Inter. I

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«Hoy por la mañana encontré a una chica llorando frente a mi espejo, desconsolada. Caminando, luego, frente al jardín perteneciente a una bella casa, vislumbré a una flor, de entre tantas, dejándose morir, mientras las demás buscaban alimentar su propio esplendor. Más tarde, me topé con la figura de un venerable anciano osando maltratar sus pulmones con la imperiosa necesidad de matar el tiempo con un cigarro.

No pude evitar que la analogía emergiera en mis cavilaciones...

Las cosas se deterioran, nuestros cuerpos y espíritus, en cambio, son como los de ellas. Frágiles, como flores, potenciales poseedores de belleza, como ellas. Sin embargo, siempre hay un pero... y es que existe un triste proceso por el que ellas transitan y que es replicable en nosotros.

También podemos marchitarnos»

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora