Prólogo

440 32 12

—Necesitas esto. Lo necesitas —Murmuró frente al espejo de un minúsculo baño dentro de un autobús camino a un futuro... incierto. Era inevitable, pero por las curvas y las repentinas aceleraciones y disminuciones de velocidad, su cuerpo parecía bailar mientras chocaba contras las paredes de plástico. Retuvo un quejido al recibir un golpe en la cabeza por un salto inesperado de parte del transporte.

¿Estaba nerviosa? Sí, absolutamente. Es decir, iba de camino a ver a un hombre del que ni siquiera podía acordarse de su rostro. Siempre había vivido fuera de Mystery Spell, y apenas cuando era una niña, fue a visitar a su abuelo un par de veces en compañía de sus padres... Lamentablemente cuando su padre falleció prematuramente en un accidente de tránsito, las visitas se detuvieron de manera violenta y cortante. Su madre le aclaró un deseo profundo de no regresar a ese pequeño pueblo donde había vivido su infancia, y repentinamente las relaciones con su abuelo y familia materna, se cortaron.

Por más extraño que pareciera, Louisa jamás lo cuestionó, sobre todo con la repentina muerte de su padre sobre los hombros de ambas.

Suspiró, quizás por enésima vez en el tiempo que llevaba encerrada en esa pequeña cabina, y volvió a chequear su aspecto en el espejo. Grandes ojeras y bolsas bajo los ojos le daban un aire indiscutible de zombie; su piel, que generalmente tenía un saludable color bronceado, ahora lucía realmente pálida por la falta de sol. Llevó ambas manos entre su cabello pelirrojo tinturado e intentó desenredar los diferentes nudos que se habían formado durante el trayecto de dieciocho horas sentada.

—Bueno, supongo que practicaré lo que diré —Apoyándose en el lavamanos, fijó la mirada en sus propios ojos almendrados a través del espejo —. Abuelo, sé que ha pasado mucho tiempo, y como te informé en mi carta... mamá murió el mes pasado... y pues... yo... la verdad... no quiero estar sola.

Se mordió el labio inferior. No, no, no podía llegar de sopetón y recordarle a un anciano que su hija había muerto hacia un mes, cuando no pudo continuar luchando contra el cáncer. Louisa sintió los ojos húmedos y rápidamente se secó las lágrimas antes de que escaparan por el rabillo del ojo.

Intentar establecer contacto con una persona de la que no sabías desde hace años era muy difícil. Sin embargo, cuando le escribió una carta contándole la noticia, Louisa jamás se esperó una respuesta tan favorable. Su abuelo le había pedido que viniera a Mystery Spell y que pasaran un tiempo juntos, lo cual era perfecto, pensando en que ya no le quedaba nada en Nueva York. Ni siquiera su empleo, que tanto había luchado por conseguir, seguía allí para ella.

No había amigos, no había pareja, no había un trabajo que fuera su polo a tierra... Solo la soledad de un pequeño y vacío apartamento, que aún tenía el aroma a las medicinas de su madre.

"Necesito esto", pensó esta vez para sí misma. Realmente lo necesitaba. Necesitaba un comienzo nuevo y compañía para poder olvidar los amargos meses pasados. Tomó aire varias veces, calmando sus nervios, y aunque quiso ocultar su mala cara con algo de maquillaje, recordó que el pequeño y ligero estuche de cosméticos se quedó bien oculto dentro de su pequeña y humilde maleta.

A regañadientes salió del baño y regresó a su asiento casi al principio del bus. La mayoría de las personas dormitaban, igual no es como si hubiera algo más que hacer en un espacio tan pequeño y durante tantas horas juntas.

Louisa ocupó su lugar junto a la ventana y abrió discretamente la cortina para analizar con melancolía el ambiente.

Debían estar solo de unos veinte a treinta minutos de Mystery Spell, pero el clima era realmente gris; las nubes no dejaban entrever ni un simple rayo de sol, y aunque eran las diez de la mañana, más bien parecía casi el anochecer. Conteniendo un suspiro, se hundió en su asiento, recostando la frente del cristal empañado de la ventana.

—¿Ansiosa, muchacha?

La mujer mayor sentada a su lado llamó su atención. Louisa apartó la vista de la ventana para encontrarse con unos vibrantes ojos verdes y una sonrisa afable en medio de ese rostro arrugado por los años. Por un instante se preguntó tristemente, como una señora de esa edad pudo aguantar dieciocho horas allí sin quejarse, cuando ni ella misma podía más con el dolor en su trasero y espalda.

—¿Se nota mucho? —Preguntó en un susurro suave, y con las cejas ligeramente enarcadas. La mujer sonrió más, mostrando ahora una hilera de dientes en brillante oro. Louisa luchó por no ahogarse con su propia saliva, porque lo que menos esperaba era que esa dentadura dorada la recibiera. Boqueó unos momentos mientras la oía hablar.

—Puedo ver cómo le tiemblan las manos, muchacha. Y sí, mis dientes son reales, pero es de mala educación mirar tan fijamente —Una risa jocosa surgió del fondo de su garganta.

Rápidamente Louisa bajó la vista y pudo notar el leve temblor que recorría por sus pálidas manos. Abrazándose a sí misma, sonrió avergonzada de su propia debilidad e indiscresión, antes de regresar a mirar a la mujer.

—Digamos que estoy dando un paso bastante grande en mi vida.

—No lo dudo, una citadina mudándose a Mystery Spell. Es una absoluta novedad —Ahora que lo notaba, la mujer vestía entre vaporosas prendas gitanas, y algunos mechones de pelo blanco se escapaban de un colorido turbante en tonos azul y morado.

—Pues, es una ciudad pequeña —Susurró pensativa.

—Pequeña y problemática. Será mejor que tengas cuidado, muchacha, Mystery Spell no es para forasteros —La mujer lo decía tan seriamente, que por un segundo Louisa casi creyó que podría estar hablando de algún monstruo o asesino en serie que habitaba las calles del lugar. Prudentemente, Louisa prefirió ahorrarse el comentario de que su familia era oriunda de la ciudad.

—Había oído que era más bien tranquila.

—Cariño, Mystery Spell es sin duda un lugar aterrador.

La voz del conductor que indicaba la llegada al destino cortó sus esperanzas de indagar un poco más en el asunto. La extraña mujer le dedicó una pequeña sonrisa antes de tomar su bolsa de pintorescos colores y bajar apresurada del autobús, sin dar espacio a siquiera una despedida.

No le pasó desapercibido, que junto con ella solo un par de personas más bajaron en la estación de transportes de Mystery Spell, y con el ceño fruncido acordó en que si todos los turistas eran recibidos por personas viejas que hablaban de lo inseguro y aterrador que era, no era de extrañar que no fuera el mejor destino para visitar.

Bajó en silencio y fue en busca de su maleta a un costado del autobús.

En un pequeño bolsillo de la misma había guardado con mucho cuidado la carta de su abuelo con la dirección exacta, ahora solo necesitaba tomar un taxi que la acercara ya que no se atrevía a aventurarse sola por las calles... y menos luego de lo que había escuchado minutos atrás.

"...Espero no estar cometiendo un error, dios santo". Y fue la primera vez desde el inicio de su deseo de aventurarse a Mystery Spell, en que barajó que la idea de comenzar de nuevo allí, no parecía una buena idea.

 Y fue la primera vez desde el inicio de su deseo de aventurarse a Mystery Spell, en que barajó que la idea de comenzar de nuevo allí, no parecía una buena idea

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

¡¡Buenas noches!! Dejo como prometí, el prólogo de la historia. Les recuerdo que habrá dos Firstname en esta historia, la primera es Louisa y la segunda tendrá su debut más adelante.

Quiero dar las gracias por tomarse la molestia de leer. Más adelante quizás haga perfiles para las dos firstname y así las conozcan mejor.

Si encuentran algún error durante el episodio, pueden indicarme y hago las correcciones respectivas.

¡Saludos!

Antonella P.

Dive¡Lee esta historia GRATIS!