—Señora, Lord Thornehill es un caballero, no debe preocuparse por mí.

—Oh, bueno. Yo no soy nadie para cuestionarlo, especialmente conociendo a mi sobrino. Pero... No todos serían tan considerados. Una señorita como tú...

—Todo está bien, tía Claire. Además, nadie más va a enterarse. Y el servicio es leal, no va a andar cuchicheado y chismoseando acerca de nada.

Emmeline lo detuvo cuando recordó algo.

—Y quizá, usted podría hacernos un pequeño favorcito también. —Se arriesgó—. Verá, Beth no sabe nada de esto...

La señora soltó una carcajada.

—Mi Elizabeth siempre le ha tenido terror a los caballos. Asumo que eso continúa igual que antes. No te preocupes, no oirá nada por mi parte. Pero tú y yo debemos tener una conversación en algún momento. Ahora, si me disculpan, iré a tomar una siesta.

Y sin más, se giró y caminó con paso elegante y seguro hacia las escaleras.

Emmeline y Joseph se miraron y rieron.

—Te compadezco. Nos compadezco a ambos —agregó él—. Tía Claire es un poco... particular. Y ha mencionado el encontrarte un esposo —apretó los labios, ya no tan divertido.

—Creo que utilizó la palabra pescar.

—Sí... Tía Claire siempre consigue lo que quiere. —Le advirtió—. Y es implacable.

Emmie torció el gesto. —Mamá estará encantada cuando le cuente de su visita entonces —murmuró—. ¿Por casualidad no tienes que ir a Thornehill House, Joseph? Quizá pueda acompañarte unos días...

—Yo cuidaré de ti, Emmeline —susurró dedicándole una sonrisa—. Lo he hecho hasta ahora ¿no? Aunque estos últimos días no me he comportado como debería, creo que lo hice bien antes de eso.

El humor de la joven mejoró considerablemente.

—A mí me gusta cómo has cuidado de mí, especialmente anoche y hoy. No te lo he agradecido —ronroneó—. Quizá... ¿Esta noche? ¿Puedo agradecerte esta noche, Joseph?

El lord se obligó a respirar y contenerse.

—Emmeline.

—Esta noche será —sentenció.

—Me estás tentando demasiado. Si no te conociera mejor, diría que ya has practicado esto antes —comentó.

Emmie arrugó los labios.

—¿Practicar qué?

—Seducir —pronunció.

¿Seducir?

—Yo no te estoy seduciendo —replicó ofendida—. Ni siquiera sé cómo se hace.

—¿Ah no? ¿Y qué estás haciendo conmigo entonces? —Preguntó divertido. Ella no sabía qué responder, ¿qué estaba haciendo exactamente? No se había detenido a pensar en eso. Abrió la boca y la volvió a cerrar—. Me está seduciendo, Lady Emmeline —declaró—. Y descaradamente, debo agregar.

—¿Descaradamente?

—Oh, sí —coincidió—. Pero creo que me gusta ser descaradamente seducido —agregó al ver la confusión marcada en el rostro de la chica—. Sí, me gusta bastante.

—¿Me aconseja que no me detenga entonces? —Cuestionó con una sonrisa coqueta.

—Mi deber, sería aconsejarte todo lo contrario. Pero mi deseo es otro... —Muy a su pesar—. No tengo fuerzas para decirte que te detengas, que no lo hagas mas —confesó tomándola por una mano para dejarla sobre su brazo y así, conducirla a la habitación. Elizabeth no tardaría en llegar y Emmeline tenía que estar lista para entonces.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!