IV

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Corrió a la ventana, la abrió (no recordaba haberla cerrado) y aspiró con bocanadas ávidas. Poco a poco, la respiración se fue calmando. De la oscuridad exterior llegaba una brisa que le refrescó el rostro.

Eliana suspiró lentamente; el cuerpo se le aflojaba. Cuando se sintió lista, volvió al modular. La caja no estaba. Las cenizas, tampoco.

¿De qué se trataba todo aquello? Eliana decidió que necesitaba un trago; habían pasado demasiadas cosas desde... No lo sabía: el reloj seguía marcando la misma hora.

Todavía tenía la linterna consigo; abrió los cajones uno por uno. Encontró las pilas, pero ni rastro de la botella de vino. Pensó que tal vez la había dejado en la cocina o en el dormitorio. Se guardó las pilas en un bolsillo y cerró todo.

La brisa sopló un poco más fuerte. Eliana se estremeció mientras hacía memoria y se frotó los brazos con las manos. Un murmullo le llegó desde afuera. La mujer se dio vuelta y entrecerró los ojos. Le había parecido que alguien susurraba su nombre.

Eliana

Avanzó unos pasos hacia la ventana y permaneció de pie, en medio del living, escuchando. El murmullo era débil todavía, un poco confuso, y por momentos disminuía, pero crecía con cada ráfaga que entraba. Y se oía una voz que la llamaba:

Elianaaa

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Eliana. El sonido oscilaba como un oleaje y se intensificaba; dejó de ser un murmullo y siguió creciendo. Ya podían oírse las voces con claridad: hablaban en lenguas incomprensibles; y de fondo, una multitud de lamentos disonantes que a veces tapaba todo lo demás. Y la llamada urgente:

ELIAAANAAAAA

El viento soplaba, más frío, más fuerte. La marea se acercaba. De pronto, Eliana lo supo. Venían por ella. Ya casi los tenía encima; el estruendo se había vuelto insoportable. Avanzó con dificultad, agarrándose a los muebles para evitar que el vendaval la alejara. Cerró la ventana como pudo, corrió a la puerta sin mirar atrás y la abrió.

Al cerrar el departamento desde afuera, alcanzó a oír el estallido del vidrio.

(345 palabras)


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