1. Dejavú

206 26 15


— Me declaro inocente ante toda culpa, me declaro solo una víctima de mis propias redes.


No suelo compartir mi vida con las personas, pues aunque no lo creas soy el ser más cerrado en su propia cabeza que puedas conocer.

Hay muchas cosas que debo mencionar y otras que te darás cuenta por sí misma. 

Cuando quiero algo, lo consigo, no me importan las consecuencias que se vengan, solo pongo a jugar ese encanto que me cataloga y a decir verdad debido a eso ahorita no tengo absolutamente nada más que los cuatro corazones rotos de los cuatro hombres con los que compartí desde mis cortos catorce hasta mis veintitantos años, pero no vayas a pensar mal, pues los cuatro son el mismo.

No te molestes en llamarme loca, pues esa no es la definición de una mujer que ha aprendido a ser feliz por su propia cuenta, sin importarle lo que tenga que enfrentar.

Tengo mucho que aprender aún, yo nunca moriré y este...

Es sólo un comienzo de la historia y esta, la primera seducción a la muerte de los muchos hombres que conocerás.

Iré directo al grano. Yo no voy en orden.

Sábado 29/02/1909

Cómo toda mujer saqué mi espejo para ver la apariencia de mi rostro, apreciándome cada segundo más y más, sorpresa esos ojos que captaron mi atención por medio del reflejo al más allá, un rostro perfecto, un cabello oscuro y unos ojos marrón con miel que penetraron profundamente mi alma me hicieron temblar.

Aída: — ¡Listo!
¡Doble sorpresa! Tras pasar el pasillo que nos distanciaba, verlo pasar en frente mío empujado por quién al parecer era su madre, en silla de ruedas. — ¡No estaba sentado! — Pensé inmediatamente.

En silencio y completamente anonadada caminé hasta el auto de mi madre Aída.

— ¿Qué te sucede?— Preguntó extrañada.

— ¡Nada!
— Eres mi hija, se cuándo algo te ocurre— Susurró.
— Es solo que vi un chico, casi perfecto— Respondí casi con tristeza y bajando la mirada.
— ¿Casi?
— ¡Sí! Él estaba en silla de ruedas. ¿Cómo es posible que una persona no pueda caminar, bailar y otras cosas?, al menos un hombre como él, es atractivo, cualquier mujer querría salir con él.
— Quizás, no pierdas la fe, ya llegará el indicado para ti— Dijo mientras me sonreía.

— No estoy buscando al indicado — Contesté como si mi madre fuera una enemiga.

Domingo 09/03/1909

Mi madre Aída quién era Sicóloga charlista debía dar para un grupo de niños con capacidades especiales un par de charlas acerca la superación y la ayuda personal en la cual me invitó a ser colaboradora repartiendo volantes con un pensamiento que llevaba plasmado: "Nada es más suave y al mismo tiempo tan fuerte como el agua, que fluye firme y lentamente, con la sabiduría de tener el mismo destino del hombre: seguir adelante". Palabras que me hicieron convencer las ganas por ir a ayudar.

bajando del auto y hacer lo que hacía siempre; sonreír a las demás personas fingiendo que me importaban o me agradaban, me asenté al lado de la entrada principal mientras veía al frente a un niño dando sus primero pasos siendo recibido con todo el amor de su madre entre sus brazos.

— ¿Necesitas una toalla?— Escuché mientras volteaba mi cara hacia la persona que hacía la pregunta y al mismo tiempo sentía un nudo en la garganta. Pues bajando un poco mi mirada lo vi a él, el mismo chico del que estaba hablando.

Febrero Veintinueve Donde viven las historias. Descúbrelo ahora