Capítulo 9

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Tally apenas controlaba el temblor de sus dedos mientras tiraba de la blusa para sacarla de su falda. Intentando hacer cada movimiento seductor, tranquilo. La excitación corría por su cuerpo, pero ése no era motivo para no disfrutar de la experiencia. No tenía ni idea de lo que ellos querían y eso había creado un nerviosismo algo incómodo que notaba por todo su cuerpo. Sobre todo en el área entre sus muslos. Estaba más mojada de lo que recordaba haber estado en ninguna otra situación sexual y esto le daba miedo.
Cuando el dobladillo de su blusa salió de su falda, ella les lanzó una mirada a través sus párpados semicerrados. Ellos estaban calientes, duros. Sus caras estaban sonrojadas por la excitación, sus ojos brillaban por su necesidad de ella. Ella lo adoraba. Éste era su mayor desafío, el control de estos dos hombres.
Comenzó a soltar despacio los botones, observando cómo sus ojos seguían cada movimiento, sus manos apretadas formando puños mientras luchaban por mantener el control de sus propios deseos. Una emoción eléctrica corrió por sus venas. La anticipación crecía en olas de conciencia sexual mientras ella realizaba el audaz y burlón strip–tease.
Llevaba solamente puesto un sujetador de media copa bajo su blusa; el encaje semitransparente hacía poco por esconder los aros dorados que perforaban sus hinchados pezones. Con su camisa desabotonada, era muy poco lo que quedaba escondido de sus profundas miradas.
Al momento, ellos estuvieron de pie a su lado, a sólo unos centímetros de ella mientras el último botón se deslizaba libremente y los bordes de su camisa se separaban. Ella los miró estrechamente, consciente de la tensión sexual y del aura abrasadora de energía que parecía emanar de ellos hasta rodearla.
Ya había estado con dos hermanos antes, no tenía ningún miedo de la experiencia que estaba por venir, pero había algo diferente en Hongki y Jaejin. Una sensación intangible, como la caricia de unos dedos fantasmales que la tocaban y le negaban su capacidad de rechazarlos.
Era experimentada, pero no promiscua. Tenía casi treinta años y era bien consciente de su poder como mujer, hasta que llegaron estos dos hombres. Con ellos, se sentía nerviosa, inexperta, como una virgen que afronta a su primer amante.
—Eres increíblemente hermosa —dijo Jaejin mientras se acercaban.
Tally se mantuvo quieta mientras los dos hombres se colocaban uno a cada lado de ella. Eran como dos torres sobre ella, su cabeza apenas llegaba a la altura de sus pechos, haciéndola vulnerable, haciéndole ser consciente de su feminidad, de la debilidad de su pequeño cuerpo. Era una sensación a la que no estaba acostumbrada.
—Ven aquí, cariño —Hongki presionó su cabeza contra su pecho, sosteniéndola allí mientras con su otra mano imitaba a Jaejin y apartaba su blusa de la carne hinchada de su pecho.
Los dos hombres gimieron pesadamente mientras revelaban el premio que habían estado buscando.
—Que hermosura —suspiró Hongki mientras el dorso de sus dedos acariciaba la curva de su pecho, al tiempo que Jaejin ahuecaba el otro en su mano.
El calor de la palma de Jaejin quemó a través del encaje de su medio sostén mientras los dedos de Hongki acariciaban el inflamado pezón del otro pecho. Cuando el pequeño pezón endurecido se hizo más sensible, el peso del aro dorado se hizo más pronunciado, atormentándola con su ligero peso.
Luchó por no jadear, pero aun así pudo sentir una ligera película de transpiración que se había formado en su frente. Los temblores de excitación se hacían más difíciles de contener a cada minuto que pasaba. Podía sentir que su control amenazaba con derrumbarse y luchó contra eso con cada aliento que tomaba.
—Tan fría y controlada —murmuró Jaejin con una sombra de diversión tiñendo su voz mientras sus labios bajaban por su hombro—. ¿Durante cuánto tiempo podrás mantener este control, Tally?
Ella cerró sus ojos, inundada por la sensación, el placer, mientras Hongki cambiaba de postura, su mano todavía en su nuca, pero bajando su cabeza.
Ella gimió cuando su boca cubrió su pezon. Sin poder contener el sonido, o su propio placer. Su lengua jugó despiadadamente con el peso dorado, su boca tomando su carne profundamente mientras Jaejin hacía lo mismo con el otro montículo. Ella estaba atrapada entre ellos, un banquete de sensualidad para sus apetitos lujuriosos.
Tally apretó sus muslos fuertemente mientras las bocas de los gemelos trabajaban en su carne, consumiéndola, alimentándose de los duros y erectos pezones, lamiendo y succionando mientras ella se arqueaba ante su toque, con su cuerpo ardiendo de excitación. Un placer intenso bombardeó sus sentidos con la necesidad de ser tomada. Su coño ardía, abrasándola por el hambre, exigiendo satisfacción.
Ella se retorció entre los dos hombres, buscando alivio mientras luchaba contra las súplicas, los profundos gemidos de rendición. Necesitaba ser tocada, tomada.
—Maldita sea, Tally, me estás matando —Hongki gruñó contra su pecho mientras, repentinamente, Jaejin asumía la responsabilidad de sujetarla erguida.
La boca de Hongki dejó su pecho, dándole con su lengua una última lenguetada antes de que Jaejin tirara de ella hacia su pecho y los bajara hasta caer sobre la silla que estaba detrás de él. Sus manos cubrieron sus pechos, sus dedos restregaron sus pezones, sujetando los aros dorados al mismo tiempo que Hongki se arrodillaba delante de ellos.
Tally le miró con ojos aturdidos. Detrás de ella, Jaejin respiraba fuertemente; su cabeza bajó hasta su cuello, para que sus labios y lengua acariciaran su carne con resultados devastadores.
Ella luchaba por respirar cuando Hongki comenzó a empujar hacia arriba su falda por sus muslos. Jaejin le ayudó levantándola, ajustándola sobre sus rodillas hasta que quedó extendida ante Hongki como una ofrenda sensual a su lujuria. Sus manos acariciaron sus piernas, sus muslos, mientras él empujaba la falda por sus caderas, revelando un tanga azul de encaje que cubría los desnudos e hinchados labios de su coño.
Ella contuvo el aliento duramente mientras Jaejin abría aún más sus muslos con sus rodillas, abriéndola para el placer de Hongki mientras ella lo miraba fijamente, con fascinación y algo aturdida. Luchó por restablecer su dominio, por prepararse para su toque, pero cuando llegó, fue como una bocanada de duro placer que llegó directamente a su matriz.
Sus dedos apenas hicieron más que apartar el húmedo triángulo de tela mientras abría sus labios, lamiéndoselos despacio con la lengua.
—Estás mojada, Tally —susurró Hongki ásperamente.
—Parece que sí —dijo ella sarcásticamente, resistiéndose al gutural gemido que se elevaba por su pecho.
Él sonrió abiertamente, sus ojos llamearon con diversión ante su sarcástico tono.
—Eres una muchacha muy mala —susurró él al mismo tiempo que su pulgar localizaba el pequeño anillo que perforaba su clítoris.
—¿Tú crees? —Su respiración era espasmódica, su voz ronca—. ¿Y que vas hacer al respecto?
Hongki se rió entre dientes, soltando su cálido aliento sobre la húmeda e hinchada carne.
Tally se sacudió en respuesta, sus párpados revolotearon hasta cerrarse cuando el placer la abrumó.
—¿Vas a provocarme durante todo el día o vas hacer algo? —Ella no jadeaba, se aseguró así misma. Aunque controlar el ritmo de su respiración se hacía más duro a cada segundo que pasaba. Se sentía débil, aturdida. La sensual provocación de Jaejin sobre sus pechos, sus dedos tirando de los aros mientras sus labios recorrían su cuello, era bastante intenso. Pero el tener a Hongki arrodillado entre sus muslos, con sus dedos retirando suavemente el húmedo tanga, era algo que casi la estaba arrojando al precipicio.
—Voy a hacer algo —susurró Hongki—. Voy a hacerte gritar, Tally.
