Febrero, 2016 (I)

860 150 22

Supe que me había despertado a la vez que Dorian, más por la sensación de haber sido expulsado del sueño que por intuición.

El sonido de la puerta de la habitación de mi compañero me confirmó que, efectivamente, no seguía durmiendo. Le oí dirigirse hacia el cuarto de baño, y el sonido de la puerta al cerrarse precedió al del correr del agua del lavabo.

Me sentía fatal por él. Llevaba ya un tiempo sospechando que mi capacidad de inmiscuirme en los sueños ajenos tenía algo que ver con mi empatía, y que en ese momento tuviera tantas ganas de llorar como sabía que tendría el mismo Dorian hacía que esa hipótesis cobrara fuerzas. Había algo en aquel sueño que me había dejado con el ánimo por los suelos, y no sabía si era por la sensación de ahogo o por la forma de actuar de Isabelle.

Me planteé salir a hablar con él. No quería que volviera a irse a dormir sin más, porque sabía que aquel sueño le había afectado bastante más que a mí. Dorian era un buen tío, no se merecía pasarlo tan mal por las noches.

Estuve dudando sobre si levantarme de la cama, salir de mi habitación y entretenerle con cualquier excusa durante un buen rato, hasta que finalmente le oí arrastrar los pies de vuelta a su dormitorio y supe que mi oportunidad había pasado. Encontrármelo en el pasillo "por casualidad" sería creíble, pero llamar a la puerta de su habitación sin motivo aparente era un gesto demasiado raro, incluso para mí.

Que hubiera estado indeciso sobre intentar reconfortarle o no había sido en parte culpa de Liesel, eso era algo que tenía bastante claro. O, más bien, de la mala experiencia que tuve con ella. No quería que volviera a pasar lo mismo. No podía arriesgarme a que Dorian descubriera lo que sabía hacer, por mucho que me apeteciera en ese momento mostrarme como alguien en quien podía confiar y ser un apoyo para él aunque nos conociéramos tan poco.


Celebramos una fiesta en el piso el siguiente fin de semana. O más bien, a Emily se le antojó invitar a nuestros amigos en común la noche del sábado, y yo tuve que acceder porque... bueno, porque era una idea estupenda, para qué mentir. Acababa de pasar San Valentín, casi todos habíamos terminado los exámenes y teníamos mucho alcohol y estrés que gastar. Aunque reconozco que al final se nos fue un poco de las manos.

Empezó, como digo, siendo una simple reunión de amigos: Emily, Thomas, Michael, Abby, Mia, Noah (que había venido expresamente para pasar el fin de semana) y yo. Para que aquello no quedara demasiado "en familia", les dimos vía libre por si querían invitar a alguien más.

Y lo hicieron. Vaya que si lo hicieron.

Abigail y Michael demostraron tener más contactos de lo que nadie esperaría de alguien tan discreto y desinteresado por todo como eran ellos. Creo que cuatro o cinco de los invitados extra que nos encontramos eran conocidos de los mellizos, lo cual era mucho si teníamos en cuenta que Thomas sólo había traído a su compañera de piso y que ni Noah ni Mia invitaron a nadie más.

Era raro ver a tanta gente en nuestro salón, sentados donde buenamente podían. Éramos casi quince personas y el piso no era lo que se dice especialmente grande, pero de alguna forma conseguimos acoplarnos más o menos bien. A los dueños nos tocó hacer de anfitriones, claro, y más que disfrutar de la fiesta nos pasamos la mayor parte del tiempo asegurándonos de que todos estaban bien servidos en cuanto a bebidas, de que la música estaba a un volumen aceptablemente alto y de que ningún mueble salía especialmente perjudicado.

Dorian se había atrincherado en su habitación. Él, que parecía odiar cualquier contacto innecesario con los demás, no iba a salir de su cueva porque hubiera un puñado de desconocidos en su casa.

Fui a buscarle. No creía que aquel aislamiento voluntario le hiciera ningún bien; mucho menos, después de lo que había visto en sus sueños. Le vendría bien pasar un rato acompañado y, aunque no conocía a los chicos que habían invitado los mellizos, me atrevía a poner la mano en el fuego por que todos los demás no le harían sentirse incómodo en ningún momento.

R. E. M.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora