Capítulo 7

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Terrie no tenía ningún problema. A Tally casi le resultó gracioso cuando comprendió que su amiga había seguido a Hongki y a Jaejin decidida a protegerla de cualquier plan que tuvieran. La emergencia había sido simplemente una excusa para conseguir sacarla de sus brazos y meterla en casa, de esta manera Terrie podría asegurarse de que Tally sabía donde se metía. 
Estaba furiosa, pero una diminuta parte de su ser estaba asombrada y temerosa de que se hubieran arreglado para enloquecerla tan eficazmente.  Nunca le había pasado antes. Era la primera vez. Sería gracioso si no estuviera tan condenadamente enfadada.
—Puedes dormir aquí —Terrie la condujo a la habitación de invitados casi una hora después y tras un discurso argumentando las ventajas que tenía el que Tally pasara allí la noche.
Tally hubiera preferido conducir hasta su casa que permanecer en una cama extraña, pero cuando Terrie mostró ese herido gesto de dolor le fue imposible decir que no. Habían sido amigas durante mucho tiempo, habían estado demasiado unidas como para permitir que un hombre destruyera aquella amistad.
—Te traeré uno de mis camisones —dijo Terrie suavemente cuando Tally se sentó fatigada sobre la cama—.Ya sabes donde está todo lo demás.
—Terrie, en realidad esto no es necesario —suspiró Tally—. De verdad que preferiría simplemente irme a casa.
—Y yo preferiría que dejaras de esconderte de mí —dijo Terrie con ese tono de voz herido que tanto odiaba Tally—. Apenas me has hablado en estos últimos meses, Tally.
¿Estás molesta desde aquella noche con Jesse?
Tally sonrió. Aquello fue divertido. Ver a Jesse Wyman esposado a la cama, caliente y a punto de explotar mientras Terrie y ella lo atormentaban, era un buen recuerdo. Darse cuenta de ello, le había hecho ser más cauteloso y más dulce. Ahora había un hombre que comprendía que no era inteligente tentar su furia.
—No. No estoy molesta por eso —se rió entre dientes—. En realidad disfruto de su cara de cervatillo asustado cada vez que se lo recuerdo.
La carcajada de Terrie estimuló la propia.
—Sí, está más asustado de ti de lo que reconoce —Terrie se tumbó en la cama ante la risa que le produjo tan solo pensarlo—. Incluso me desafía a que lo mencione.
Tally sacudió la cabeza y también se tumbó, mirando al techo.
—Fue divertido —admitió—. Hasta es más divertido sabiendo lo cauteloso que se ha vuelto. Quizá por eso rechazó mi petición de parar mi transferencia a Conover —suspiró, admitiendo que en ese momento podía haberse disparado un tiro en el pie.
Terrie suspiró rudamente ante eso.
—Esa no es la razón.
Girando la cabeza, Tally la miró interrogante.
—¿Entonces, por qué?
Terrie echó un vistazo hacia la puerta.
—No puedes repetir ni una palabra de lo que te diga. Se supone que no sé nada.
Tally puso los ojos en blanco.
—Sí, sí, sí —agitó la mano expresivamente—. Lo prometo, con lo del dedo meñique y todas esas cosas. Ahora suéltalo.
—Hongki lo puso como condición para la fusión —dijo suavemente, como si temiera que las paredes tuvieran oídos—. Recuerdo que les oí hablar una tarde antes de la boda. Jesse se asombró ante la petición, hasta que Homgki, uhh... —sofocó una risa.
—¿Qué? —Tally pudo sentir como en ese momento se acrecentaban sus nervios.
—Bueno, Hongki le informó bastante claramente que si Jaejin y él no te jodían pronto, sus pollas se iban a pudrir por la falta de uso —Terrie luchaba por contener la risa—. Me hizo mucha gracia. Entonces, Jesse hizo algún extraño comentario sobre los gemelos y sus vínculos, y volvieron a hablar sobre la fusión. Pero sentí que había algo oculto allí. Hongki no está jugando, Tally. Pretende compartirte con Jaejin.
—Demonios —miró de nuevo al techo, intentando comprender por qué Hongki llegaría a esos extremos para conseguir meterla en su cama.
—Jesse no me ha contado mucho —dijo Terrie preocupada—. Pero tengo la impresión, Tally, de que independientemente de lo que pase, no será sólo con uno de los hermanos. Y tampoco será de vez en cuando, como hacen los demás. Jesse lo hace parecer como si Jaejin  y Hongki te fueran a compartir permanentemente.
Eso preocupaba a Terrie. Tally podía ver la inquietud en la mirada de su amiga.
—Sí, bueno, les dejaremos que conspiren y planeen —se encogió de hombros, dirigiendo a su amiga una sonrisa llena de falsa confianza—. Puedo manejar esto, Terrie.
Pensar en ambos hombres compartiéndola, tomándola habitualmente cada día, no  resultaba  tan inquietante como la llamarada de excitación, mezclada con posesividad, que comenzaba a sentir por los dos hombres.
—Tally, ¿no puedes decirme por qué estás molesta conmigo? —le preguntó de repente Terrie, cambiando de tema y sorprendiéndola con la pregunta—. Somos amigas desde hace mucho tiempo. Odio lo que está pasando entre nosotras.
La amistad equivalía a complicaciones, especialmente con una relación tan cercana como la que tenían Terrie y ella.
Suspiró y volvió a mirar a su amiga.
—No estoy molesta contigo —dijo con resignación—. Estoy molesta conmigo misma.
Levantándose de la cama, Tally observó la expresión interrogante de Terrie antes de dirigirse a la alta ventana que había al lado.
—Entré en la oficina la tarde que estuviste allí con Jesse y Hongki —dijo finalmente Tally, con una sonrisa sardónica dibujada en sus labios—. Me puse  terriblemente celosa, ya sabes.
—¿Celosa? —Terrie le devolvió la pregunta, incrédula—. ¿Por qué?
—Porque estabas con Hongki —dijo suavemente, viendo el momento en que Terrie comprendió con exactitud lo que eso significaba.
Terrie parpadeó sorprendida.
—¿Deseabas a Hongki?
Tally hizo una ligera mueca ante su propia admisión.
—Desesperadamente, me temo —dijo—. Pero el problema es, Terrie, que sé que una vez haya estado con Hongki y Jaejin, no querré dejar que ninguno de ellos se vaya. Soy una persona codiciosa, te lo he dicho antes. Pueden hacerme daño —añadió sencillamente.
—Oh. Cariño —Terrie la miraba asombrada—. Uhh, Tally, ¿estás enamorada de Hongki y Jaejin?
Tally se movió a una silla al lado de la ventana y se sentó pesadamente.
—Quizá —se encogió de hombros—. Así que ya ves, se está volviendo mucho más complicado.
—Me has sorprendido bastante —admitió Terrie mientras cogía una de las mullidas almohadas que había en el cabecero de la cama y la abrazaba—. ¿Qué vas a hacer?
—Tengo varias solicitudes de una empresa de Nueva York —,admitió finalmente Tally—. Si las cosas salen bien, me marcharé pronto.
—¿Huyes? —preguntó Terrie con incredulidad—.  Tally, tú nunca huyes.
Tally se recostó en la silla, asumiendo una despreocupada pose de negligente abandono.
—Bueno, pues parece que después de todo lo voy a hacer —dijo al fin con una sonrisa de auto-desaprobación—. Un sentimiento muy extraño, debo admitir. Pero no he encontrado otra respuesta.
Terrie sacudió la cabeza en protesta.
—¿Por qué no luchas? Si los quieres, ¿por qué no vas a por ellos? El echarte para atrás no es algo que suelas hacer, Tally.
Normalmente, no lo haría, admitió Tally para sí. Nunca había aceptado la derrota en su vida. Le exasperaba tener que hacerlo ahora.
—En este caso, la única solución es echarme atrás —dijo suavemente—. Confía en mí, Terrie, nunca funcionaría, y no querré el tener el corazón roto cuando fracase. Es mejor que me marche tan pronto como pueda —definitivamente, era lo mejor para su corazón. Así como también era lo más seguro para Hongki, por si alguna vez decidía que estaba harto de ella. Temía que pudiera matarle si tomara a otra mujer después de ella.
Terrie la observó detenidamente durante largos minutos, en los cuales se hizo un profundo silencio a su alrededor.
—Adoro como te autoengañas, Tally —dijo al final con delicadeza, levantándose de la cama mientras Tally la miraba sorprendida. 
—Nunca me miento a mí misma —estalló,  a la defensiva.
Terrie sacudió la cabeza lentamente.
–Te quiero como a mi propia hermana —suspiró—. Así  que puedo decirte que te estás engañando. Lo que te aterra es perder el control que tanto te ha costado ganar, no el dolor que pudieras sufrir. Hongki amenaza eso. No puedes alejarle, no puedes intimidarle, así que en lugar de eso, vas a correr —gesticuló burlonamente—. Hongki va a ganar por abandono, porque no eres lo suficientemente valiente como para ver cuál de vosotros es el más fuerte. Tienes miedo de perder, así que te rindes.
—No pienso eso —estalló Tally, incómodamente consciente del hecho de que, a menudo, su amiga, veía demasiado—. Hongki no tiene nada que ver con mi control.
—Por supuesto que tiene que ver —Terrie soltó una carcajada alegremente—. Lo sacude cada vez que te mira. Y no intentes decirme que casi no te lo había quitado del todo en el jardín. Escuché los gemidos. Pierdes los límites, Tally, y no puedes soportarlo.
Tally se puso lentamente en pie, entrecerrando sus ojos hacia la otra mujer.
—No en esta vida —logró mantener su calma fría, pero pudo sentir como la cólera azotaba su mente.
—¿De verdad? —Terrie cruzó los brazos sobre sus pechos, con una expresión de burla—. Demuéstralo.
—¿Demuéstralo? —Tally tuvo ganas de gruñir—. ¿Y cómo esperas que haga eso? No hay nada que demostrar.
—¿No lo hay, Tally? —Terrie ahora estaba seria. Eso siempre era un mal signo—. ¿Qué hay acerca de probarte que eres digna de tener amor? Pero aparte de eso,  está el demostrar que no eres una cobarde. Sabemos cuánto odias a los cobardes. 
Tally gruñó.
—Eso es jugar sucio, Terrie.
—Sí —Terrie sonrió abiertamente—. Hago cosas así cuando veo a mis amigos meter las colas entre sus piernas y huir como cachorros. Especialmente cuando se negaron a dejarme hacer lo mismo. Confía en mí, me lo agradecerás.
—Te mataré —chasqueó Tally—. Directamente después de que mate a Hongki y a Jaejin.
Terrie se encogió de hombros.
—Cualquier cosa que te funcione, cari. Ahora te desearé buenas noches, para que puedas conspirar y planear. Eres muy buena manejándonos a todos nosotros, Tally, déjanos ver si puedes manejar a Hongki tan fácilmente.




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