Capítulo 8

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Terrie la había manipulado. De algún modo, en algún sitio, había conseguido cegarla y al mismo tiempo, asegurar su caída. No era tanto por el desafío, aunque Tally se apasionara por un buen y honesto desafío; era más bien el objeto del desafío. ¿Podía ella poner a Hongki y Jaejin de rodillas?
Había estado tan preocupada en proteger su corazón, que no había considerado ganar las de ellos. ¿Podría hacerse? Eran fuertes, hombres dominantes, alfas en el sentido más estricto de la palabra, así que no sería fácil. Pero, quizá podría hacerse. El simple pensamiento del éxito era suficiente como para hacer que su sangre bombeara, incrementando su nivel de excitación.
Eran hombres, se dijo a sí misma mientras entraba en su oficina dos días después. ¿Cuán duro podría ser?
—Tally, ya era hora de que aparecieras —Hongki cerró con un fuerte golpe el cajón superior del archivador, frunciendo el ceño mientras ella se acercaba con calma a su escritorio y guardaba su monedero—. Llegas tarde.
—Apenas —informó ella con frío desdén mientras comprobaba el reloj sobre el archivador—. De hecho llego un minuto antes. ¿Por qué estás en mi archivador?
Era una de las razones por las que odiaba tratar con archivos. Podía mantenerlos en perfecto orden, entonces Hongki, igual que había hecho Jesse, podía revolverlos todos con aparentemente ningún esfuerzo en absoluto.
—Buscar un archivo, obviamente —gruñó él—. ¿Dónde has estado todo el fin de semana? He llamado.
Y lo había hecho, varias veces al día
—No es de tu incumbencia en donde he estado el fin de semana. ¿Qué archivo estás buscando? —arqueó sus cejas inquisitoriamente.
—El de Anderhaul —él la estaba mirando intensamente ahora—. Y lo estoy haciendo de mi incumbencia. No estabas en casa o conectada. Lo comprobé.
—No sabríais si estuviera conectada, Hongki —le dijo calmadamente mientras abría el archivador e intentaba ocultar sus esfuerzos para mirar el cajón superior mientras empezaba a buscar a través de los archivos. Sólo le llevó unos segundos localizarlo—. Aquí tienes —se lo tendió eficientemente antes de cerrar el archivador y volver a su escritorio.
—¿Por qué no iba a saber si estabas conectada —él estaba definitivamente furioso.
—Porque ahora te he bloqueado —ella se encogió de hombros—. No me gustan los mentirosos y rechazo hablar con ellos —mantuvo su voz cuidadosamente modulada; sabía que era una garantía para poner sus nervios al límite.
—No te he mentido, Tally —prácticamente gruñó él—. Podría haber continuado con la charada pero no quería eso entre nosotros.
—Qué decente por tu parte —ella mostró sus dientes cuando sonrió. El simple pensamiento de las cosas que había compartido con él la ponía furiosa.
—Podría darte las cosas que necesitas, Tally —dijo él suavemente—. Todas esas oscuras pequeñas fantasías que tratas tan fuertemente de mantener a distancia; podrían ser tuyas.
Tally se sentó ante su escritorio, alisando la falda sobre sus piernas y ajustando los puños de su blusa de seda azul real antes de alzar su mirada para encontrar la de él con serenidad.
—Tienes una cita a las nueve y media con el jefe de seguridad para discutir las medidas que se están instalando en los nuevos laboratorios, y justo después de eso una reunión con Jesse para discutir el programa informático que los ingenieros diseñadores están desarrollando. Dejé los archivos fuera el viernes antes de irme —ignoró el ofrecimiento de él, aunque no podía ocultar el estremecimiento de peligro que explotó a través de su sistema.
Los ojos de Hongki se estrecharon sobre ella.
—Ten dispuesto café y pastas. Te necesitaré durante la reunión con Jesse ya que conoces las primeras etapas del contrato para diseñar el programa informático. Trabajaremos durante el almuerzo, así que quizá quieras encargar algo.
Genial. Trabajar durante el almuerzo. Había esperado poder escapar de él al menos un rato.
—Me pondré en contacto con Breilla —hizo una anotación para llamar a uno de los mejores establecimientos de la ciudad—. ¿Algo más, Amo? —preguntó sarcásticamente.
—Déjame ver esos aros de los pezones —la petición fue hecha igual de fácil que si hubiera sido un archivo.
Tally se recostó en la silla y le miró curiosamente. Ella no se atrevería, no con la puerta sin cerrar, pero cómo le gustaría bajarle un poco los humos. Alzó una mano provocativamente, sus dedos recorriendo los pequeños botones perlados mientras le sonreía insultantemente.
Era demasiado divertido, provocarles a él y a Jaejin de esta manera. Era casi adictivo.
—¿Qué me darás tú? —preguntó flirteando, con su mirada buceando hacia el bulto que se estiraba contra sus pantalones mientras levantaba una ceja sugestivamente.
La diversión centelleó en sus brillantes ojos verdes y curvó las comisuras de sus labios.
—Mantendré tu provocación en mi cabeza hasta el momento en que te tenga cruzada sobre mi regazo, preparada para recibir los azotes que estoy seguro de que te mereces y que tú ¡oh! tanto vas a disfrutar —murmuró él mientras se acercaba más a su mesa, mirándola con una repentina y oscura hambre que hizo que el pulso de ella se acelerara en respuesta.
Ella suspiró expresivamente, bajando sus ojos con recato antes de echar una ojeada hacia él a través de sus pestañas.
—¿Prometido? Hasta entonces, sé un buen jefecito y ve a hacer algo útil para que yo pueda terminar mis propias tareas. Te haré saber cuando lleguen tus citas —lo despidió con serenidad, girándose para encender el ordenador y comenzar el día.
Tally mantuvo el aspecto de contener una sonrisa burlona, aunque su coño estaba humedeciéndose, apretándose de excitación. Era consciente de él mirándola durante largos momentos y de la reflexiva expresión que cruzó su cara mientras ella continuaba ignorándole. No tenía duda de que estaba planeando su castigo con gran placer. Pero lo había estado haciendo durante meses.
—Hay días, Tally —finalmente suspiró él—, en que es una maldita buena cosa que te haya tomado tanto cariño. De otra manera, creo que buscaría un muy, muy profundo agujero para enterrarte en él.
Por el rabillo del ojo ella vio como se giraba y se dirigía hacia la puerta abierta de su propio despacho. Cuando la puerta se cerró tras él, se quedó mirando al leve temblor de sus dedos. ¿Tomado cariño? Era muy poco, pero pulsó una cuerda dentro de ella. No eran las palabras, sino el tono. Profundo, intenso, haciendo que ella quisiera creer que conllevaba mucho más que las palabras dichas.
Optimismo. Respiró hondo, luchó por recobrar su compostura y se giró hacia el ordenador. No tenía tiempo para el optimismo.

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