Capítulo 7: No soy tu maldita enfermera

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Desperté por el ruido de Chloe caminando de un lado a otro ¿Por qué se para tan temprano?

— ¿A dónde vas? —Pregunté.

—Voy con Aarón a comprar una pomada para Scott, el rector nos dio permiso—Dijo haciéndose una cola de caballo— ¿Puedes quedarte con él? Parece que no fue una linda noche y me siento culpable de que esté así por defenderme—Asentí levantándome.

Fui al cuarto de baño y me di una ducha rápida.

Me vestí rápidamente con un jeans ajustado, una camisa blanca holgada y me puse mi chaqueta de cuero.

Salí junto con Chloe y fuimos rápidamente al edificio de los chicos, ella abrió la puerta de la entrada con las llaves de Aarón y entramos.

Abrimos la habitación y estaba Aarón acostado junto con Scott.

Se veía terrible, esos imbéciles se excedieron.

—Por fin llegas, vamos—Le dijo a Chloe levantándose.

— ¿Cómo te sientes? —Preguntó Chloe preocupada.

—He estado mejor—Sonrió... Ni enfermo deja el sarcasmo.

Ellos se fueron luego de un rato e hice un poco de café aprovechando que me encontraba en su habitación.

—Creo que ya deben cambiarme la gaza del abdomen—Habló levantando su camisa.

Yo tomé un sorbo de café observándolo.

— ¿Deben? —Arqueé una ceja como si estuviera bromeando.

—Cámbiala—Ordenó.

Me está retando. Hice como si lo estuviera pensando.

—No me gusta la forma en que me lo pides...Porque supongo que lo estás pidiendo y no ordenando—Sonreí con ironía.

Él mordió su labio riendo. Este hombre es muy atractivo.

—Vamos. Cámbiala, que ya me molesta—Hizo un puchero.

—No lo sé—Me senté en la orilla de su cama, escuché su carcajada y haló mi cintura hacia él haciendo que derramara mi café en el piso—Oye, mi café—Miré con tristeza el líquido del piso.

— ¿Puedes cambiarla? En serio me molesta—Gruñó algo molesto.

Sonreí ante su rostro, me agrada sus quejas de sufrimiento.

—Claro, pero primero di que soy la más hermosa, sexy e inteligente de todo el maldito internado—Mantuve mi sonrisa.

Él hizo una mueca.

— ¿Quieres que te mienta en la cara, Ellie? —Cada vez me molesta más que me diga Ellie.

Mi teléfono me interrumpe y lo agarro para contestar.

— ¿Si? —Pregunté.

—Hola, hija—Pareciera que me llamara solo para irritarme.

— ¿Qué quieres ahora?

—Quisiera ir a verte con Bianca—Me senté junto a Scotty.

¡Que ni se le ocurra!

—Papá, solo ha pasado una semana—Murmuré. —No quiero verte—Confesé.

—Madura ya, Ellie—Gruñí.

—Cuando lo haga te llamaré—Respondí con sarcasmo.

—Ellie...—Colgué la llamada.

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