VII. Un niñero para Bianca

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VII. Un niñero para Bianca

“No tienes de qué preocuparte, en realidad”, me dice Cliste. “Nosotros encontraremos al culpable de todo”

“¿Cómo?”, pregunto curioso.

“Ya verás.  Ahora lo que necesitamos es que nos cuentes todo lo que recuerdes”

“¿Ya estás listo para hablar de esa noche?”, pregunta Astra reprobando a Cliste con la mirada.

“Sí, no hay problema.  Claro que sí”, respondo tímidamente.

“¡Excelente!”, exclama Cliste y luego me comienza a dar vueltas. “Supongo que lo primero que necesitamos saber es qué comieron...”

“¿Dalton?”, los tres escuchamos una voz débil.  Nos volteamos hacia su origen y vemos a mi hermana Bianca en el marco de la ventana.  Nos está mirando extrañada. “¿En dónde estamos?”

Yo me quedo con la boca abierta.  No sé qué responderle.  Miro a Astra en busca de ayuda.  Ella se voltea hacia Bianca y tampoco sabe qué responder.  De pronto y sin previo aviso, Cliste de un salto llega a su lado y le da un empujón.

“Miren a esta gatita tan bonita”, nos dice a nosotros histriónicamente. “¿Cómo te llamas, niña?”

“Bianca”, le responde tímidamente.

“Bianca”, repite él. “Qué lindo nombre.  Yo tenía una amiga que se llamaba Bianca.  Hace mucho tiempo.  En otro distrito.  No creo que sea tu pariente.  No tendría sentido.  Pero de todas maneras Bianca es un lindo nombre.  Ése de allá abajo es tu hermano, ¿no es cierto?”

Ella asienta ligeramente, pero no dice nada.

“Tu hermano Dalton está siendo muy valiente.  Nos está ayudando con la investigación”, sigue Cliste.

“¿Qué investigación?”, pregunta ella débilmente.  Antes de que él pueda responder, Astra da un salto y llega a su costado, interrumpiendo lo que sea que el extraño gato habría tenido pensado decir.

“Cosas extrañas están pasando en este distrito”, explica ella seriamente. “El Consejo nos ha pedido que investiguemos.  Pero no lo podemos hacer sin tu hermano”

“¿Qué es el Consejo?”, pregunta ella inocentemente.  Entiendo entonces que es el momento de que yo intervenga.  De un par de saltos llego hasta donde ella está.  Me paro junto a ella. 

“Bianca.  El Consejo son ocho gatos que deciden todo lo que tenga que ver con nosotros en Miraflores”

“¿Todo lo que tenga que ver con nosotros dos?”, me mira ella extrañada.

“No, pequeña”, Cliste se mete de nuevo a la conversación. “Todo lo que tenga que ver con todos los gatos que viven en Miraflores.  Distintos distritos tienen distintas formas de organizarse.  Aquí los gatos se organizaron de esta manera.  Es una forma imperfecta, pero funciona”

“¿Y ellos te llamaron a ti para que investigues eso?”, me pregunta Bianca.

“A mí.  Y a mi amiga Astra.  Y nosotros necesitamos que tu hermano nos ayude o no podremos hacer mucho”, Cliste le acaricia en la cabeza. “¿Crees que puedas quedarte aquí mientras nosotros vamos a resolver el caso?”

“Pero yo no puedo quedarme aquí sola”, dice ella y se voltea hacia mí. “No puedo quedarme sola, Dalton. ¿Quién me va a cuidar ahora que mamá no...?”

Antes de que termine la pregunta ya sé que estoy en problemas. ¿Qué le digo? ¿Cómo hago que piense en otra cosa que no sea el hecho de que ha perdido a su madre y a toda su familia?

“No te preocupes”, me salva Cliste. “Sé exactamente lo que necesitas.  Necesitas un niñero”

“Nunca antes he tenido un niñero”, comenta ella frunciendo el ceño.

“¡Entonces esto va a ser emocionante!”, Cliste salta al jardín y de ahí da un par de saltos que lo llevan al otro lado de la cerca, más allá de donde podemos ver.  Yo me volteo hacia Astra.

“¿A dónde ha ido?”, pregunto confundido.

“A traer un niñero, aparentemente”, responde ella y luego se sienta.  Yo me quedo parado y la observo junto a Bianca.

“¿De quién esta casa, a todo esto?”, pregunto para matar tiempo.

“Es de Laura.  Una humana que tiene simpatía por los gatos.  Usamos este lugar como refugio en casos como éste”, responte Astra.

“¿Ella cuidará de Bianca?”, pregunto sonriendo.  Es bueno saber que alguien estará vigilando a Bianca.

“Niño, presta atención.  El que cuidará a Bianca es el niñero que traerá Cliste.  Laura nunca está en su casa.  Solo en las noches.  Es de las humanas que se pasa todo el día trabajando”

“¿En qué trabajan los humanos?”, me pregunta Bianca.  Yo me encojo de hombros y miro a Astra esperando que ella responda.

“Es complicado.  Cuando crezcas te lo explicarán”

De pronto llega al medio del jardín de un salto Cliste.  Está acompañado de un gato viejo.  Gordo y con el pelo descuidado.  Con mucho esfuerzo logra dejarse caer del borde de la cerca y me sorprende que caiga parado.  Cliste de inmediato me mira y llega donde mí de un salto.

“Éste es Maurice.  Un viejo amigo mío.  Maurice, saluda a los niños”

El gato viejo levanta la mirada y a duras penas reconoce a Dalton y a Bianca y les hace un gesto.  Luego emite un gruñido apagado, como si estuviese demasiado cansado para siquiera hablar.

“¿Bianca estará segura con él?”, le pregunto a Cliste.

“Pero claro”, responde el gato. “¿Cómo puedes dudarlo? En su tiempo Maurice era un temido cazador.  No había ratón o rata en este distrito que no le tuviese miedo”

Yo lo vuelvo a mirar y no me convenzo.

“Eso fue hace mucho tiempo, ¿no?”, pregunto sinceramente.

Maurice entonces se comienza a reír.  Se va a una esquina del jardín y se echa.  A pesar de que su cuerpo está estático, su cola se mueve de un lado para otro.

“¿No va a entrar a la casa?”, pregunto. “¿Cómo cuidará a Bianca desde allá?”

“No importa, Dalton”, me dice mi hermana. “Ve con ellos.  Ayúdalos a resolver el caso.  Yo estaré bien.  Te estaré esperando aquí.  No te preocupes”

Los gatos de MirafloresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora