Capítulo I: Wolfgang

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Conseguir un taxi fue una completa odisea. Al parecer las personas de Mystery Spell preferían dar una buena andada de lugar en lugar, o en dado caso tomar un bus, en lugar de pagar el codicioso precio de un taxi. Ella lo comprendía perfectamente, pero en su situación actual en la que ni siquiera sabía en donde estaba parada, parecía más prudente abandonarse en manos de alguien que conociera a la perfección cada tramo de la ciudad.

Para Louisa, que muy poco recordaba de las calles en piedra y las casas estilo barroco, fue un verdadero placer dejarse llevar por la arquitectura de la ciudad. Tenían una plaza preciosa, y a pesar del tiempo triste y gris, las personas caminaban atareadas y alegres. Ella por su parte, se cerró la chaqueta de cuero sintético hasta el cuello y desvió la vista de la ventana hacia el conductor afroamericano que apenas le había dirigido la palabra.

—¿Perdone, pero es muy lejos? —Preguntó sonriendo apenas, y pestañeó al ver al hombre darle una mirada de soslayo por medio del espejo retrovisor.

—Vamos hacia la casa del alcalde, señorita, queda casi a las afueras.

Louisa luchó con su sorpresa mientras hundía la espalda en el cómodo asiento de gamuza de la parte trasera del taxi.

"¿Alcalde?". No tenía ni idea.

Mordiéndose el labio inferior, miró al hombre nuevamente. —¿Emmett Wolfgang, hace mucho que es el alcalde?

—Señorita, la familia Wolfgang siempre se ha encargado de cuidar de este pueblo con uñas y dientes.

Eso no sonaba muy democrático, pero, sobre todo, ¿Cómo es que su madre nunca le había contado al respecto? Se le escapó un pequeño mohín en los labios y pensó en silencio con amargura sobre en donde se había metido.

...No resultó un alivio —como habría deseado— el llegar a una mansión gigantesca a los límites del bosque. Toda pintada de blanca, se elevaba majestuosa entre jardines inmensos que, aunque no habían entrado todavía, a través de las rejas en blanco con un símbolo "W", se veían sin ningún problema. Un guardia que vigilaba calmadamente la entrada, salió de su puesto y se acercó al taxi. Louisa prudentemente y con algo de esfuerzo, bajó el vidrio de la ventana con la manija manual.

—Buenos días, señorita, ¿en qué puedo ayudarla? —Era un hombre algo regordete a pesar de ser un guardia de seguridad, y aunque hacía un frío más bien mortal, el traje azul de seguridad estaba algo mojado por el sudor en el área del pecho. Louisa sonrió levemente, al verlo secarse el sudor de la frente... Que fuera tan amable y de alguna forma feliz, transmitía cierta seguridad restándole importancia a su aspecto contradictorio.

—Buenos días, soy Louisa Millan, el Sr. Wolfgang me dijo que viniera...

Estuvo a un paso de buscar la carta abierta en su maleta, pero el guardia agitó ambas manos para llamar su atención.

—¡Por supuesto, señorita! La estábamos esperando —Exclamó alegremente, mientras se removía sujetándose la gorra —¡Enseguida le abro!

Louisa sonrió de nuevo ante la efusiva bienvenida, y cuando el hombre se encaminaba dispuesto a abrir la puerta de entrada de automóviles, un automóvil jaguar negro descapotable se aparcó del otro lado de la reja color blanco. Encendió un par de veces las luces para llamar la atención y el pobre guardia empalideció, mientras esta vez corría a abrir para dar paso al imponente auto.

Ella estaba boquiabierta, ni siquiera en Nueva York había visto tanto lujo junto.

El auto se movió lentamente para asegurarse que no rozaría contra el taxi, y el conductor soltó un silbido de apreciación.

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