capitulo 20

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-Recuerden que la próxima exposición será en un mes, y estarán grandes artistas visitándonos. Es importante que den una buena impresión- dijo la directora con una mirada exigente pero con una sonrisita discreta. –Para los que toman esto como la oportunidad de un gran futuro, pues… en un mes se les abrirán las puertas al éxito o al fracaso. Ustedes deben elegir qué camino seguir.

Todo el mundo asintió nerviosamente y la mayoría aplaudió. La directora nos entregó una sonrisa fríamente profesional y se alejó del escenario taconeando suavemente.
Luego de terminar con todas mis clases de la mañana, tomé mi bolso del casillero de fina madera barnizada y me miré al pequeño espejo que había en su interior.
«Tranquila, tranquila, tranquila…» esa fue la advertencia que me hice una fracción de segundo antes de que mi sistema nervioso colapsara.
¡Es un maldito almuerzo! ¡Tampoco es como si fueras a casarte con él!
Sentía el pulso a mil y me temblaban un poco las manos. 

Me acomodé un poco el cabello y alisé mi blusa con la mano. Un poquito de perfume y algo de rímel. Bueno… al menos estoy presentable.

Guardé las cosas en mi bolso y caminé a lo largo del pasillo entre los estudiantes. Mi reloj marcaba que era una menos diez.
Una voz a mi espalda me detuvo.

-¿_____________?- preguntó una voz casual y poco familiar. Me di media vuelta y me encontré con un par de ojos castaños observándome. 
Oh no… es el chico de la despedida de solteros. ¿Cómo era su nombre? ¿Kus? ¿Kron? ¿Kris? Ah sí, Kris. El amigo de Luhan. Diablos.

-¿Estudias aquí?- dijo curioso, acercándose. Me dio un beso en la mejilla como saludo y yo sólo sonreí en respuesta. –Es una sorpresa.
Asentí. 

-¿Y tú qué haces aquí?

-Mi tía es la directora de la academia.
Oh mierda de las mierdas, ¿qué he hecho para tener tanta mala suerte?

Tragué saliva disimuladamente.
-Oh- sólo dije e incómodamente observé hacia otro lado.

-Tranquila- dijo él con una sonrisita. –No le diré nada.
Me guiñó un ojo y aunque eso no me alivió, al menos me sentí un poquito más tranquila.

-Gracias Kris.

-¿Sabes mi nombre?- dijo sorprendido e inevitablemente arqueé una ceja, sarcástica. Él soltó una risita- Supongo que te lo dijo alguno de los chicos allí.

Me encogí de hombros restándole importancia.
La situación me parecía de lo más incómodo. ¿Era éste el mismo tipo que había intentado llevarme a la cama hace unas noches atrás? Tan cordial y agradable, vaya…

-¿Te gustaría que fuéramos a almorzar?

-Oh… -¡di algo más, inútil!- Lo siento, ya tengo planes. Pero quizá en otra ocasión- dije con una sonrisa poco convincente, él asintió y me la devolvió.

-Entonces te veré en la semana, me pasaré un buen rato aquí. 
Asentí y me despedí con la mano.

-Genial… uhmm, nos vemos.

-Adiós- se despidió él también y reanudo su caminata por el pasillo hasta la oficina de la directora.

¿Cuándo me ha costado tanto deshacerme de una persona? Dios santo.

Observé mi reloj. 13:04pm. 
Ya voy atrasada.

Caminé ahora sí, con decisión, hasta la salida.
Con los nervios a flor de piel y el corazón desbocado observé al hermoso hombre apoyado contra su auto, esperándome.


Llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros. El cabello alborotado y unas gafas negras, Ray-Ban supuse por el familiar modelo.
Me acerqué a él sintiendo aquel usual rubor apoderarse de mi rostro. 

-Estás encantadora- dijo él cuando estuve a medio metro. – ¿Lista? 
Asentí con una sonrisa, él besó mi mejilla con brevedad inesperada y me abrió la puerta del asiento copiloto.

En un segundo, estuvimos dentro del auto y puso el motor en marcha.

-¿Ésta todo bien?- pregunté algo extrañada. 

-Sí, ¿por qué?- dijo genuinamente sorprendido.

-Estás algo… 
Él me observó y aquella mirada intensamente miel me hiso perder el hilo de las palabras.

-¿Sí?

-¿Qué?- pregunté estúpidamente intentando recordar que iba diciendo.

-¿Estoy algo…?- dijo con una risita.

-Distante… y ya es pasado el mediodía así que no me digas que es tu humor de las mañanas.

El me miró divertido y luego tomó mi mano.
Oh Jesús, ese gesto tan suyo. Suave, dulce y sencillo.

-Lo lamento. No quería incomodarte con un beso fogoso frente a tus compañeros de clase- dijo él y me mordí el labio.
Sí claro, incomodarme…

-Oh… bien, ¿qué tal te ha ido la mañana?- pregunté cambiando de tema con poca sutileza.

-He estado organizando álbumes de fotos y entregas que tendré ésta semana. Aburrido. ¿Y tú?

-No más aburrido de lo habitual- comenté. –Hasta ahora, por supuesto- agregué divertida y él soltó una carcajada. – ¿Tienes algún plan?

Oh lo sé, eso sonó tan perversamente capcioso. Dios, te ruego que haya entendido el doble sentido.

Él asintió y por su expresión supe descifrar que si había entendido a que me refería.

-¿Quieres que cocine para ti o que vayamos a un restaurant?- preguntó con una sonrisa.
Lo miré impresionada.

-¿Sabes cocinar?- él asintió. –Entonces sorpréndeme.


***

Cerré los ojos ante la repentina, placentera y ahora, familiar sensación.
Él se quedó observándome, sin decir nada, sólo devorándome con los ojos y llevándome lejos, demasiado lejos junto con él.
Era tan..., mierda, tan increíble.
De repente, con una risita breve y jodidamente sensual, comenzó a moverse.
Oh Dios, creí estar viendo las estrellas cuando me tomó las muñecas por encima de la cabeza y se hundió por milésima vez en mí. 

-Diablos, __________- gruñó en mi oído y su aliento caliente me erizó la piel. –Pon tus piernas en mi cadera- ordenó y eso fue aun más excitante.
Su voz… demonios.
Sin dudar ni un segundo hice lo que me pidió entonces por un terrible y agobiante segundo lo sentí fuera de mí, sólo para ser recompensada por una larga y profunda estocada.
Lloriqueé de placer contra su hombro.

-Suelta mis manos- murmuré mientras él se movía y se movía. Me observó un instante quedándose quieto y luego me liberó las muñecas.
Toqué su rostro y lo atraje hacia mí, deseosa de saborear esa dulce boca.
Lo tomé del cabello y mientras él se ocupaba de mis zonas bajas, yo me encargaba de perderme en sus labios.

De un momento a otro, él rodó para estar debajo de mí en el sofá. Se sentó y quedé a horcajadas. 
Sentí todo mi interior, cada maldita defensa y mi sentido racional irse al diablo cuando me observó, tan cruda, ardiente y dolorosamente. 
-Muévete- dijo en voz baja mirando mis labios y volví a obedecer.

La exquisita sensación se extendió por cada terminación nerviosa de mi cuerpo, y él cerró los ojos mientras con sus manos en mi cadera, marcaba el ritmo… lento, profundo y acompasado.
Enterré mi rostro en su hombro, besando y mordiendo esa deliciosa piel.

-Vamos cariño- dijo en voz baja y caliente. –Vente para mí.

Oh diablos, y ya no pude contenerlo más.
Con un largo y profundo gemido llegó mi orgasmo y convulsioné en todos los sentidos sobre él.
Luhan continuó apresurando sus estocadas, buscando su liberación.
Unos minutos después, cayó rendido sobre el sofá, llevándome a mí con él.

-Esto es el cielo- murmuró luego de unos minutos.
Lo observé desde mi lugar cerca de su pecho. 

-Y tú un ángel- agregó aprisionándome contra el respaldo del sofá. Sonreí acariciando suavemente su cuello y el cerró los ojos. –Quisiera tenerte así,… para siempre- dijo en voz tan bajita que creí haberlo imaginado.

Jesús, «para siempre.»
Eso suena tan… perfecto.


Me aparté para observarlo, deleitarme y perderme en aquellos preciosos ojos miel. 
« ¿Cómo puedes ser real?»

-Di algo- pidió en un susurro. 
Solté una risita. Acerqué mi rostro al suyo y apoyé mi frente contra la de él.
Luhan sonrió.

-Eres increíble.
El soltó un sutil suspiro de alivio y me apretó entre sus brazos.

Lo abracé, disfrutando de la suavidad de su cuerpo desnudo contra el mío. El hundió su rostro en mi cuello y me dio breves y cortos besitos, haciéndome cosquillas.
Repentinamente me tomó en brazos y se paró del sofá.

-¿Qué haces?- pregunté sorprendida. Él me miró con una sonrisita de «estoy caliente de nuevo.»

Caminó por el largo pasillo del vestíbulo hasta el baño trasero. 
Fruncí el ceño cuando abrió el grifo con agua fría.

-No Luhan- negué rotundamente. El me depositó en el suelo y luego estiró la pierna, y cerró la puerta con el pie. 

-Si te tengo aquí toda la tarde, tus padres se preocuparán. Es mejor que te baje la calentura ahora.

-¿Y pretendes hacerlo con agua helada?- dije atónita arqueando las cejas. –Diablos, eres el hombre más raro que conozco- negué con la cabeza.

-¿Y eso es bueno o malo?- dijo riendo.

-Depende. En éste momento es malo… -me quejé e hice un puchero. Él, aparentemente, no conmovido por mi queja, se acercó con intenciones de arrastrarme a la ducha. 
Podía sentir el frío del agua incluso aunque no la tocara. –Oh vamos… Luhan… -él se acercó más. –No hagas esto, hace frío- advertí. Me tomó por la cintura de una sola vez y me metió a la ducha junto con él. El agua me helaba los huesos y me estremecí entre sus brazos.
Su cuerpo se conservaba cálido, especialmente por debajo del vientre.
Tirité fulminándolo con la mirada. El estrechó mi cintura, e inesperadamente deslizó sus manos hacia mis muslos. Enroscó mis piernas en su cadera y me pegó contra la pared de la ducha.
Me estremecí por el agua, o quizá por el contacto que tenía con su…

¡Demonios!
Y allí estaba de nuevo,… dentro de mí.

***

Ésta debe haber sido la mejor tarde de mi vida.
En el sofá, en la ducha, y quizá nos veamos por la noche.
Del uno a la Virgen María, ¿qué tan buena he sido en otra vida para merecer esto?


-No puedo creer que hayamos tenido que re-calentar la comida- dije con pena mientras Luhan conducía a casa.
El me miró soltando una carcajada, divertido.

-Yo no he sido él que se ha abalanzado sobre ti antes de almorzar- me recordó y me sonrojé.
Exacto. Supongo que después de una hora de verlo cocinar, mis hormonas estarían un poco… uhmm… ¿alteradas?
Por lo que ni siquiera había probado bocado cuando no me resistí y lo arrastré hasta el sofá.

Diablos. En realidad había sido una buena idea.

El estacionó a dos manzanas de casa como habíamos acordado.

-Algún día me gustaría estacionarme frente a tu casa- dijo en voz baja, jugando con mis dedos. Lo observé nerviosa y el negó con la cabeza. –No te estoy presionando. Será cuando tenga que ser.

La idea de que Luhan y mis padres se conocieran era algo… fatal. Principalmente porque estoy al menos un ochenta por ciento segura de que mis progenitores inventarían unas tres o cuatro mil excusas acerca de por qué no debería estar con él, también porque temía que Luhan saliera espantado, y quizá porque además, eso sería dar un paso bastante importante, al menos a mi parecer.
Aun no estaba segura de nada, no es que no disfrutara de lo que me estaba pasando con él, pero tenía mis momentos de inseguridad.

