Instantes

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Todo el mundo sabe que un hombre de treinta años exitoso y soltero debe ser o un playboy arrogante y presuntuoso, o tener un carácter de la fregada, o simplemente, gay. Estoy casi segura de que William Darcy tenía por lo menos dos de esas cualidades. El tipo era el completo opuesto del prometido de mi hermana Jane, y sin embargo, eran amigos inseparables. Realmente, podían ser hermanos o enemigos, a mi me daba igual. Lo único bueno que Darcy tenía era una casa espectacular, escenario que Charles y Jane habían escogido para llevar a cabo su boda.

Y era en estos momentos en los que me daba de topes por haber aceptado ayudar a planearla.

Tenía semanas planeando el evento, pero no podía seguir aplazando ir a su casa. Vivía a hora y media de la ciudad, Jane me había dibujado un mapa y yo la había buscado en Google maps, y realmente lo único que le había pedido a mi hermana era que el tipejo no estuviera en su casa. Y Jane me había asegurado que así sería.

Claro que al llegar a su casa había un coche estacionado al frente. Ese pequeño detalle fue en lo primero que me fijé.

Juntando las cejas, tomé mi celular y le marqué a mi querida hermana.Mientras el teléfono sonaba, mi mirada viró al resto de la casa. Por un momento me quedé sin aliento. Realmente era hermosa. Tenía unos tres pisos por lo menos, con varias filas de ventanas en cada uno. El estilo de la casa era antiguo, probablemente era una herencia familiar. Todo el edificio estaba en excelente estado, y por un momento me imaginé a varias mujeres con esos vestidos tan sencillos pero tan elegantes que se usaban en el siglo XIX.

—¿Lizzie?

—Hay un coche estacionado enfrente de la casa, —le dije sin rodeos.

—Bueno Lizzie, tampoco puedo controlar cuando Will está en casa o no. —Mordí mi labio inferior. Sabía que estaba actuando como una inmadura, pero William Darcy sacaba lo peor de mí—. ¿De verdad sigues enojada por lo que dijo hace meses?

—¡Ser organizadora de bodas es un trabajo! —contesté molesta mientras mi hermana se reía.

La primera vez que nos conocimos, el presuntuoso de Darcy comentó que planificar bodas era como estar de fiesta todos los días. Realmente no fue lo que dijo, sino como lo dijo. De manera burlona y sarcástica, como si el vivir planeando fiestas fuera una manera fácil de trabajar.

Obviamente no tenía ni idea de todo el trabajo que involucraba un evento. Además, no estudié cuatro años en la universidad para que un imbécil como él hiciera menos mi trabajo.

—No es bueno ser tan rencorosa, Lizzie. Y creeme que Will lamenta muchísimo esa primera impresión.

—¡Pues me importa un pepino si lo lamenta o no! —dije de malas.

Jane suspiró.

—Comportate como toda una Bennet, por favor.

Volteé los ojos y después exhalé. Mi madre era la persona más entrometida del mundo, pero si algo nos había inculcado era ser educadas. Bueno, a todas menos a Lydia. Ella era un caso aparte. Mamá la consentía como si fuera su bebé y a la fecha, la niñita de quince años no daba una en la vida.

—Pero que quede claro que me debes una, ¿ok?

—Si, si, si.

Colgamos y no pude evitar sonreír. De mis tres hermanas, Jane y yo eramos las más cercanas. Lydia, como mencioné, era un caso perdido. Su vida eran los likes en Facebook y los seguidores en Instagram, en fin, tenía caca en la cabeza. Kitty iba que volaba para allá, aunque era un poco más centrada a pesar de la poca diferencia de años entre ellas, y Mary siempre estaba metida en sus libros o en Wattpad. Había encontrado una plataforma en línea de escritores donde era feliz y pasaba conectada a su teléfono todo el día. En fin, supongo que al ser la mayor, era la más centrada, la emprendedora, la que luchaba por ir en contra de la corriente, y si, como dijo Jane, la rencorosa. Pero bueno, algún defecto debía tener. Eso y mis pompis planas, que era lo único que odiaba haber heredado de mi padre. Entre otras cosas, supongo, porque yo no era arrogante y egocéntrica como el dueño de la casa que estaba a punto de visitar.

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