Vieja escuela

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Hoy es ocho de enero de 2066.

Hoy atraparon a otro.

El parloteo del noticiero se confunde con el barullo de la calle, pero no lo escucho. Tengo el televisor justamente para que disimule el traqueteo de las teclas. Si mis nietos vieran lo que estoy usando, pondrían el grito en el cielo. A decir verdad, se escandalizarían más de saber lo que pretendo hacer con estos vejestorios. Pero nunca lo sabrán. Seguramente estarán yendo a alguna parte, apurados como siempre, disfrutando la realidad aumentada gracias a esos implantes corticales que están de moda.

Malditos rebeldes. Son todos iguales.

Sé de quién hablan, pero no puedo lamentarme. Mis colegas y yo estamos en tiempo de descuento. Usamos dispositivos obsoletos desde hace décadas para evitar los controles que El Consorcio realiza a través de Internet y los adaptamos a nuestro propósito.

Tengo ochenta años; soy una de las más jóvenes del grupo y la única mujer. Casi todos estamos enfermos de algo y trabajamos a contrarreloj. Fuimos testigos de la muerte del videocasette, del fin del CD, del surgimiento de Internet y del nacimiento y desaparición de los smartphones.

Este ya no es nuestro mundo.

Nos llaman criminales.

A pesar de todo, nos queda algo. Todavía tenemos nuestros monitores, nuestros teclados, nuestros mouses... y nuestros conocimientos, los que adquirimos hace ya tantos años, mucho antes de la Revolución y de la formación de El Consorcio. Antes de ayudar a crear la Resistencia, antes de que nos expulsaran de ella por obsoletos.

Desconocen lo que hay detrás de nuestros ojos.

Con todos estos vejestorios burlamos los controles, pero cuando nos conectemos a la Intranet seremos vulnerables. El Consorcio es astuto y tiene agentes en todos lados. Mis colegas y yo estamos preparados. El virus que desarrollamos está listo para descargarse en el servidor supremo de la sede central de El Consorcio e inutilizarlo. Sin control no habrá poder. La coordinación es crucial.

Por radio me van llegando las confirmaciones de a una; de la calle llega un alboroto de patrulleros y voces. Hago la cuenta regresiva en voz alta y presiono Enter. Escucho las voces de los agentes que suben las escaleras y llegan a mi puerta, pero es demasiado tarde.

No elegimos la fecha al azar.

Somos hackers de la vieja escuela.

Este es nuestro legado.

(386 palabras)

Bitácora de la capitana, fecha estelar [-27] 06280.00 (8/8/2017)

Nuevamente tengo el honor de anunciar que estoy entre los ganadores de este reto :D Me pone  muy contenta porque me esforcé mucho con este cuento y estoy particularmente orgullosa de él (tal vez sea por el pasaje nostálgico :P). Aunque todavía me gustaría hacerle algunos retoques D:

https://www.wattpad.com/448060580-retos-de-ciencia-ficci%C3%B3n-reto-8-resultados

Se lo dedico al Sr. Denise, gracias al cual conocí la película Hackers, que indirectamente me sirvió como inspiración.



¡Mamá, hay un agujero negro en el patio!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora