Domingo por la mañana. Raramente, Harry se quedó conmigo y desayunamos. Cuando mencioné que hoy debía mudarme se ofreció amablemente a acompañarme. Me negué unas 10 veces, a este hombre no le entran en la cabeza las negativas. Finalmente, puse como condición que si quiere ir conmigo a algún lugar, tendrá que ser solo hasta casa de Mark. En realidad ni siquiera es suya, fue nuestra. Pero no pienso discutir sobre ello, mi historia con Mark está completamente terminada en cuanto a lo sentimental se refiere.

Intento convencerme de que si sigo viendo a Harry es por una causa noble, que la razón por la que me acuesto con él es por sonsacarle información sobre Britts, y sobre Clarisse. Literalmente, le pongo el cuerpo al trabajo. Muy irónica Debbie Miller.

Sobre las dos de la tarde nos dirigimos a casa de Mark, ruego a Harry que se quede en el auto, lo que sigue va a ser un poco incómodo, para mi, para Mark y para él. Una vez en la puerta toco el timbre, y como si me estuviese esperando, Mark la abre al segundo.

-Deb, ¿qué haces aquí? –pregunta mirándome sorprendido.

-Ni siquiera lo pienses Mark, vengo por mis cosas. Sara me dijo que estuvo aquí y las dejo en la biblioteca. ¿Siguen allí?

Gracias a Dios, Sara se ofreció a empacar mis pertenencias. Técnicamente no son tantas, no puedo llevarme los muebles, tampoco lo haría.

-Sí, están allí. ¿Te ayudo a sacarlas?

-No, yo lo haré –comenta Harry entrando a la que fue nuestra casa. No puedo más que mirarlo de mala manera, se lo advertí, le dije que se comportara y se quedara en su sitio. Mark lo mira, y mientras lo hace sé que lo está matando mentalmente. –Bien chicos, ¿Dónde están las cosas?

Suspiro profundamente y camino a través de la sala esperando que Harry siga mis pasos. Y lo hace, cruza por mi costado mientras sonríe abiertamente. Lo está disfrutando. Lo que no entiendo es ¿Qué diablos disfruta? No creería si me dijeran que en verdad Mark y Harry se odian. Trabajan para la misma mierda, no podría ser cierto.

Cuando le recuerdo a Harry que me deje en el hotel, así puedo tomar mi coche y dirigirme a mi nuevo hogar se niega rotundamente, también niega haber prometido ir solo hasta lo de Mark y luego irse. Es un maldito tramposo y yo comienzo a enojarme.

-Harry, ¡por Dios! Prometiste solo llevarme hasta lo de Mark. Ya estamos de vuelta, solo déjame ir sola. Necesito privacidad.

-No necesitas tener privacidad conmigo Debbie. Quiero saber todo sobre ti, quiero estar siempre que me necesites, aquí, contigo.

Eso fue tierno, pero no.

-No empieces con esa mierda, sabes todo sobre mi Harry. Sé que lo sabes. –digo sin poder contener la ira. Hable de más otra vez. Harry está mirándome acusatoriamente. -¿Qué?

-Nada Deb. No te dejaré ir sola. Quiero conocer dónde vas a vivir.

Se está comportando casi posesivamente y eso me asusta un poco. Jamás nadie tuvo tanta determinación en cuanto a mi. Por otro lado, no entiendo porque hace esto, lo nuestro ni siquiera es en serio y ambos lo sabemos. Ambos sabemos que trabajamos en la competencia. Al menos que pese a todo Harry esté yendo en serio con todo esto, pero eso es imposible. Me pego mentalmente, una persona como él no tiene verdaderos sentimientos. “Es letal Deb, mataría a cualquiera que se cruce en su camino”, mi cabeza repite las palabras de Eddie. No, Harry no siente nada real por mi. Me decepciono mentalmente mientras me hundo en mi miseria.

-No hace falta que lo conozcas Harry. No te haré desperdiciar tu tiempo acompañándome. –digo casi sollozando mientras me bajo de su coche.

Camino hacia mi habitación, busco las pocas cosas que me quedan aquí, y mientras devuelvo la llave espero que Harry haya cargado mis pertenencias en mi coche y se haya ido. Cuando salgo suspiro profundamente tantas veces que casi me desmayo. Harry está de pie junto a su auto con muy pocas ganas de moverse. No se irá.

-Bien cabezota, terminarás haciendo lo que tantos quieres. Esta es la dirección –digo mientras le paso la dirección escrita por Sara en un pedazo de papel.

-Siempre termino haciendo lo que quiero Debbie, que esto no te sorprenda. –dice riéndose mientras sube al coche. Lo odio.

-Vete a la mierda.

-¡Miller!

-¿Qué? Soy una persona adulta Harry, puedo decir las barbaridades que quiera. Mierda.

Comienza a reírse de una forma infantil que me produce una ternura ilegal. Me giro y lo miro observando detalladamente cada rasgo de su bello rostro. Entonces no aguanto la pregunta que ronda en mi cabeza y la lanzo.

-¿Por qué estás conmigo Harry?

La risa se termina y el ambiente se tensa. Harry no aparta la mirada de la calle, solo por momentos para mirarme fugazmente buscando alguna respuesta menos dolorosa para la pregunta. No querrá contestarme “porque tengo que matarte”. Sigue sin contestar y yo comienzo a moverme incómoda en mi asiento, me arrepiento de haber hecho la pregunta, y comienzo a buscar en mi cabeza algún tema menos doloroso para mi del cual hablar. Cuando creo encontrar el adecuado, él habla.

-¿Por qué no estaría contigo? Eres genial Debbie. Eres divertida, talentosa, tierna, malhumorada y hermosa, espléndidamente hermosa. –termina mirándome mientras dobla la esquina y comienza a estacionar, por lo que me doy cuenta de que llegamos a nuestro destino. No digo nada, bajo en silencio y me dirijo al hacia la parte de atrás del coche para ayudarlo con mis cosas.

No creo que pueda aguantar compartir mucho tiempo más con Harry. Aunque sepa perfectamente que querrá asesinarme en cualquier momento, no puedo no enamorarme de la persona que es cuando está conmigo. Y me pateo mentalmente por ello. Mierda. Que estúpida.

Subimos a mi nuevo departamento, es un loft moderno y muy iluminado. Se encuentra en el tercer piso y es hermoso. Aplaudo a la distancia a Sara, que fue quien lo eligió. La expensa está completa, tengo comida como para tres meses. Una vez más, felicito a Sara.

Harry se encuentra recostado en el sofá color café haciendo zapping en mi nuevo televisor. Lo observo desde la cocina y no puedo evitar, una vez más, sentirme sola estando acompañada. Realmente, no le gusto por lo que soy. Realmente, no le gusto. Intento no ponerme estúpidamente sensible, respiro profundamente un par de veces y me encamino hacia la sala. Llevo bajo el brazo un vino y dos copas en las manos. Harry me mira reprendiéndome, pero si él no quiere beber, muy bien, lo haré sola.

-¿Te sirvo?

-No Deb, mañana tenemos que trabajar.

-Bien. Beberé sola entonces.

-Tú tampoco deberías beber, el alcohol no te sienta bien. Recuerdo haberte dicho que…

-No me importa lo que  digas Harry, soy lo suficientemente mayor para saber lo que me hace mal y lo que no, y créeme, siempre termino probando lo que me hace mal –termino diciendo mientras lo miro con una de las copas en mi mano.

Se encuentra mirándome fijamente y puedo ver desconcierto en su mirada. ¿No entendió porque lo dije? ¿Es en serio?

-Bien Debbie, haz lo que te plazca.

-Así será. Siempre es así, así que no te sorprendas esta vez –digo sonriéndole mientras repito sus palabras.

-¿Puedo saber qué te pasa? Estás enojada, me gustaría saber que hice.

-Entrar sin que te llamen a lo de Erik, fue una de las tantas cosas.

-¿De las tantas cosas? Dime que mierda te ocurre Debbie, no seguiré soportando tus estupideces.

-¡Tienes razón, no lo hagas Harry, no me soportes. Pero vete, ahora! –grito sin poder contenerme un segundo más.

Está mirándome con los ojos muy abiertos, sin entender realmente. Y mis ojos están comenzando a arder. Se acerca hasta mi, arranca la copa de mi mano y me mira fijamente, intentando encontrar la razón de mi enojo en mi mirada.

-No llores Deb, por favor, no llores.

-No lloraré, y si lo hago, no será por ti. Espero que lo tengas claro.

-¿Por qué lloras entonces?

-No estoy llorando –digo ridículamente sorbiendo mis desechos nasales.

No dice nada más, solo me abraza. Me acurruco en sus brazos y lloro. Estoy comportándome como una estúpida, pero tengo motivos de sobra para hacerlo. 

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