CAPÍTULO 6

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Tally supo el momento exacto en que Hongki y Jaejin entraron en el gran salón de Wyman casi una semana después. Otros proyectos, además del contrato militar, los habían retenido fuera de la ciudad, dejándola sola en la oficina con asuntos pendientes. No había previsto lo mucho que los echaría de menos ni la excitación que recorría su cuerpo cuando ellos estaban cerca.
Pero los sintió detrás de ella y su cuerpo repentinamente volvió a cobrar vida. El vello de su nuca se erizó debido a un primitivo instinto y desvió su atención del apuesto Director de Marketing con el que había estado charlando.
Su cabeza giró; de forma distante, ella sintió su largo cabello negro ondular encima de sus caderas, acariciando la seda de su cómodo vestido color bronce. Le molestó la sensualidad que experimentó, ya que le hizo ser consciente de que la tensión sexual que hubo entre ellos aquella tarde de la semana pasada no había disminuido y de que su cuerpo estaba dispuesto e impaciente por su toque. Ya no era sólo Hongki a quien su cuerpo ansiaba, sino también a Jaejin.
Jaejin nunca formo parte de ninguna de sus fantasías sexuales con Hongki, hasta el mes pasado. Durante la semana pasada, mientras permanecía en su solitaria cama fantaseando con Hongki, apareció la imagen de Jaejin tocando su cuerpo con sus manos, mientras ella imaginaba el pene de Hongki, su erección llenando su boca al tiempo que la de su hermano llenaba su coño. Eso había sido sumamente erótico y había sido sumamente inoportuno. Ya era bastante difícil mantenerse apartada de uno de los hermanos; no necesitaba agregar otro a la ecuación.
—Disculpe —murmuró ella al joven con el que había estado hablando y se encaminó hacia la barra por otra copa de champán. Valor líquido. Necesitaba algo que la ayudara a hacer frente a la tarde que le aguardaba.
Tally tenía que admitir que había esperado que los dos regresaran a tiempo para asistir a la pequeña fiesta que ofrecían Jesse y Terrie para celebrar los seis meses de la amistosa y muy lucrativa unión de las empresas de electrónica Delacourte y Conover.
Sorbiendo su champán, Tally mantuvo una distancia prudente entre ella y los hermanos Conover. Maldición, no había considerado que ellos jugarían un doble juego con ella en la forma en que lo hacían. Pero debería haberlo sabido. Había sido muy tonta para no darse cuenta. Sabía que ellos eran parte de los tan nombrados Troyanos, un grupo de elite dominante que a menudo practicaba ménages sexuales con sus mujeres.
Varias ex esposas de miembros del grupo habían cometido el error de hablar a algunos buenos amigos sobre el pequeño grupo y los comentarios se habían extendido como reguero de pólvora entre la pequeña comunidad de ciudadanos influyentes. Exactamente qué eran los Troyanos nadie lo sabía realmente. Sexualmente dominantes, eran hombres cuyos gustos en cuestión de sexo estaban fuera de lo que se consideraba natural.
Su mejor amiga, Terrie, se había casado con uno de los miembros y Tally sabía que parte de la relación con su nuevo marido implicaba, sin ninguna duda, a un tercer compañero. Era algo de lo que Terrie hablaba muy poco, pero Tally sabía que la otra mujer había encontrado aquello que siempre había faltado en su vida.
Eso no significaba que Jesse no fuera sumamente posesivo con su esposa. Lo era. El amor que los unía era imposible de ignorar. Jesse nunca miraba a otra mujer, pero a veces compartía a su esposa.
Afortunada Terrie.
Tally suspiró mientras atravesaba las puertas abiertas hacia los jardines y escapaba de la tensión que la sofocaba. Debería haber sabido que era mejor no asistir a la fiesta. Ahora sus emociones eran demasiado intensas, su control demasiado frágil. Ella, que se enorgullecía de su control, comenzaba a preocuparse por sus pequeños errores. Hongki y Jaejin se estaban convirtiendo en una debilidad que difícilmente podría afrontar.
Silenciosamente, recorrió el camino empedrado que conducía a una sección del jardín más profunda, sombreada por arbustos florecientes y árboles. Sabía que era creación de Terrie. Su amiga tenía una habilidad para la jardinería que a menudo se salía de control, pero el jardín era una obra maestra de serenidad. Casi media hectárea de vegetación lozana y árboles en miniatura.
Finalmente, Tally llegó a una aislada cascada en la parte occidental de los jardines y al banco acolchado oculto bajo el refugio de un pequeño cenador de hierro cubierto de vid.