Si alguien podía, ése sería Hongki, pero Tally estaba decidida a mantener hasta el último ápice de su control. Ella nunca había gritado. Y no estaba dispuesta a comenzar ahora.
Impotentemente atrapada contra el duro cuerpo de Jaejin, ella vio descender la cabeza de Hongki. Sus pulgares extendieron los abultados labios de su coño, revelando su hinchado clítoris y el aro dorado que lo adornaba.
Él parecía fascinado con el percing. Su lengua jugueteó con el aro, tirando de él sensualmente, moviéndolo de un lado a otro, de arriba abajo, hasta que Tally empezó a alzarse contra su boca, sintiendo las llamas escapar de su coño para quemar el resto de su cuerpo con la enloquecedora necesidad de un orgasmo.
Era intenso. Demasiado intenso. Ella podía sentir su mente diluirse bajo el rápido y sensual placer, sus terminaciones nerviosas atrapando fuego mientras un nudo de sensaciones comenzaba a apretarse en su matriz.
Tenía que ser follada. Lo necesitaba ahora. Ya tenía bastante de esta tortura, de estos juegos... Su gemido resonó cuando Hongki introdujo suavemente su dedo dentro de las ardientes profundidades de su coño. Su lengua jugaba sádicos juegos de lujuria contra su clítoris mientras su dedo la follaba con breves y poco profundos golpes.
—Hongki, fóllame —ella jadeaba ahora. Jadear estaba bien. Maldición, se sentía tan bien, tan abrumadoramente caliente y excitante que ella apenas podía aguantarlo.
—Todavía no —susurró él contra su carne empapada—. Pronto, nena, pero todavía no.
—No —ella sacudió su cabeza contra el pecho de Jaejin, quien estaba mordisqueando su cuello con los dientes—. Ahora. Fóllame ahora —se arqueó empujando contra su dedo, apretando sus dientes en la agonía de la necesidad, mientras sus manos se enredaban en su pelo, luchando por alcanzar su liberación.
Los dedos de Jaejin apretaron sus duros pezones, enviándole un intenso estallido de placer/dolor, semejante a un rayo, a través de sus pechos al mismo tiempo que Hongki añadía otro dedo al primero y los empujaba con fuerza dentro de su apretado coño.
Tan cerca. Gimió, su aliento entrecortado por la intensidad del placer mientras luchaba por alcanzar el final del umbral. ¿Por qué la atormentaban? Podía sentir en su espalda el duro pene de Jaejin, como una barra de acero bajo sus vaqueros, y sabía que el de Hongki era una longitud de hierro bajo sus pantalones. ¿Por qué no la follaban? Sobre todo cuando ella lo necesitaba tan jodidamente.
—Córrete para mí, Tally —susurró Hongki contra su clítoris, sus dedos follándola con excitante rudeza, mientras los músculos de su vagina se tensaban alrededor de ellos.
Ella necesitaba más. Estaba llegando desesperadamente a la cima del clímax, pero todavía no estaba allí.
—Fóllame —le agarró el pelo mas fuertemente, tratando de acercarlo más, desesperada ahora por encontrar la liberación que atormentaba su cuerpo.
—Aún no —él respiraba duramente, ásperamente—. Córrete para mí, Tally. Ahora.
Sus labios se abrazaron a su clítoris, succionándolo en su boca mientras su lengua fluctuaba sobre él con aterciopelada brusquedad. Tally no pudo evitar el sollozo que escapó de su pecho. No era suficiente. Ella sabía que no sería suficiente. Se mordió el labio, conteniendo la furia y los gritos de desilusión mientras se tensaba contra él, luchando por llegar al clímax, por escapar del abrasador conocimiento de que su cuerpo necesitaba más.
Fue como si le hubiera caído un cubo de agua helada encima, el saber que no encontraría su liberación, que Hongki y Jaejin sospecharían el secreto que ella luchaba tan desesperadamente por mantener escondido. Agonizando, con su pecho explotando de miedo, tomó la única opción que le quedaba. Fingirlo. Se tensó en los brazos de Jaejin, disimulando su liberación, haciendo trabajar los músculos de su vagina con movimientos espasmódicos mientras dejaba escapar un apagado gemido de satisfacción. Y así, su secreto estaría seguro.

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