Sostenía la mano de mi madre y las lágrimas caían a borbotones por mis pómulos sin maquillaje.- Vamos mamá...- Susurraba en un intento de que despertara.

Una mano tocó mi hombro temblando.- Hol, tenemos que ir a comer, ven.- Decía la voz de mi padre en mi oído.

-No quiero comer, no me apetece. Me quedaré.

-Hace casi tres días que solo comes dos rebanadas de pan y diez cafés. Te obligo. Jer se quedará con Bárbara, no te preocupes más hazme el favor.- Aparte su mano de mi hombro y me levanté como pude alisando mis pantalones negros y colocando mi camisa de leñadora mientras me limpiaba con el dorso de las manos las marcadas ojeras rodeadas de lágrimas.

Salí de la habitación como pude y me agarré al brazo de mi padre.- No puedo más.- Le susurré al oído mientras respiraba forzadamente.

-Cuéntame, ¿cómo te va en Vogue? ¿Qué haces por allí?- Arqueé una ceja mientras recogía de la recepción privada el abrigo y el bolso.

-¿Enserio me estás preguntando por eso teniendo a mamá o Bárbara, como quieras llamarla, en coma? ¿Enserio?- Alcé la voz mientras la ira se apoderaba de mi cuerpo.

-¿QUIERES TRANQUILIZARTE HOLLY EVANS?- Alzó la voz agarrándome del brazo.- Se pondrá bien. Se pondrá bien.- Susurraba mientras se venía abajo.

-¿Sabes qué?- Gritaba sin quedarme atrás.- Que ya no me creo nada de ti. Mientras ella tenía problemas aquí, te decantaste por visitar a tu hija en perfecto estado. Y mientras tu hija estaba sosteniendo la mano de su casi muerta madre tú estabas en la jodida empresa día y noche. ¡YA NO ME CREO NADA DE TI, PETER! Ya no puedo más contigo...- De un golpe en seco aparté la mano de aquel hombre de mi brazo y caminaba sola y aturdida a la salida. Pero, como la estúpida Holly Evans era una patosa, defecto genético materno, y un cuerpo no identíficado, chocó contra el mío.- ¿Qué haces? Mira por donde andas, ¿quieres?.- Le bufé a una chica de edad media que venía muy arreglada para venir a un hospital.

-¿Hol?- Susurró quitándose las gafas.- Oh, cariño, soy Jules.- Me abrazó mi tía postiza, si puedo llamarla de alguna manera.- ¿Me recuerdas?

-Como para no, tía Jules...- Suspiré.- Tengo que salir de aquí, te veré luego.

-¡Arreglate! Llevas unas pintas... Que valgame el Señor...- Se iba desconcertada. No todo el mundo se pone un vestido con tacones y gafas de sol para venir a un hospital... Pero ella sí,no podía ir si sus conjuntos extravagantes y fuera de lugar. Ni para ver a su mejor amiga en coma.

Corrí a la cafetería más cercana  del hospital y me senté en una mesa con vistas a la calle, tecleé rápidamente el número de Leslie.- ¿Les?

-Oído cocina, ¿dónde andas?- Preguntó a la otra línea.

-En la cafetería de al lado del hospital.- Paré a un camarero de la que iba con una hamburguesa a la mesa que estaba a mi lado para preguntar por el nombre, al parecer era el Liam's.- Gracias.- Le respondí.- En el Liam's, corre hacía aquí. Pido ya la comida.

Tras una espera de veinte minutos podía ver al camarero llegar con dos hamburguesas y patatas, normal que nadie nos quiera comiendo esto.- Gracias, Tom.- Le sonreí mirnado el cartelito de su hombre. Y, sin esperar por Leslie empecé a comer. Pagué la comida y les informé de que llegaía otra chica a comer, sin más corrí a mi casa y me cambié de la ropa que llevaba puesta desde hacía dos días. 

***

-¡Ha entrado en parada!- Gritaban los médicos cuando estaba dejando mis pertenencias en recepción.  Corrí como alma que llevaba el diablo por el ahora, largo pasillo.- ¡Se nos va! - Gritaban los doctores. Las lágrimas se deslizaban por mil mejillas como una carrera de atletas de élite.

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