Capítulo 16.

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—¿Ha llegado mi sobrino? —Una voz que el Marqués no tardó en reconocer llegó a ellos antes de que Maddie pudiera responderle su anterior pregunta—. Oh, ahí estás Joseph querido.

Emmeline miró interrogante a la criada que se encogió de hombros y suspiró antes de escabullirse.

—Tía —murmuró Joseph relajándose—. ¡Qué sorpresa! No te esperábamos...

La señora de curvas exuberantes llevaba un vestido verde manzana y un peinado demasiado llamativo cantando la última moda. Em se resistió a hacer una mueca. Si era honesta, era bastante gracioso.

—Tu hermana necesita alguien quien la cuide, cariño. Y entonces, me propuse venir y serles un poco de ayuda. Y estamos a mitad de temporada, por lo que también podría disfrutar un poco de este escandaloso Londres —sonrió y pasó una mano por la mejilla de su sobrino—. Te veo bien, Joseph.

—¿Por qué iba a ser diferente?

Ella levantó las cejas y no respondió, dejando a Emmie con las ganas de conocer la respuesta. Pero eso se fue de su mente cuando la extravagante señora reparó en ella.

—¿Qué tenemos por aquí? —Dio un paso hacia adelante y el Marqués tuvo que hacerse a un lado. Los ojos de la señora se pasearon desde la cabeza a los pies de Emmie, quien deseo poder esconderse, o por primera vez, quizá, quiso estar mejor vestida—. ¿Quién es esta hermosa criatura, Joseph? ¿Es que pensabas esconderla de mí?

—No, tía. —Se aclaró la garganta y tomó la mano de Emmeline para acercarla—. Es Lady Emmeline Laughton, Emmeline, ella es mi tía, Lady Claire Whitemore.

Emmie sonrió. Tenía un vago recuerdo de la señora. Intentó hacer una reverencia, pero el llevar pantalones se lo dificultaba bastante. Soltó una risita por su incompetencia momentánea.

—¡Oh, Lady Emmeline, por supuesto! Como has crecido, jamás te habría reconocido. No te he visto desde el funeral de tu padre, eras una pequeñita por ese entonces. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Once años —soltó cortante.

Sintió como Joseph apoyaba una mano en la parte baja de su espalda y lo miró. Era como... Si le estuviese dando ánimos y ella se lo agradeció en silencio.

La mujer asintió. —Ahora lo recuerdo, la Duquesa me dijo que Annabeth iba a emprender un viaje con su hijo por una temporada y Elizabeth había aceptado que te quedases con ella. Bueno, ahora tengo compañía asegurada cuando quiera salir. Será divertido, niña. Pescaremos un esposo para ti, ¿o es que ya tienes alguno en vista?

Los ojos de la chica se ampliaron.

—Tía, la estás incomodando. ¿No deberías descansar? Estoy seguro de que ha sido un viaje muy largo.

La señora frunció el entrecejo.

—Incomodarla no es mi intención. —Sacudió la mano restándole importancia—. Hablaremos de eso luego, podemos tomarnos una taza de té. Pero ahora dime, ¿por qué una dama como tú, está usando ropa de hombre? ¿Y donde han estado ustedes dos en la última hora que llevo esperando?

—Fuimos a cabalgar, milady. —Y enderezándose por completo para no parecer más avergonzada de lo que estaba, prosiguió—. Es más cómodo, para mí, y para mi montura si no llevo metros y metros de tela con la que enredarme. —Sonrió orgullosa.

—¿Se fueron solos? —Inquirió Lady Claire, incrédula—. ¿Estuvieron solos todas estas horas?

Emmeline la observó como si esa pregunta no tuviese sentido.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!