sabía que la llamada de Brendon había sido por aquello, más aún porque él mismo había llevado a la rubia al club hacía más o menos dos años después de que sus hombres la secuestren a la salida de un gimnasio. Un caso totalmente similar al de Tyler, sólo que en el de ella no había testigos.

Pero sí, Urie era un hombre calculador. Quería a todos y a todo en su maldito lugar. Enterarse que una de las mejores bailarinas había intentado escapar, que una prostituta lo había logrado y que tres de las chicas murieron debido a los guardias al descubrirlas fue algo que le dejó un sabor ácido en la boca. Una furia creciente palpitando sobre sus sienes.

—Me imagino que sabrás lo que va a pasar con Jenna, ¿No, Jordan? —Brendon mordió su labio esperando una respuesta, mientras sus dedos ágiles acomodaban lentamente el nudo de su corbata. Dun suspiró. No solía importarle una mierda cuando se trataba de la vida de las chicas, pero la rubia era demasiado hermosa. Lo tuvo encantado desde el primer momento en que la vio, y era una protegida a toda costa. Perderla le molestaría por unos días. —Porque no puedo tener gente que pretende escapar adentro del club, necesito más organización en jurisdicción, y menos rebeldía por parte de las chicas.

—Entiendo perfectamente, vamos a buscar más personal. Y en cuanto a Jenna... Voy a decirle a mis hombres que se encarguen de... —Pero Brendon lo interrumpió.

—Hay una cosa más. —Jordan se quedó callado mirando al pelinegro con confusión en sus ojos, luego Urie sonrió divertido negando con la cabeza, tomando un largo trago de whisky. —No, es una locura. Me imagino que no vas a hacerlo.

—¿Hacer qué? —El pelinegro lo miró con su entrecejo fruncido, dedos gruesos entrelazados, sobando sus anillos de plata fina. El mayor suspiró comenzando a jugar con uno de sus bolígrafos, garabatos sueltos sobre una impresión de un periódico viejo. Encerró una foto dentro de un círculo, para luego tenderle el papel al menor de los Dun.

—¿Lo conoces?

La fotografía de Tyler sonriendo al lado de un árbol de navidad fue lo primero que lograron captar sus ojos, frunció un poco sus labios al ver sus datos personales. Levantó la mirada con un gesto confundido, negando lentamente.

• gangsta • [joshler]¡Lee esta historia GRATIS!