Capítulo 3

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Sus labios volvieron a besar los míos. Los dos queríamos llevar el control, pero de momento lo llevaba yo. Sus manos pasaron de estar sujetándome las rodillas, a estar acariciando la parte interior de mis muslos. Tiré de la manga de su camiseta para dejar ver su hombro y empecé a besarle el cuello, lo que provocó, que su pecho empezara a subir y bajar, cada vez más deprisa y sin querer, dejo escapar un par de gemidos.

-Cariño, estate tranquilo.- Me hacía gracia el descontrol que mostraba.- Ni siquiera hemos empezado.

-Espera a verme en acción.- Me guiño un ojo para seguirme la broma.

Nuestros besos cada vez eran más intensos, y nuestras respiraciones, cada vez más pesadas.

Sé, que si no estuviera borracha, esto no estaría pasando, pero tampoco me iba a arrepentir. Esto solo iba a ser una noche de diversión, y estaba segura, de que por su parte, también.

Bajé mis manos hasta juntarlas con las suyas, que estaban acariciando mis piernas, por una zona, ya muy peligrosa. Él quiso quitarme la camiseta pero yo se lo impedí.

-Espera, aquí pueden vernos.-  Estaba preocupada, no me apetecía que fueramos vistos en tal situacion.

-No nos van a ver, tranquila.

-Si lo harán.- Mi voz sonaba firme.

-¿Bueno y a dónde vamos?- Me miró impaciente por una respuesta.

- Al otro lado del estanque, detrás de la caseta, donde los encargaos del mantenimiento del parque, guardan las herramientas, allí no hay nadie.

-Vale, vamos.

Nos levantamos y él me cogió de la mano para tirar de mí hacia el lugar donde habíamos pactado ir. Atravesamos el puente y enseguida llegamos a la caseta.

-Ya está, aquí estaremos tranquilos- Después de decir eso, me volvió a besar.

Esta vez sí le deje quitarme la camiseta. Me tenía contra la pared de ladrillo, agarrándome la cintura y besándome el cuello.

-Creo que te toca a ti.- le susurre.

Se quedó mirándome un momento, pero enseguida comprendió a que me refería. Me sonrío y se quitó la camiseta. Puede ver la cantidad de tatuajes que tenía, le hacían todavía más irresistible de lo que ya era, me quede embobada mirándole, a lo que él empezó a reír.

-Túmbate en el suelo.- Volvieron los susurros en el oído.

Hice caso y me tumbe. Él no tardó mucho en estar encima mío, teniendo cuidado de no hacerme daño con su peso.

Su boca bajó desde mi mandíbula, hasta debajo de mi ombligo y sin parar de besar cada centímetro de piel que los separaban.

-Espera un momento.- Me levante un poco, para ponerme en la misma posición en la que estábamos antes de venir aquí.- Así mejor.

Sabía que él prefería seguir de la misma manera en la que estabamos, pero ya habrá tiempo, la noche es larga. Mis manos rodearon su cuello, para así, poder estar más cerca de él. Sus manos no paraban de recorrer mi cuerpo, y nuestros besos seguían. Bajé mi mano derecha por su pecho, hasta llegar al botón de sus pantalones para desabrocharlos. Antes de que me diese tiempo a hacerlo, él cogió mi mano, y la bajo unos centímetros más, para ponerla encima de su entrepierna.

-Mira como me tienes preciosa.- Me dijo entre beso y beso.

- Deberías controlarte más.- Le conteste con un tono burlón.

En respuesta, él solo río y siguió besándome.

Baje la cremallera de sus pantalones, y tiré de la goma de sus boxers.

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