2. Soltura

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No era un amanecer muy agradable a la vista, estaba empezando el otoño y las hojas de los arboles caian por doquier, camino al hospital mi mente volaba junto con el viento que arrastraba las hojas por las calles, se llevaba aquella persona seca quien siempre fui y esto lo digo porque a partir de ese instante experimenté un cambio radical en mi alma, yo no podía negar lo que sentía y acepté vivir lo que tuviera que vivir, al final de todo, la vida es para acabarse, la idea es ser feliz mientras estemos, aquel que no lo hace, no será feliz en dejavús que pueda experimentar en su propia vida proxima. 

Llegando al hospital corrí a la habitación donde estaba internado Oliver, mientras lo veía por la ventana su madre se acercó a mí.

—¿Maia?
—¡Hola! Lamentó haber venido sin antes avisar ¡de verdad lo siento!
—No te preocupes, cuando despertó a media noche me pidió que te llamara, le dije que tú lo habías hecho primero y con una sonrisa se quedó dormido.

Seguí mirándolo por la ventana.

—¡Entra!— Tomó mi brazo y con un tranquilo gesto me abrió la puerta.

Tomé su mano y la besé al cerrar mis ojos mientras caían lágrimas por mi mejilla. Durante una hora pasé contemplando su rostro e imaginando que estaríamos en el parque comiendo algún helado y hablando de cosas que nos gustan.

No había logrado hablar con él, pues no había nada ni nadie que lo hiciera despertar, los doctores estaban dando pronosticos que a segun ellos la vida de él estaría pronta a acabar.

Sin embargo al tercer día de Oliver haber entrado al hospital despertó justo cuando me estaba quedando dormida con lágrimas en los ojos.

— ¡Esta no es la cita que esperaba!— Dijo suspirando haciendo todo esfuerzo por abrir sus ojos
Rápidamente levante la mirada— ¡Estas despierto!
— Ya dormí por mucho tiempo— Carcajeó
— Creí que no despertarías.
— Veras (...) tengo un compromiso con una chica— Dijo entre suspiro

>>>Se abre la puerta y entra su doctor<<<

— Veo que tienes una buena compañía... ¿Como te sientes?
Tomó mi mano— Mejor que nunca— Suspiró de nuevo
— ¡Ya veo!— Dirigió su mirada hacia mí— ¿Nos permites un momento?
— Claro— Besé su mejilla
— Espero verte pronto
— ¡Por supuesto—contesté mientras salía.

Hay algo que no podía hacerme dejar de pensar en él con cualquier cosa que hiciera, realmente no habiamos vivido ningún tipo de aventura y tampoco habíamos compartido el tiempo suficiente como para haberle tomado cariño. 

Eso mismo me llevó a pensar que hay dos tipos de afecto.

 El cariño conveniente, que es cuando te acostumbras a una persona y aprendes a quererle justo por el tiempo que han compartido y el real, que es el que sientes directamente hacia esa persona justo por su valor interno y por lo que es sin necesidad de tomarte el tiempo decidir quererle, pues la mayoría de seres decidimos a quien querer, la diferencia de estos casos es la pureza con la que quieres, en mi caso con Oliver mi corazón y mente actuaron de tal manera convirtiéndolo en mi centro, solamente fue algo qué pasó y ese tipo de personas son las que más felicidad te proyectan, pues nada se compara a la paz que sientes al estar con ellas.

Luego de aquel día  Oliver ya se había recuperado casi por completo y esta vez para nuestra cita ya antes planeada fui a su casa y lo lleve hasta el parque del centro, viendo toda clase de situaciones en el camino, desde una pareja amándose a besos hasta otros discutiendo como si se odiarán; una madre con su niño entre sus brazos y una mujer sola gritando el nombre de su hijo, vimos personas trabajando por las calles y alguno que otro vagabundo.
— Camino hacia acá, ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?— Preguntó Oliver
— La pareja que peleaba— Reí
— ¿Por qué crees que peleaban?
— ¿Cómo lo sabría yo? Ni siquiera los conozco— Murmuré
— Eso crees tú—Destapó una bebida que llevaba— ¿Viste los ojos de esa mujer, llenos de tristeza?
— Y lágrimas— Interrumpí su frase.
— Exacto— ¿Sabes por qué lloraba?
— ¿Cómo podría saberlo?
Miró mis ojos— ¡Piensa!

Febrero Veintinueve Donde viven las historias. Descúbrelo ahora