capitulo 23

5.3K 264 3

{Narra Luhan}

-¿Qué pasa, hermano? Tienes un humor agobiante- se quejó Yixing mientras imprimía unas cuantas fotos en la Epson. 

Lo observé desde el sillón de cuero de nuestro estudio. No tenía ganas de discutir.
Negué con la cabeza y fruncí el ceño. Le di un sorbo a mi café. 

Habían pasado dos semanas desde la última vez que la había visto. Según mis amigos, ella continuaba yendo a Anacks y bailando para todo hombre que estuviera dispuesto a darle dinero.

Me moría de rabia de sólo pensar en cuantos tipos podían haber disfrutado de ella, pero ya no quería volver ahí.
No quería tener que ver como otros apreciaban lo que alguna vez creí que sería mío. Me lastimaba que ella hubiera preferido aquello por encima de mí, pero como me lo había advertido, era su pasión.

-Aun no han hablado, ¿verdad?- dijo Lay sin despegar la vista de la pantalla táctil.

-No- dije en voz monótona. 

-Luhan, ¿por qué no te relajas un poco? Has estado tantos meses deprimido por Min Ju, y ahora ella… no creí que fuera a gustarte tanto.

Apreté los labios.
-No puedo relajarme sabiendo que ella está bailando para otros hombres- dije secamente. –Han pasado dos semanas y ella no me ha devuelto las llamadas, ni contestado mis mensajes, quizá tenías razón. Ella es joven y…

-No me vengas con ese teatro ahora. Todos hemos visto como has logrado salir del antro con la stripper más deseada de Anacks. Sé que debería haberte dicho esto antes… -dijo desviando la mirada de la pantalla y observándome- pero ___________ no es alguien que haga las cosas porque sí. ¿No has pensado en ello? Ella baila en Anacks, porque es algo que teóricamente ama, en todo el tiempo que ha estado allí se ha comportado fría y distante luego de cada baile, ¿y qué has conseguido tú? Sólo fuiste y se quedó embelesada contigo, hermano.

Lo observé arqueando una ceja. No me creía nada de lo que decía.

-¿Y qué sucedió con eso de que es joven, talentosa y tiene mucho por vivir?- pregunté amargamente.

-Tú has cambiado toda su rutina. Personalmente creo que es normal que se haya sentido confundida y quiera dejarlo todo. Es decir, todos los tipos han sido iguales para ella, sucios, sedientos de sexo y toda esa mierda. Luego llegas tú con tus dramas de compromiso, y la conmueves. Entonces decide conocerte y se da cuenta que vales la pena. Sabes cómo son las mujeres, Luhan, cambian de opinión todo el tiempo. Yo creo que debe haber sido algo como… -afinó la voz y contuve una carcajada- “Oh, soy la fría y manipuladora Park. Ningún hombre nunca me cautivará como yo a ellos” – y luego cambió a su voz seductora. –“Oh por Dios, el tipo con cara de bebé, ¿por qué no me mira los senos como todo el resto? ¡Interesante!”.

No pude evitarlo y estallé en carcajadas. Me hacía bien reír luego de tanto drama. 

-¿Estás diciéndome que entonces ella está… abrumada?
El asintió.

-Absolutamente, creo que deberías ir a Anacks, tomarla por la cintura y… -hizo un gesto obsceno con las manos. Lo miré haciendo un mohín. No me gustaba que se refiriera a ella de esa forma, tan vulgarmente. –Bien bien, olvida lo que dije. Sólo ve con tu mejor carita de «vengo a reconquistarte» y le dices unas cuantas palabras dulces. Terminará por enamorarse de ti, y luego te la fo… -lo miré severamente. –Bien luego estarán juntos- concluyó fingiendo emoción.

Mi ánimo aumentó considerablemente. Lay lo hacía parecer todo tan fácil.
Pero le haría caso, y de hecho ya se estaba proyectando una loca idea en mi cabeza.
No me alejaría de ella y tampoco la dejaría alejarse de mí por estúpidas inseguridades. 
Todo era cuestión de tiempo.



{Narras tú}


Tomé un sorbo de café helado y observé a mi amiga parlotear con Sehun.
No dejaba de hablar de la cena que habían tenido la noche anterior, y de alguna manera me molestó.

Las cosas con Eun Ji iban de mal en peor. Luego de aquella estúpida pelea no hacía más que recordarme lo tonta que había sido. 
Es decir, lo sé, fui una idiota, pero tampoco es para que me lo esté recordando cada cinco minutos. Aun seguíamos siendo amigas, pero las cosas estaban demasiado tensas.

La cafetería se encontraba casi desierta. Y eso es raro en Seoul.
Había dos o tres personas además de nosotros pero estaban todos concentrados en el partido de fútbol americano en el televisor o simplemente con su laptop tecleando distraídamente.

Tomé mi celular esperanzada.
Nada de llamadas. 

¿Por qué esperaba que el volviera a mí de nuevo? Me había comportado como una perra sin sentimientos y ahora la que sufría era yo.

Su última llamada había sido la noche del viernes, a la que estúpidamente también ignoré.
Aquellos dos fines de semana me habían servido para darme cuenta de que lo había perdido completamente. No se había aparecido ni de casualidad en Anacks.

Suspiré. Ya ni recordaba cómo era mi vida hace menos de un mes, antes de conocerlo.
Tomé otro sorbo de café y alejé los pensamientos deprimentes.

-¿Cómo van los estudios, Sehun?- pregunté interrumpiendo el parleteo de Eun Ji. Y el castaño suspiró aliviado.

-Genial. Aun me queda un año, pero sé que es lo mío- sonrió él y luego me miró para que dijera algo antes de que Eun Ji retomara la conversación. 

-Oh eso es excelente- dije intentando no fruncir el ceño mientras ingeniaba algo para decir. -¿En qué te especializarás?

Bingo. Sehun sonrió aliviado y comenzó a hablar de su carrera mientras Eun Ji lo observaba embobada y yo asentía de vez en cuando.
No tenía cabeza para pensar en otra cosa que no fuera él. ¿Por qué me dolía tanto? ¿Por qué había sido tan ingenua para meterme en esto? Sehun continuaba hablando, pero yo sólo veía como sus labios se movían, me encontraba eventualmente sin sentidos.
Mi mente sólo proyectaba todo lo que había pasado con Luhan, pese al poco tiempo que llevábamos conociéndonos, el tipo había calado profundo en mi ser. Y lo sé, suena tan cursi pero es cierto.
Una vez cuando tenía quince años, me quedé viendo películas hasta tarde. Todas terminaban en finales felices, es decir, sí, los protagonistas pasaban por muchas cosas, pero al final siempre estaban juntos. ¿Dónde está mi final feliz?
Estas semanas me habían servido para arrepentirme de unas cuantas cosas, pero no de él. No de Luhan.
Suena a cliché, pero él fue diferente a lo que pensé. Incluso mucho mejor.
Sé que mi orgullo y el miedo al rechazo me prohibirían llamar a su móvil o ir a buscarlo, pero deseaba tanto sólo por un momento, volver a sentirme tan plena, satisfecha y estúpidamente feliz como me sentía con él cada segundo que estábamos juntos.

***
Bien. Vamos, aguanta. Has faltado una semana entera a clases, no te pongas depresiva.
Ahí vamos.


-Señorita Park, debo hablar con usted después de clases- me avisó la directora antes de entrar a mi primera clase.

Entorné los ojos y apreté los labios.
“Señorita Park” la burlé en mi interior con voz chillona.
Nunca me llama así, siempre por mi nombre, incluso apodos.
Debe estar enfadada.
Al diablo.


La clase fue monótonamente aburrida. Al menos la primera media hora.
Se escucharon dos golpes sordos en la puerta, y el apuesto rostro de Kris se asomó.

-¿Qué tal, Kris?- dijo el profesor amigablemente invitándolo a pasar. Se notaba a millas la falsedad del tipo. 

-Genial, profesor Choi. Sólo vengo por una alumna.
El profesor lo miró curioso. Crucé los dedos.

-¿Quién?
«No yo, no yo por favor.»

-__________ Park- dijo Kris satisfecho al ver mi expresión de fastidio. El señor Choi arqueó una ceja pero aun así no acotó nada al respecto.

-Vaya, señorita Park.

¿Qué diablos tienen todos hoy? ¿Señorita Park esto, señorita Park aquello?
Diablos, púdranse

Tomé mi bolso y fulminé con la mirada a los ojos curiosos que me observaban.


-¿Estás de malhumor?- preguntó Kris una vez que salí de la clase.
¿La siguiente pregunta, genio?

El bufó.
-Bien, al menos te he salvado de una clase, ¿no crees?

-Vengo a ésta academia porque quiero, no porque me obliguen- aclaré amargamente y caminé a mi locker.
Sentí sus pasos a mis espaldas.

-¿Por eso faltaste toda la semana anterior?

-Qué atento- dije sarcásticamente y luego me arrepentí. Sabía que no debía enfadarme con él, pero lamentablemente en mi caso, cuando estoy de mal humor, todos tienen la culpa de todo. –No me sentía muy bien- dije algo más amable.

-¿Fue por Luhan?- dijo Kris yendo directamente al grano y exterminando cualquier rastro de educación en mi voz.

-Sí fue por él.
Soné brusca, molesta y herida.
Pero sé que no debería sentirme así, no debería hacerlo porque yo busqué todo esto.

-No tienes que andar sufriendo por él, ____________. Él estaba junto a otra mujer la noche de la cena.

Apreté los dientes. Y el bastardo debía recordármelo.
Puta rubiecita perfecta. Ya casi la había olvidado.

-Sí, igual que tú cuando Luhan me arrastró hasta afuera de Anacks. No me digas que te fuiste sin antes haberte tirado a aquella prostituta.

El sonrió de lado. Algo sexy, pero no se comparaba a Luhan.
«Diablos, jamás voy a superar esto.»


-Yo no soy como él, ___________. No te prometería nada si no fuera a cumplirlo. ¿Por qué no lo consideras? Tú y yo. Cero compromisos. El otro día la pasamos bastante bien, ¿no crees?

Negué con la cabeza casi automáticamente.
-Primero- dije enfatizando:- Estar ebrios no es pasarla bien. Segundo, no me interesa.

-¿Segura? No soy un mal tipo, y conste que te lo estoy avisando- dijo él divertido. Me sonrió cálidamente y no pude evitar arquear una ceja.
¿Esta es tu técnica de seducción? 
Novato.

El acarició mi mejilla y desvié la mirada.
Sólo para encontrarme un par de ojos viéndome.
Mierda, mierda, mierda.

Luhan estaba en la puerta de la oficina de la directora.
Frunció el ceño y desvío la mirada.

Sin pensarlo y con el corazón desbocado me aparté de Kris bruscamente.
Caminé hacia él contando hasta mil para fulminar las ganas de matarme allí mismo.
Cuando llegué a su lado él volvió a mirarme. Luego sonrió cálidamente pero aquello no llegó a sus ojos.

-De mí te despides con una insensible nota y con él te la pasas aquí- dijo él sin cambiar el matiz de su voz. Tan naturalmente que me dolió. ¿Entonces de verdad lo había arruinado? Él no sufría por mí como yo por él. 

-Luhan, esa nota… 
El me interrumpió.

-___________- dijo cortándome en seco. –Está bien.
Luego la puerta de la oficina se abrió y él entro dejándome a solas.

Kris me observaba a unos cuantos metros. El timbre del receso sonó y el pasillo se pobló de gente. Ajusté mi morral a mi hombro y caminé hasta la cafetería.

Odio ésta basura de romance.
Lo odio, me odio. Odio todo.

-¡________!- me llamó Kris y escuché sus pasos nuevamente detrás de mí.
Puse los ojos en blanco y di media vuelta.

-¿Qué?

-Recuerda que mi tía quiere hablar contigo.
Bufé y comencé a caminar de nuevo hacia la oficina de la directora.

Me apoyé contra el panel de madera que había en la pared al lado de la puerta. Tenía ganas de arrancarme todo el cabello y comérmelo. 
Estaba tan frustrada, y peor aún, dolorida.
No había que ser muy observador para darse cuenta de que ya no me miraba de la misma forma. Sentí que algo se había roto. Sí, además de mí corazón, obviamente.

Luego de cinco minutos la puerta volvió a abrirse y Luhan salió de allí acomodándose el cabello.
«Oh, cómo adoro cuando haces eso.»

Me dirigió una mirada breve y volvió a sonreír. 
No le devolví la sonrisa porque no quería lucir tan falsa.

Sin dirigirme ni una palabra, caminó a través del corredor hacia la salida. Con aquellos perfectos hombros, y esa espalda tan…

-__________ Park- escuché a mi lado. Volteé el rostro para encontrarme con la exuberante directora. Me observaba expectante, alzando una ceja en dirección a mi mirada. – ¿Conoce usted al señor Xiao?

Me aclaré la garganta y desvié la mirada sintiendo el rubor llegar a mis mejillas.
-No- mentí. – ¿Podría decirme de qué necesita hablar tan urgentemente?

La mujer suspiró con paciencia y me hizo una seña para que entrara.
Con pasos flojos, me adentré en su elegante oficina, y sin esperarla, me senté frente a su escritorio. 
Ella lo notó e hizo un gesto de desaprobación.

-He solicitado hablar con usted debido a su notable inasistencia la semana anterior- dijo yendo directo al grano y colocándose sus gafas.
Abrió el cajón de su escritorio y tomó un expediente. El mío al parecer.

-No me sentía bien- me excusé vagamente.

-¿Ha ido al médico?
«Sí le dices que sí, va a pedirte un certificado de salud médico.»

Negué con la cabeza.
La mujer me observó por encima de sus gafas y con una fina y larga uña color púrpura, pasó de página en página por la carpetilla negra.

-Usted asiste a ésta academia hace más de cinco años.
Asentí quedadamente. Quería largarme de allí.

-Sí.

-Tiene un record de asistencia perfecta, señorita Park- dijo observando las hojas, luego se detuvo- tenía- se corrigió.

-He dicho que no me sentía bien.
La mujer entrelazó sus dedos por encima de la mesa y me observó autoritaria.

-Esto no es como un instituto. Usted con todo el derecho del mundo puede faltar a mis clases, es usted quién pierde el dinero. 
Sólo voy a decirle una cosa. Nadie de un promedio tan alto como el suyo se ausenta una semana con explicaciones tan poco elaboradas. “No me sentía bien” no es una excusa si no trae un certificado médico- entrecerró los ojos y me miró fijamente. Luego de años he aprendido que esa es su técnica para intimidar. Bien, pues conmigo no funciona. –Centenares de importantes artistas han salido de éste lugar, y usted podría llegar a serlo también.
No deje que situaciones personales afecten el talento que tiene.

Suspiré. Así que… «Situaciones personales.»
¿Quién fue el idiota que le dijo? Ni siquiera tuve que deducirlo.

-Está bien- respondí y moví los dedos nerviosamente.

-Recuerde que se acerca una nueva exposición. Espero se esfuerce en sus trabajos y no nos haga quedar mal.

-Bien. ¿Puedo retirarme?
Soné tan despreocupada que pareció que no le había prestado atención en nada de lo que había dicho. Su expresión fulminante me provocó una carcajada. Arqueó una ceja y tosí disimuladamente.

-Sí, puede retirarse.


Oh vamos,… quiero decir, me gusta pintar, pero éste no es mi sueño. Sólo es un pasatiempo. Ni siquiera soy tan buena en ello. Ésta señora sigue igual de demente que hace cinco años atrás.

Como siempre, con mi morral al hombro, me dirigí finalmente a la cafetería.


(…)
Semanas después…

“Luhan me observó y sentí mi alrededor desvanecerse una vez más.
Oh, él lucía tan exquisito en aquel fino esmoquin negro. Era la viva imagen de la perfección.

No lo resistí y me acerqué corriendo a él. Ni siquiera recordaba en qué momento había entrado a aquel restaurante. Él me sonrió como solía hacer cada vez que me veía.
Sonreí también y me abalancé sobre él, abrazándolo.
Sentí sus brazos fríamente sobre mis hombros.
Me apartó.

Lo observé confundida pero él no me miraba a mí. 
Seguí su mirada y me encontré con una radiante Min Ju en un imponente vestido blanco.
Caminaba hacia él, sonriente.
Lucía como una muñequita castaña de porcelana.
De repente, empecé a vislumbrar gente a su alrededor.

¿No estábamos en un restaurante? Aquello ahora parecía una capilla.
Me hice a un lado cuando ella se acercó. Observó a Luhan y él le sonrió cálidamente.
Tomó su mano y entrelazó sus dedos.
Me resultaba doloroso presenciar la escena.

“¿Entonces no signifiqué nada para ti?” grité enojada sin importarme que todo el mundo estuviera viéndome. “¡Me has mentido!”
Sin embargo, todos se quedaron en silencio, como si yo no estuviera ahí.
Luhan volteó brevemente a mirarme, y sonrió nuevamente. 
Eso era todo.”

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!