Reto 22

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Consigna: Escribe una historia de terror cuyo contexto se enmarque en un manicomio.


—LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO—

—¿Estás segura de esto? —preguntó mi mejor amiga que andaba, a pasos sigilosos, detrás de mí—. No es que crea en esas cosas, pero es cierto que cosas extrañas suceden aquí.

—Son solo rumores, Male —aseguré— no te preocupes por nada, solo quiero una entrevista.

—La monja dijo que puede que ella no diga nada, mejor vámonos, este ambiente me pone la piel de gallina.

—No es el ambiente, eres una gallina —me burlé—. Aún si no obtengo ni una sola palabra de ella, quiero ver con mis propios ojos lo que sea.

—Lo que sea —ironizó la castaña que accedió a acompañarme, y justo ahora se arrepentía como nada por haber sentido curiosidad—. Ni siquiera tienes un objetivo. Mejor nos vamos y vuelves cuando tengas claro lo que quieres.

—¿Irnos?, ¿tienes idea lo mucho que me ha costado llegar acá? Soy de otra ciudad, y quién sabe cuándo vaya a tener otro día libre. Ya vinimos, nos quedamos —anuncié con una cínica sonrisa.

—La monja ni siquiera nos acompañó —lloriqueó Male y me reí de ella, sobre todo porque no podía evitar sentir el temblor de sus manos que se aferraban al borde de mi blusón.

—¿Quieres asfixiarme o desnudarme? —pregunté cuando al siguiente paso sentí el borde de mi cuello presionar mi garganta, debido a que mi amiga detuvo sus pasos.

—¡Ahhh! —gritó llevando sus manos a la cabeza y dejándose caer al suelo.

—¿Qué? —pregunté preocupada. Male era nerviosa, pero nunca le había escuchado gritar así—. ¿Male, qué sucede?, ¿me estás escuchando? —cuestioné, pero no respondió. Sin levantar la mirada, con su mano aún más temblorosa, señaló detrás de mí.

Un escalofrío recorrió mi espalda, mientras el viento susurraba algo a mis oídos. Lentamente giré la cabeza, para no lograr divisar nada.

—Te atrapé —susurró Male a mi oído, haciendo que mi corazón se detuviera. Entonces una estridente carcajada disipó un poco la tensión en el ambiente.

—¡Casi mojé mis pantalones! —me quejé golpeando a la castaña idiota que me dio tremendo susto—. ¿Qué mierda tienes en la cabeza?

—Esto es súper aburrido —se quejó de nuevo—. No pasa nada, ni los locos. ¿Qué no es esto un manicomio?

—Lo es —aseguré—, pero en esta área no hay muchos pacientes, y como son peligrosos, siempre están sedados.

—Genial, no solo me traes al manicomio, sino con los locos peligrosos. Agradezco que seamos amigas, sino quién sabe a dónde me llevarías.

—Male, tú eres más peligrosa que todos los pacientes de esta área, juntos.

—¿Eso... —una pregunta a medias.

—No caeré en otra broma, ¿puedes parar esto? —casi supliqué, retrocediendo incluso mis pasos para no encontrar nada. Male no se veía por absolutamente ningún pasillo—. Male, esto no es divertido, es suficiente —dije, pero Male no reapareció.

Marqué su número en mi teléfono, para escuchar el sonido algunos metros adelante, por un pasillo que al menos yo no había recorrido antes. Conforme me acercaba la luz disminuía, haciendo perceptible el parpadeo del celular en el piso.

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!