Capítulo 17.

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Con tan solo unos minutos con Lady Claire, Emmie supo que esperaría con ansias que la mujer se marchara de regreso a su casa. Y también, que todos estaban de acuerdo con ese pensamiento.

Y no era que la dama no le agradase, porque hasta le parecía divertida, sino que hacía demasiadas preguntas acerca de cosas que Emmeline prefería evitar. Beth le había explicado que la mujer, por su edad, creía tener el poder y derecho para tocar cualquier tema y obtener lo que quisiera.

Para Emmie el peor momento, había sido cuando había hablado de su padre y la muerte de este.

Joseph había sido su salvación.

—A Emmeline no le gusta recordar esas cosas, tía, por favor. —Había dicho con voz firme, sin lugar a réplicas. Un cosa sorprendente para todos, puesto que él no había pronunciado una palabra antes de eso mientras cenaban.

La joven había bajado la cabeza y atacado su comida para esconder la sonrisa de satisfacción que se le había formado. Lady Claire, en cambio, había dejado los cubiertos sobre la mesa y contemplado a ambos sin reparo alguno, dejando en claro lo que pensaba.

¿Qué era eso? Ella tendría que averiguarlo.

Pero en los días que le siguieron, y como cualquier otro antes de su llegada, Joseph y Emmeline no daban lugar a ningún tipo de habladurías para quienes los veían durante el día. Elizabeth le había explicado a su tía que su hermano parecía estar cambiando con la presencia de Emmie en la casa. Ella salpicaba a todos con su amabilidad y vitalidad, y hasta el mismo Joseph se había contagiado. Eran una especie de amigos. Y Claire había asentido y sonreído con eso. Sí, podía notarlo. Pero era de lo último de lo que no estaba tan segura. ¿Solo amigos? Los hombres y las mujeres no podían ser amigos. Y mucho menos unos que vivían bajo el mismo techo.

Las noches eran una cosa distinta. La tía del Marqués dormía plácidamente y ellos podían permitirse seguir con su rutina habitual.

En un rato iremos a la fiesta que ha organizado la Condesa Weston y estoy contenta de asistir, la hija del lord, Ashleigh me agrada mucho. Es dulce y amable, y no le agrada Portia.

Lady Claire ha decidido acompañarnos y, ¿quiénes somos nosotros para decirle que no? Sé que necesito una carabina. Elizabeth ha dejado las fiestas y las salidas definitivamente hasta luego del parto. Y no es muy... sensato de nuestra parte ir solos. O al menos es lo que Joseph dice. A mí no me importa. Pero sé que voy extrañar compartir el viaje con él, mucho más ahora que estamos tan... unidos.

Me está mirando ahora mismo, y yo sonrío como una tonta. Es tan guapo que quita el aliento. No me había dado cuenta de eso antes. Iluminado solo por la luz de las velas es simplemente arrebatador.

Y también sé que quiere saber lo que escribo. Me lo ha dicho muchas veces.

Pero no va a suceder.

Emmeline cerró el cuaderno y lo dejó sobre la mesita del living. No estaban solos, Kat se encontraba bordando en una de las esquinas de la habitación, concentrada en su trabajo. Ya la habían ayudado a cambiarse y arreglarse, pero ahora no era la única mujer a la que había que esperar. Y Lady Claire no parecía tener noción del tiempo, excepto cuando era ella la que tenía que esperar.

Desde el sofá de enfrente, Joseph miró a Kat para comprobar que no estaba prestándoles atención y se inclinó más cerca de ella, y susurró: —¿Te he dicho que estás hermosa? El rojo me vuelve loco, pero el dorado te hace parecer una reina.

Wow.

Emmie estaba anonadada.

Los cumplidos no eran algo que saliera de la boca de ese hombre con frecuencia.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!