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—No Edison, así no fue como te lo expliqué. ¿Acaso no has estado oyéndome? —Lo observo de forma reprobatoria.

Su rostro gesticulando perezosamente sólo es capaz de regalarme una sonrisa de medio lado. Me mira fijamente con aquellos grandes ojos pardos que posee, apoyando su cabeza en la extremidad superior que descansaba sobre el mesón. Con la posición que mantiene es muy probable que se haya dormido durante mi charla expositiva, he ahí el porqué de sus constantes dudas, las mismas que no varían demasiado cada vez que las formula.

Adabella le propina una mirada sulfurada, y, en realidad, por lo que he notado en este corto tiempo juntos, las pocas veces que se ha dignado a verle le muestra su desprecio por cada una de sus facciones, las cuales lastimosamente, para ser tan delicadas, se agrían con sus gestos malhumorados, unos que sólo Edison o sus oraciones sin sentido producen en ella.

Y yo en medio, simulando que todo va viento en popa.

Recién lunes y yo estresándome.

—Es que no puedo concentrarme con tu bello rostro. —Me dice casi en un susurro.

Me sonrojé sin poder evitarlo y no precisamente por su coqueteo descarado, sino que debido a que sus palabras evocaron, en un instante, un recuerdo bochornoso. Ya había escuchado una frase similar antes.

—Lo que pasa es que eres un retrasado que no va a aprender nada si antes no vuelve a cursar la primaria. —Escupe frenética Adabella.

—Pues prefiero ser un retrasado que una loca amargada como tú. —Contraataca enfurecido, dedicándole toda su atención a la chica desafiante―. Acéptalo, así como vas ya estarás toda arrugada antes de los veinticinco, o espera. ―Se acerca peligrosamente a su rostro. Ella parece sorprendida―. Creo que será antes ―asevera dándole un suave toque en el entrecejo con el dedo índice.

Ella aparta su mano osada bruscamente.

—Oh, pero si esa es la conjetura más inteligente que he escuchado salir de tu boca. Déjame decirte que tal vez me he equivocado contigo. —Edison parece sonreír satisfecho por lo que ella acababa de anunciar la chica—. Deberías pensar en cursar el jardín de niños, la universidad sin duda te quedará demasiado grande. —Él no tarda en transformar ese gesto victorioso en uno molesto.

Ruedo los ojos frente a la pelea de niños que se lleva a cabo frente a mis ojos. De seguro estos chicos terminarán llenándome de canas antes de que siquiera roce la vejez.

No esperaba que cosas como esta sucedieran cuando, esta mañana fui interceptada por un, hasta ese momento, desconocido Edison, el cual me solicitó una reunión urgente puesto que, según me dio a entender, su primera prueba del semestre sería realizada dentro de pocos días. Supuse que él era el ''ahijado'' que me habían asignado para guiarle cuando no le fuese suficiente las explicaciones de algún docente o simplemente le surgieran dudas, por lo que, al verlo agitado y suplicante, accedí sin mayores complicaciones a darle una mini clase por la tarde, al finalizar nuestra jornada académica.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora