CUATRO

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| Jazmine |

Despierto. No con la alarma del reloj a mi lado, si no con el grito desesperado de mi madre que me deja casi sorda.

-¡Jazmine, te has quedado dormida! ¡Llegarás tarde y te suspenderán por tu irresponsabilidad!

Su chillido me hace fruncir el ceño y arrugar la nariz antes de darme cuenta de lo que me acaba de decir. Me levanto con tal rapidez y poco cuidado que mi cabeza vuelve a golpearse fuertemente contra el techo. Debería mover mi cama.

Apresúrate, niña. No soporto los gritos de esta mujer.

Yo tampoco lo hago, así que me pongo lo primero que encuentro en mi armario, me lavo los dientes y tomo una botella de agua de la cocina para el camino.

Salgo corriendo de mi casa y comienzo mi trote hacia la escuela, ya perdí el autobús.

Te dije que ese mensaje cambiaría tu vida, pequeña. 

Se burla la voz. Es cierto, anoche me quedé despierta a la espera de que el chico sin nombre y bastante pesado respondiera mi mensaje.

Me paro en seco. Olvidé revisar bajo la tabla antes de salir. Ya no puedo regresar o mamá va a ahorcarme hasta la muerte. Resoplo y continúo corriendo, tendré que hacerlo después de clases.

Al llegar a la escuela, entro a mi clase y me siento sola en el asiento más apartado que encontré. Al hacerlo, oigo a mi voz imaginaria.

¿Sabes? Él y tú son muy importantes.

Sí, por supuesto que lo sé. He venido escuchando eso desde hace más tiempo del que puedo contar y jamás he averiguado la razón.

A veces me pregunto por qué. Por qué soy así. Por qué oigo esa voz. Por qué ella insiste en que me comunique con el chico de la tabla. Por qué nunca me da información, pero siempre órdenes. Y luego surge el peor de los porqués.

¿Por qué sigo obedeciendo?

| Nate |

Hoy al despertar, lo primero que hago es revisar bajo la tabla.

Nada.

¿En serio? ¿Por qué no ha respondido? ¿Por qué me está ignorando? ¿Por qué llegaré a la escuela sin un mensaje del cual quejarme mentalmente durante toda la jornada? Y algo aún más extraño...

¿Por qué me siento decepcionado?

Me dirijo al pequeño cuarto de baño que hay frente a la puerta de mi habitación, cierro la puerta, apoyo mis manos sobre el lavabo y dirijo mi mirada al espejo. Un chico pálido, con ojeras oscuras y rizos azabache tapando su frente me observa de vuelta. Algo está definitivamente muy mal conmigo. ¿En qué momento se convirtió esta chica en mi mayor prioridad? No logro entenderlo. Abro la llave del agua y empapo totalmente mi rostro una y otra vez, hasta que me siento más despejado. Lanzo una última mirada al agotado rostro reflejado en el espejo y vuelvo a mi habitación.

No puedo resistir la tentación al ver la tabla otra vez y me acerco a levantarla, nuevamente me encuentro con un espacio vacío. De todas maneras era obvio, sé que ella no está aquí.

Lo sé porque me siento solo otra vez.

Los Mensajes de Ninguna Parte¡Lee esta historia GRATIS!