El banco era amplio, acojinado y, lo más importante, privado. Tally necesitaba tiempo para sobreponerse antes de enfrentar a Hongki o a Jaejin. No era que el pensamiento de un ménage con los dos hombres la molestara. Era una persona extremadamente liberal en sus opiniones sobre la sexualidad y completamente honesta con el lado más oscuro de sus propios deseos sexuales.
El hecho era que en cualquier relación entre ella y Hongki, o ella, Hongki y su hermano, habría problemas, puesto que sus emociones estaban involucradas. No estaba segura de cómo había sucedido o en qué momento, pero lo supo cuando se enfureció al entrar en aquella oficina y ver a Hongki follando con Terrie.
Ella sabía que eso pasaría con el tiempo. Diablos, podía haberlo evitado. Cuando Jesse le preguntó si había alguien que no debiera estar implicado en tal situación con él y Terrie, ella podría haber dicho algo, pero su orgullo le exigió callar.
Sin embargo, eso no tenía nada que ver con que Hongki estuviera follando a otra mujer, aunque sonara contradictorio, sino con que él no lo hacía con ella.
Esto es tan estúpido. Puso los ojos en blanco ante sus propios pensamientos.
En realidad, no estaba celosa de Terrie. Sólo estaba tan condenadamente consumida pensando en Hongki, y ahora en Jaejin, que no podía prestar atención a nada más. Había sido así desde su primera reunión en Electrónica Delacourte y su burlona apreciación de ella cuando los condujo a la oficina de Jesse.
Ella terminó su champán antes de reclinar la cabeza contra el banco y respirar el aire caliente de la noche. El sonido monótono de la cascada, los olores embriagadores de la noche y su propio cansancio estaban a punto de rendirla.
—¿Escondiéndote, Tally? —la voz tersa y oscura de Hongki hizo que sus ojos se abrieran con resignación.
¿Ella sabía que él la seguiría?
Levantó los ojos hacia él, observando el halo de luz alrededor de su pelo y la amplia silueta de sus hombros.
—Creo que es bastante evidente que no busco compañía —inyectó lo que ella esperaba fuera la dosis justa de fría burla en su voz, aunque era difícil, después de su última confrontación.
Él rió en silencio. El sonido fue bajo y tan perversamente divertido, que ella se levantó para regresar a la casa. Había estado muy furioso cuando se marchó la semana anterior, él y Jaejin echaban humo, literalmente, por lo que ella había hecho. Ella esperaba que esa ira regresara ahora.
—Tally —la mano en su brazo la obligó a detenerse, más por sorpresa que por otra cosa, cuando pasaba junto a él para marcharse.
Ella lo miró bajo la luz mortecina, sorprendiéndose por su expresión seria. Lo había visto burlón, sarcástico y francamente furioso, pero nunca había observado esa expresión en su rostro. Sus ojos estaban sombreados por un atisbo de pesar.
—Te extrañé —susurró, mientras deslizaba la mano por su brazo hasta tomar la de ella suavemente y llevarla hacia su cara.
Tally luchó contra la temblorosa respuesta que se inició en su vientre y comenzó a extenderse por su cuerpo. Su contacto era gentil al presionar la mano de ella en su mejilla. Tally podía luchar contra su dominio, más aún, disfrutaba haciéndolo, pero esta gentileza era destructiva, la debilitaba.
—Hongki —lo detuvo, intentando aclararse la garganta. Ella no había esperado esto. No esperaba esta ternura, esta necesidad que revolvió una parte de su alma a la que no sabía si podría responder.
—Pensé en ti cuando estaba lejos —giró su cabeza para presionar los labios contra su palma—. Soñé contigo. A menudo.
Su mano tembló. La voz de él era oscura y profunda, acariciaba sus sentidos como la brisa de la noche en su piel. Esto era increíblemente sensual, debilitante.
—Todo estuvo bien en la oficina —dijo ella desesperadamente, sin saber cómo responder, cómo reaccionar—. Sax tuvo algunos problemas con uno de los contratos...
—Tally, no me importa la condenada oficina —él se aproximó, colocó su mano libre en la cadera de ella y la acercó—. Controlas ese lugar como un sargento. No dudo que todo haya resultado como se planeó.
Si él estuviera enojado o si su voz fuera desagradable, podría luchar contra él, contra el hambre que invadía cada célula de su cuerpo. En cambio, un gentil tono de diversión se introdujo en su voz llena de deseo e hizo que el pecho de ella se hinchara de orgullo. Era una asistente condenadamente buena y lo sabía.
Un segundo después la oficina quedó en el olvido mientras él ponía las manos de Tally en su pecho. Tomó sus caderas y antes de que pudiera protestar la levantó hacia él y colocó sus labios en la comisura de los de ella con una ardiente necesidad.
—Me gusta tu sabor, Tally —susurró cuando los dedos de ella se curvaron sobre sus hombros—. Tan dulce y caliente. He soñado con este sabor. Me despertaba el ansia. Jaejin y yo apenas pudimos pasar la semana sin ti, te ansiábamos tan desesperadamente que nos dolía.
—¿Nos? —ella intentaba no gemir al sentir el calor y la dureza de su polla contra su vientre y percibir la tensión que los rodeaba.
—Dime que no lo deseas, Tally —le dijo con gentileza cuando su mano le echó atrás el cabello mientras la miraba a la cara sombríamente—. Dime que no quieres que te toquemos, que te abracemos esta noche. Que no ansías saber que uno de nosotros, o ambos, estamos listos para ti en cualquier momento en que lo desees para darte lo que necesitas.
—En realidad, Hongki, deberías embotellar tu encanto y venderlo. Ganarías millones —ella tragó con fuerza; la imagen que él había provocado la tentaba más de lo que quería admitir ante sí misma.
—¿Te das cuenta de lo que te estamos ofreciendo, Tally? ¿Crees que puedes jugar con los dos hasta que escojas al que quieres? —le preguntó con suavidad—. No importaría si solamente me tuvieras a mí, o sólo lo tuvieras a él. No importaría en qué parte de este planeta estuviera, yo lo sentiría a él dentro de ti. Sentiría cómo tu coño aprieta fuertemente su polla, sentiría el calor de tu cuerpo bajo el suyo.
Tally abrió los ojos con sorpresa mientras él continuaba.
—Éste es el vínculo que compartimos, nena. Lo que yo amo él lo amará también. Lo que yo necesito él lo ansía también y viceversa. Nos perteneces a ambos, Tally. Para siempre. Imagina esto, nena. Nos tendrías a los dos para torturarnos y volvernos locos. Piensa en las posibilidades.
Oh, qué tentación, qué pensamiento tan deliciosamente carnal. Todas sus fantasías, sus deseos, sus sueños, contenidos en dos hombres a su disposición. El pensamiento era tan tentador, tan erótico, que ella no deseaba nada más.
La mano de Hongki se posó en la parte posterior de su cabeza, inmovilizándola para que sus labios rozaran los de ella.
—¿Sientes esto? —Susurró—, ¿tus labios bajo los míos, el calor que crece entre nosotros? Jaejin lo siente. Puede sentir tus labios igual que yo, su plenitud, su dulzura. Tal como te probé la semana pasada. Así como él reconocería tu contacto, tú sabes que yo también lo sentiría. Abre tu boca, Tally, déjame probar realmente el paraíso.
Le miró a los ojos, indefensa, atrapada por el hambre y el calor de su mirada.
—Esto es un error —Tally luchó por mantener el tono resuelto de su voz, para recordar qué frágil y vacía sería esa emoción a la fría luz del día.
—¿Un error? —Preguntó él con suavidad, tomándole una de sus manos y deslizándola por su pecho hacia su duro abdomen, hasta que sus dedos se cerraron alrededor de la rígida carne que ocultaba el calzoncillo de seda—. Siente esto, Tally. ¿Es realmente un error?
Tally se estremeció, no porque ansiara tan desesperadamente lo que tocaba con su mano, sino por el otro par de manos y el duro cuerpo caliente que apareció repentinamente tras ella.
Era su fantasía personal. ¿Cómo podía una mujer luchar contra su propia fantasía? Especialmente contra la que la había atormentado durante casi una década. Dos hombres dominantes, decididos y ambos hambrientos de ella.
Su cabeza cayó hacia atrás sobre el hombro de Jaejin cuando él se acercó a su cuello. Al mismo tiempo, se inclinó también la cabeza de Hongki, su boca cubrió la de ella, su lengua se abrió paso con fiereza entre sus labios para enredarse con la lengua de Tally. Era abrasador, intenso. La sensación explotó bajo su piel mientras cuatro manos masculinas vagaban por su cuerpo, aliviándola, enviando oleadas de calor a las profundidades de su sexo.
Sintió que moriría de placer. Una mujer no podía soportar tal grado de excitación carnal. Surgía a través de su torrente sanguíneo, azotaba su útero, palpitaba en las profundidades de su vagina.
—Suave —susurró Jaejin, mientras el beso de Hogki destruía su sensibilidad—. Tanto fuego. Estás muy caliente, Tally. Me pregunto si sobreviviremos.
Sus manos recorrieron la seda de su vestido al tiempo que Hongki movía una mano justo debajo de sus senos. Ella gritó contra su boca, poniéndose de puntillas, aferrándose a su cuello para acercarlo más.
—Podría comerte viva —gruñó Jaejin, apartándole el cabello, deslizando sus labios sobre la parte sensible de su garganta al tiempo que sus manos vagaban por sus nalgas apretadas.
Tally se estremeció. Podía sentir los jugos saliendo de su coño, humedeciendo su tanga mientras él agarraba el tejido de su vestido y comenzaba alzarlo.
No podía respirar, pero no importaba. La lengua de Hongki la invadía, conquistando su boca, tragando sus gritos sordos de placer. Jaejin apartó la seda del vestido y deslizó sus dedos en la carne desnuda.
Sus manos estaban apretadas en el pelo de Hongki. El placer rasgó su cuerpo, la anticipación calcinaba cada una de sus terminales nerviosas.
—Diablos, tienes el culo más hermoso del mundo, Tally.
Los labios de Hongki se movían frenéticos sobre los suyos, su lengua se hundía en su boca mientras ella se retorcía en sus brazos. Unas calientes manos masculinas separaron sus piernas y Jaejin se arrodilló detrás de ella. Tally se preguntaba si podría sobrevivir un segundo más a ese contacto.
La mano de Jaejin jugaba con las curvas de su ano; Hongki apartó la boca de sus labios y la enterró en su cuello, al tiempo que sus manos deslizaban los delgados tirantes de su vestido por sus hombros hasta que las cimas de sus senos estuvieron desnudas. Si no la estuvieran tocando ambos, habría podido protestar, se habría preocupado de que alguien los viera.
Hongki introdujo un duro pezón de Tally en su boca mientras Jaejin le mordisqueaba el trasero, le apartaba con manos firmes las nalgas y su lengua empezaba a trazar ardientes y rápidos diseños cada vez más cercanos a la fruncida entrada de su ano.
— ¡Oh, Dios! No más —se arqueó entre los brazos de Hongki y, a pesar de sus palabras, lo sostuvo contra sus senos mientras sentía que Jaejin retiraba su tanga de entre sus nalgas.
La succión de su boca en su carne, su lengua atormentando su pezón perforado, sus dientes tirando alternadamente del pequeño aro dorado provocaba en su sexo una necesidad frenética. Estaba ardiendo, sentía que se fundía. De repente, Jaejin separó más sus muslos para colocar la cabeza entre ellos; su lengua era como un látigo de éxtasis atormentador cuando lamía los jugos que se derraman por su culo, mientras un dedo diabólico comenzó a buscar la entrada a él.
Hongki colocó alrededor de su cadera la pierna de ella, para que los labios y la lengua de Jaejin comenzaran a torturar la carne desnuda de su coño. Su lengua se deslizó dentro de su vagina, bombeando con fuerza mientras ella se estremecía en los brazos de Hongki.
Era insoportable. Si se detenían moriría.
El dedo de Jaejin empezó a introducirse lentamente en su ano, usando los jugos que resbalaban de su coño. Cuando los músculos de Tally se adaptaron a esa pequeña penetración, Jaejin introdujo un dedo más, manteniendo viva la ardiente tensión, esa pequeña chispa de placer/dolor casi suficiente para llevarla más allá de los límites.
—Estás tan caliente que nos quemarás vivos —gimió Hongki en su pecho mientras continuaba inmovilizándola para las exploraciones de Jaejin—. ¿Se siente bien, nena? ¿Te gusta que su lengua te folle, que sus dedos te preparen?
Tally se estremeció, aturdida por el placer. Eso era demasiado bueno. Era más de lo que ella había soñado que podría ser.
—Podría levantarte ahora, Tally, introducir mi polla en tu apretado coño mientras Jaejin toma tu ardiente culo. Todo lo que tienes que hacer es pedírmelo. Dime que lo deseas, Tally —su voz estaba ronca por el deseo mientras levantaba la cabeza para observarla bajo la pálida luz—. Ahora, Tally.
Ella abrió la boca, las palabras temblaban en sus labios.
—Tally, ¿estás ahí? —la voz imperiosa de Terrie los congeló—. Tengo una emergencia en la casa. Necesito tu ayuda.
Como un balde de agua helada la voz de su amiga llenó sus sentidos. Jaejin maldijo mientras le bajaba el vestido sobre su trasero. Hongki levantó la cabeza y la miró con un hambre que llegó directamente a su alma.
—Tally. Te necesito ahora —la voz de Terrie no admitía negativas—. Sé que estás aquí afuera.
—Ven a casa con nosotros, Tally —susurró Hongki, sus dedos acomodaron su vestido en tanto ella intentaba recuperar la cordura—. Te prometo que no te arrepentirás.
—Tally —volvió a llamarla Terrie, más cerca cada vez.
—¿Tally? —la voz de Hongki era suave, incluso cuando le ordenaba. Una demanda que sacudió su interior.
Por mucho que lo deseara, por mucho que supiera que lo lamentaría un segundo después, estaba convencida de que el precio que tendría que pagar sería demasiado alto.
—No puedo —se apartó de él rápidamente, mirando sus ojos entrecerrados con la determinación estampada en sus rasgos—. Dame un minuto, Terrie —escuchó su propia voz ronca, inestable, pero no podía hacer nada—. Ya voy.
El silencio cayó sobre ellos durante largos segundos.
—Te esperaré aquí —respondió Terrie con determinación. Tally miró a Hongki, furiosa con él y con ella misma.
—Esto no puede ser —les dijo a ambos desesperadamente, sabiendo que ya era demasiado tarde para dar marcha atrás—. No volverá a suceder. El tiempo de las fantasías ha terminado, muchachos. Esto tiene que parar.
—Sabes que volverá a suceder —le advirtió él, aún con el deseo en su voz, mientras Jaejin maldecía otra vez, su voz airada, áspera por su propia lujuria—. La próxima vez no habrá interrupciones. Piensa en ello, señorita Jaded Tally.
Sus ojos se abrieron más cuando sus palabras penetraron en su cabeza y lo miró. Muy pocas personas conocían su identidad de Internet como Jaded. Tan pocas que ella podría contarlas con los dedos de una mano. Hongki no debería ser ninguna de ellas.
—¿No te dije una vez que tu pequeña vida ficticia se revolvería contra ti y te mordería el trasero un día? Considérate mordida, nena.
Wicked. La furia se precipitó por su torrente sanguíneo, candente e intensa. ¡Él era Wicked, el bastardo mujeriego del chat! El hombre cibernético de sus sueños fetichistas que tomaba parte en todas las fantasías que se le habían ocurrido a su imaginación depravada.
—Bastardo —silbó—. Me mentiste todo el tiempo.
—Como el infierno —el estaba frente a ella, casi nariz con nariz—. Te lo ganaste, querida, cuando empezaste a hablar de Lucifer y su microchip para el cerebro. Deberías mantener tus insultos internautas y los personales separados si quieres esconderte.
Ella temblaba de furia. No podía recordar haber estado alguna vez tan enojada. Había compartido cosas con Wicked. Él había sido alguien con quien estaba a gusto, con quien se sentía comprendida. El dolor laceró su pecho mientras reconocía que debería haberlo esperado, ya lo había sospechado una vez.
—Renunciaré —exclamó—. Que me condenen si continúo trabajando para ti.
Hongki encogió los hombros burlonamente.
—De cualquier manera estarás demasiado cansada para trabajar una vez que hayamos terminado contigo, así que haz lo que desees.
Sus dientes rechinaron por el esfuerzo de contener sus gritos de furia.
—No seré tu juguete —le informó con frialdad—. Ni tuyo ni de Jaejin.
Él entrecerró los ojos.
—Serás mucho más que eso, Tally —le dijo misteriosamente—. Te guste o no, ahora empieza la cuenta atrás. Disfruta de tu libertad mientras puedes. Te lo dije, nena, cometiste un error ese día en la oficina. No diste cuartel, maldita seas, será mejor que no te oiga pedirlo.
—Eso suena como una amenaza —ella mostraba una imperiosa calma, pero en el fondo se sentía tan asustada como si cruzara un nido de serpientes.
—Prefiero verlo como una promesa —aseveró enigmáticamente—. Pero puedes tomarlo como te plazca. Algún día te tendremos, Tally.
—En tus sueños —ella temblaba de furia; furia y lujuria. No sabía si quería matarlo o follar con él.
—¿Tally? —le llamó Terrie con firmeza—. Ahora.
La boca de Tally se curvó de manera insultante al mirar a Hongki durante un largo instante antes de volverse y correr hacia Terrie. Estaba ruborizada, furiosa y cansada. Tratar con Terrie en esos momentos no era precisamente algo que estuviera buscando hacer.

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