CAPITULO II

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Lee Hongki iba a ser la muerte de ella. Tally Raines introdujo el último de los gráficos que él había pedido en el archivo de datos y suspiró de aburrimiento. La tarde se extendía delante de ella y había rebajas en Brighton, la exclusiva tienda de zapatos de la ciudad.

Escaparse de la oficina se estaba convirtiendo cada vez en más difícil de hacer. Ella juraría que Hongki tenía cámaras ocultas en la oficina para grabar el tiempo que ella pasaba fuera del escritorio. Tenía una hora para almorzar y sólo una hora. Eso apenas era suficiente para ir a su cafetería favorita y encargar un capuchino, mucho menos para comer o salir de compras. Trabajar para Jesse había sido mucho más fácil. ¿Qué le había hecho pensar que podría tolerar trabajar para Hongki?

Por supuesto, había tratado de oponerse al cambio, pero fue en vano. Jesse había estado regocijadamente satisfecho de tenerla fuera de su oficina. Ella resopló. El hombre estaba demasiado mimado, especialmente tras casarse con Terrie.

Pensar en Terrie hacía que una tristeza agridulce la recorriera. Jesse había ordenado no más piercings, no más tatuajes, y parecía determinado a controlar cada salida que hacía con la otra mujer. No más aventuras. Había tan pocas de sus amigas que pudieran apreciar algunas de sus escapadas más atrevidas.

Y no es que hubiera habido alguna en las semanas pasadas. Realizar sus faenas favoritas se había atenuado un poco, aunque no estaba segura de por qué. El hecho de que hubiera empezado la noche en la que se tropezó con el pequeño ménage de Jesse, Terrie y Hongki no tenía nada que ver con eso, se aseguró a sí misma. Pero no podía apartar la imagen de su mente.

Terrie había estado intercalada entre los dos hombres, la polla de Jesse ensanchando su culo mientras Hongki follaba su coño con salvaje lujuria. Tally se había ido rápidamente, pero no podía olvidar lo que había visto. No podía evitar la excitación que había provocado en su cuerpo y eso la estaba volviendo loca.

Y no era que ella realmente deseara a Hongki, se aseguró firmemente, ignorando el calor pulsante entre sus muslos. Arrogante, vil y tan presumido como era, ella seguramente podría tener algo mucho mejor. ¿O no?

—Tally, necesito el archivo Charter —Hongki entró desde su oficina, con un ceño en su cara mientras la miraba fijamente.

Ella alzó una ceja con fría inquisición.

—El contrato Charter salió la semana pasada.

Se giró hacia el ordenador y guardó la información antes de recoger el archivo en el que ella había estado trabajando y colocarlo a un lado del escritorio junto con otra docena. Prácticamente podía oír a Hongki rechinando los dientes.

— ¿Te he preguntado cuando salió? —le preguntó suavemente—. No lo creo.

Y ahora esa voz Tally se tensó para controlar el estremecimiento que quería recorrer su médula espinal. Requirió todo su control, pero mantuvo sus movimientos lisos, lánguidos, mientras salía del programa y se recostaba en su silla antes de girar para encontrarse con su mirada de nuevo.

Cruzó sus piernas perezosamente, ignorando el temblor de excitación cuando la mirada de él se deslizó a la carne cubierta de seda y se calentó con una llama de lujuria. Y si no estaba equivocada, él estaba definitivamente excitado.

Mantener su expresión tranquila ante el súbito parpadeo de fuego en los ojos de él no fue fácil. Sus duros rasgos estaban casi salvajemente delineados, la curva de su labio inferior apretándose mientras su mirada se elevaba a la de ella de nuevo.

Ella alzó lentamente una ceja, consciente de que el se pondría furioso. Si él estaba furioso, estaba fuera de control. A un Hongki fuera de control ella lo podría manejar. El calmado, decidido Hongki había enviado una gran agitación rozando a través de su sistema

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