Capitulo 50

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SEMANAS DESPUÉS

-Quiero agua.

-Entonces siéntate aquí en lo que voy a comprarla. –Asentí para dirigirme a uno de los bancos que había cerca del parque. –¿Sin gas?

-Sí, y natural a poder ser.

-Vale. –Lo vi a alejarse antes de que me diera cuenta de los niños que jugaban en el parque.

-¡Eh, eres tú!

-Vaya, hola... –Murmuré sonriendole a la niña frente a mi. –Te llamabas Lia, ¿verdad?

-¡Si, aún te acuerdas!

-Claro. –Reí viendo como se sentaba a mi lado. –¿Y cómo estás, Lia?

-¡Bien! Adam nos trajo a jugar al parque.

-Que bien. –Sonreí antes de acordarme de algo. –Oye, ¿y sabes algo de Angélica?

-¿Angélica? ¡Está aquí!

-¿Ah, si? ¿Ya despertó?
–Pregunté buscándola por los alrededores. –¿Puedes llamarla? Me gustaría saludarla.

-Está aquí... –Volvió a repetir mirándome confundida. –Justo aquí, te dice hola.

-¿Qué?

-Sí, ¿no la ves? Dice que tú la veías en el hospital. 

-Sí, pero no... –Volví a mirar a dónde ella me señalaba, pero no había nadie. –¿Seguro de que está aquí?

Entonces, en el suelo se dibujaron unas palabras demostrándome que de verdad Angélica estaba allí.

-Dios, no puede ser. No puede ser...

-¿Qué pasa? ¿Por qué no la ves?

-¡No lo sé! –Grité comenzandome a desesperar.
¿Ves a alguien más que sea como tú, Angélica?

Lia miró hacia su izquierda como si esperara a que la otra niña respondiera.

-Dice que junto a aquella señora, –Señaló a una señora mayor que había paseando a su perro. –Hay otro señor, ella cree que es su marido. 

Sin pensarlo, me puse de pie para caminar hacia la señora decidida.

-Perdone...

-¿Si?

-Perdón por mi indiscreción, ¿pero está casada? –Primero me miró extraño antes de asentir.

-Mi marido murió hace un año...

-Joder... Digo, lo siento. –Volví al banco donde Lia me había esperado para sentarme más que confundida. –No puedo creerlo...

-¡¿Lia?!

-¡Estoy aquí! –Gritó la niña moviendo las manos.

-¿Qué haces ahí? ¿La está molestando? –Adam me miró por un instante como si estuviera recordando algo. –Un momento... Yo a ti te conozco.

-¡Si, es Keyla!

-Ah, si. Coincidimos una vez en este mismo parque. –Asentí aunque no estuviera prestándole mucha atención. ¿Dónde diablos se había metido Efrén? ¡Quiero irme de aquí!

-¿Keyla, estás bien?

-¿Qué? ¡No! Digo, si... Solo estoy esperando a mi novio...

-Ah, no te molestamos más entonces. Vámonos, Lia.

-Espera, espera. ¿Puedo dejarte mi número de teléfono? –Adam me miró sorprendido pero aún así sacó su móvil para dármelo. Yo apunté mi número antes de volver a hablarle a la niña.
Llámame cuando Angélica despierte, Lia. O simplemente cuando quieras hablar de... Eso.

-¡Claro! ¡Adiós, Keyla!

-¿Hablar de qué?

-De nada, de nada. –Oí que le respondió Lia mientras que se alejaban de mi.

-Uff... Un poco más y no salgo. ¿Quién era ese?

-Tenemos que hablar.

-¿Qué? No me digas que era tu amante y...

-¡No! –Grité mientras que él reía.

-Son bromas, cariño...

-Es algo serio, Efrén. ¿Por qué no puedo verlos?

-¿A los espíritus?

-¡Si! –Abrió los ojos sorprendido antes de que yo le contara lo que había pasado con Angélica. –Con esto del bebé ni me había dado cuenta de que no los veía...

-¿Y que tiene eso de malo, Keyla?

-¡¿Qué tiene eso de malo?!

-Sí, por fin eres normal...

-¡Yo no quiero ser normal!
–Grité poniéndome de pie.

-Eh, eh, cálmate. Le harás daño al bebé.

-¡El bebé! ¿Y si Sandy tenía razón? ¿Y si solo me traerá problemas?

-¿Qué? No vuelvas a decir eso de nuestro bebé, Keyla.

-Tú no lo entiendes, Efrén.

-¿Qué no lo entiendo? La que no entiende aquí eres tú, Keyla. Solo quiero tu bien y el del bebé.

-Yo no quiero vivir así...
–Murmuré antes de comenzar a llorar.

¿Por qué tenía que pasarme esto a mi? ¿Por qué ahora que las cosas me iban bien?

Between GhostsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora