(Lou) 

Sentí como alguien me zarandeaba mientras decía mi nombre. Recordé que por la noche, como de costumbre,  había dejado la persiana subida, así que escondí mi rostro en la almohada para poder abrir los ojos sin que la luz diera en éstos directamente.

- ¡Cállate James! –Dije entre sueños. Un momento, me había parecido escuchar su voz. -¿¡James?! –Abrí los ojos y mi vista tardó en enfocarse, pero delante de mí, apareció la imagen de un sonriente James.

- El mismo. –Respondió con una sonrisa burlona plasmada en su rostro.

- ¿Qué haces aquí? –Inquirí.

- Te explico... –Comenzó mientras se estiraba a mi lado, colocando sus manos detrás de la cabeza. –Resulta que mis padres quisieron divertirse sin precaución. –Ante la palabra divertirse me guiñó un ojo, puse cara de asco. –Y al cabo de nueve meses nací, fue un parto complicado pero...

- No me refiero a porque estas vivo, idiota. –Exclamé.- Me refiero a que mierda haces en mi apartamento.

- Habíamos quedado. –Respondió como si fuera totalmente obvio.

- Pensaba que lo decías en broma. –Musité.

- No, iba muy enserio. –Replicó. –Me haces el favor de vestirte, no hay tiempo que perder. –Dijo metiéndome prisa, me encaminé hacia la puerta del baño.

- Espera, ¿cómo has entrado? –Pregunté confusa, frenando en seco.

- Por la puerta. –Respondió. Le fulminé con la mirada. –Vale, le pregunté a la cotilla de tu vecina si me dejaba las llaves para sorprender a mi bella amiga con un desayuno en la cama. –Contestó rendido.

- ¿Y mi desayuno? –Pregunté esbozando una sonrisa.

- ¿Y mi bella amiga? –Contraatacó con una sonrisa.

- No me llamabas fea ayer en el baño. –Repliqué, metiéndome en el baño a lavarme la cara.

- Tampoco te llamé guapa, sinceramente me daba igual con quien fuera, sólo quería echar un polvo.

- Me das asco. –Comenté después de su nada decente intervención. Yo no sería capaz de tirarme al primero que se me insinuara. Salí del baño y me dirigí al armario.

- Aun así deseas estar entre mis piernas. –Agregó guiñandome un ojo.

- ¿Piensas irte? –Inquirí cambiando de tema.

- No me vas a enseñar nada que no haya visto. –Respondió sabiendo perfectamente la razón por la que quería que se fuera.

- Eso me da igual, pero estaría mucho más tranquila si te largaras un rato. –Repuse. Con remordimiento se levantó de la cama y salió de la habitación.

Salí de la habitación y me encontré la cocina patas arriba, no recordaba haber tardado tanto en vestirme, ni estar tan distraída para perderme un huracán que lo hubiera destrozado todo. 

- ¿Se puede saber que estás haciendo? –Exclamé.

- ¿Tú no querías desayuno? –Preguntó dejando todos los utensilios encima de la isla y murmurando un insulto al darse cuenta que las tostadas se le estaban quemando.

- ¿Para preparar el desayuno hay que sacar todas las sartenes que hay en el armario? Mejor dicho, ¿hay que sacar alguna sartén? –Pregunté divertida por el desorden que llevaba el pobre.

- Claro, para hacer huevos fritos. –Dijo no muy convencido, alcé una ceja.

- Los únicos huevos que vamos a freír hoy, van a ser los tuyos como no dejes de decir tonterías. - Exclamé con cierto humor.  – ¿Huevos fritos? ¿Ahora eres americano?

Don't forget me. [Sin editar]¡Lee esta historia GRATIS!