La Línea Número 3

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 Bueno, hacía mucho que no subía nada, pero es que no tenía inspiración. Os dejo un pequeño relato erótico realizado para el blog Cuentos Íntimos, espero os guste, aunque no vaya acompañado con las imágenes que se tenían que elegir para incluirlas y describirlas en el texto:

Como cada jornada, sobre las nueve, Ámber regresaba a casa. Utilizaba la línea de metro número 3, cuya duración era de veinticinco minutos y que siempre pasaba por la estación a las nueve y diecisiete. Eso le daba tiempo a comprarse algo de comer en la tienda de la esquina, normalmente un croissant, que mordisqueaba con calma mientras paseaba hacia el andén. Aquella noche llevaba un libro bajo el brazo, una nueva lectura que empezaría en cuanto se diese una ducha, se pusiera el pijama y se metiera en la cama. Pensando en si estaría demasiado cansada para leer diez páginas o un capítulo entero, subió al metro, que siempre estaba lleno a esas horas, y buscó un lugar dónde sentarse; casi nunca había un asiento libre, pero no perdía nada por comprobarlo. 

De pronto, le vio entre la gente. Se sobresaltó cuando sus miradas se encontraron y bajó la vista al suelo. Él estaba allí, como cada noche, en el vagón de metro de las nueve y diecisiete de la línea número 3...

El pulso le atronaba aún y tuvo que obligarse a respirar, hacía un mes que lo veía entre la gente y todas las veces le sucedía lo mismo. Lo malo es que nunca terminaba de decidirse a decirle nada, trató de morir aplastada entre la gente y se hizo hueco entre esta sin darse cuenta qué el movimiento la había desplazado y estuvo apunto de darse contra la barra vertical. Alargó la mano para asirse cuando un nuevo traqueteo la zarandeó. <<No debería haberme puesto tacones>> pensó para sus adentros justo en el instante en que una mano se pegaba sobre la suya acercándosela a la barra donde se aferró deteniendo su caída.

Lo primero que sintió su espalda fue un torso fuerte y ancho, de marcados músculos potentes; tras eso su olor a te especiado.

Estaba encaja entre su cuerpo y la barra, y tragó temiendo volver la cabeza.

__¿Estas bien?

Aquella voz oscura y algo ronca lanzaron una vez más su pulso a la carrera. Su piel se erizo y sus caderas cimbrearon al notar, ante otra sacudida, aquel cuerpo masculino encarcelándola aún más.

Alzó los ojos hacía el ventanuco y entre la marea de cuerpos descubrió su imagen en la superficie llena de vaho. Las mejillas rojas, los mechones sueltos sobre el rostro y los pezones endurecidos bajo la camisa blanca...

Y todo por que era él el que estaba pegado a ella aprisionando su mano contra la fría barra.

__Sí, si... gra... gracias__tartamudeó sintiéndose estúpida al volver la cara tan deprisa, ahora pensaría que era una boba.

Se mordisqueó el labio nerviosa y vio gracias al cristal como él torcía la sonrisa de un modo seguro, arrogante y arrebatador acentuando ese suave hoyito que tenía en la barbilla. Sus ojos azules la recorrían con descaro y podía sentir la atrevida caricia de los mismos a lo largo de todo su cuerpo, lo sentía directamente sobre su piel, lento, suave e inexorable prendiendo fuego en sus venas de un modo hasta ahora desconocido. ¿Cómo podía tener aquel poder sobre ella?

Se sentó notando como empezaba a humedecerse y trato de respirar quedándose lo más quieta posible puesto que él no se había movido siquiera un milímetro. Levantó una vez más la mirada hacia la ventana descubriendo que él seguía mirándola con la misma intensidad depredadora.

Y Ámber empezó a imaginar como se sentiría con esas manos ascendiendo por sus muslos, amasando su trasero... jadeó sin poderlo evitar y se apretó más a la dichosa barra que ya no le resultaba tan fría y que se encajo entre sus pechos. Cerró los ojos completamente sorda, a causa de los latidos de su corazón y miró discretamente el panel del metro. Ni siquiera habían pasado cinco minutos.

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