-Gracias- sonreí breve y con mi pulgar acaricié el dorso de su mano que era el doble de grande de la mía.
El llevo mis dedos a su boca y dejó un suave y dulce beso en cada uno.
Me estremecí interiormente.
«No puedes hacer esto y luego pretender que no te arrastre a follar a la primera superficie adecuada que encuentre.»

Pero pese a todo, el parecía comportarse de manera inconsciente. Sumido en sus pensamientos. Como si su cuerpo se hallara conmigo, pero su mente en algún lugar extremadamente lejos de allí.
Me pregunté en qué demonios pensaba tanto, ¿o quizá fuera algo distraído? « ¿Algo?» se burló mi subconsciente.

Bien, supongo que ya tendríamos tiempo para hablar, conocernos, y esas cosas…
«Hmm, suena bien.»

-Gracias por lo de hoy- musité y tomé mi bolso del asiento trasero.

-Ha sido un placer cocinar para ti y… 
Se quedó en silencio observándome con una sonrisa pícara, me sonrojé de pies a cabeza.
¿Desde cuándo me avergüenzo tanto?

-Lo sé. Ahora me recordarás la friki sexual que fui. Éste no es un asunto de broma, Luhan- me quejé bromeando y él me miró divertido.


(…)

La noche del jueves mientras hacía algunos bocetos en mi cuaderno, sonó mi celular.

«Ya se siente el fin de semana. ¿Irás, verdad?»
Era Eun Ji.

Rápidamente tecleé la respuesta.
«Por supuesto que sí. Sabes que nunca me pierdo una noche en Anacks»

«No lo sé. Ahora empiezo a dudarlo. Pensé que no lo harías por Luhan»

Oh oh… me había olvidado de ese gigantesco y sensual detalle.

«Luhan no cambia nada» concluí y apagué mi teléfono.

Lo sé…
Bien, ¿qué digo? No sé una mierda. ¿Qué debo hacer? 
Me encanta tanto estar con Luhan,… pero bailar es… mi vida.
Sí, sí, quizá podría hacerlo en otros términos pero honestamente la mirada deseosa de un hombre me alimenta. Saber que tengo el control es una sensación adictiva.
Quizá deba ir al psicólogo.


Se escuchó un golpe en la puerta de mi habitación y luego mi madre se asomó.

-Hola- dijo acercándose a mi cama.
La observé sorprendida. -¿Qué? ¿Una madre no puede querer pasar tiempo con su hija?

Arqueé una ceja.
-¿Qué quieres mamá?

-Nada, yo sólo quería…

-Mamá- le dije tajante.
Si lo sé, se supone que son los hijos los que pretenden ser buenos con sus padres cuando quieren pedirle algo. Pero mi caso es a la inversa.
Mamá siempre finge que le interesa mi vida cuando necesita de mí.

-Necesito que vengas a una cena ésta noche.

-Tengo que terminar estos bocetos para mañana- me excusé rápidamente mientras seguía dibujando.

-Serán sólo un par de horas. Es una familia muy importante, __________. 

-Siempre dices eso de todas. ¿Qué tengo que ver yo? ¿Para qué quieres que vaya?

Mi madre frunció el ceño y la fierecilla en mi interior soltó una carcajada. Le estaba agotando la paciencia.

-Tu padre dijo que iría toda la familia, no puedes faltar.

-Puedes pedir disculpas de mi parte- atajé.

-Ya basta, __________- dijo entornando los ojos y volvió a ser la misma de antes en un nanosegundo. –Irás a bañarte… -comenzó- te pondrás lo mejor que tengas, y en una hora te quiero abajo impecable, ¿has entendido?

La fulminé con la mirada.

-¿Y si no qué?

-Mi casa, mis reglas, ¿recuerdas?- dijo con una sonrisita volviéndose una puta adolescente caprichosa. ¡Como la detesto!

-Bien- cerré mi cuaderno de golpe y lo arrojé al suelo. Tomé una toalla del placard y me encerré en el baño con estruendoso portazo.

La escuché irse y salí del baño para cerrar la puerta de mi habitación con llave.
Seguro a la primera oportunidad la tendría fisgoneando entre mis cosas.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!