Capítulo 9

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—Allison...— no lo dejé terminar, quise evitarlo pero no pude. Vomité. Ojalá le hubiera dado tiempo a decir lo que tenía que decirme. Lo pasé muy mal, pero con suerte mañana no recordaría nada, y así fue.

[...]

Al día siguiente me desperté en mi habitación. Al abrir los ojos noté como todo me daba vueltas y aparte tenía un fuerte dolor de cabeza, pero no era nada que no se pudiera arreglar con un ibuprofeno. Cuando la habitación dejó de darme vueltas me levanté. A simple vista estaba todo bien, y no había nadie en mi cama, eso era una buena señal. De repente me puse muy nerviosa, no podía recordar nada de lo que pasó anoche. Solo lograba acordarme de que ayudé a Running To Hell a montar el escenario y algunos recuerdos leves como que bailé con Simón. No parecen cosas tan graves, ¿no? Lo único que me interesa saber ahora mismo es cómo acabé en mi habitación, en qué momento de la noche los invitados se fueron a su casa y si hubo algún incidente. Ahora que lo pienso no sé ni siquiera si los invitados han llegado a irse o si siguen abajo. Tenía que saber qué fue lo que pasó anoche, no podía dejar en blanco toda una noche en mi vida, ¿y si pasó algo importante y yo no podía recordarlo?

Después de tardar media hora en ducharme y vestirme—me puse unos vaqueros, un jersey y unas vans negras— salí por fin de mi habitación. Si soy sincera tenía miedo, no sabía realmente lo que me podía encontrar abajo. Mientras bajaba por las escaleras me di cuenta de que estaban fregadas, alguien las había limpiado. ¿Quién se habría quedado a limpiar? Una vez llegué al comedor, Sarah e Isaak dormían plácidamente en el sofá, y no había ni rastro de otras personas. El salón también estaba recogido y todo lo que había guardado de las estanterías ya estaba colocado en su sitio. Podría decir lo mismo de la cocina y de los cuartos de baño, todo limpio. Salí a mirar el jardín, y me quedé bastante sorprendida. Allí en medio estaba Oliver con escoba y recogedor en mano, barriendo las latas de cerveza que habían por el suelo.

—Oliver, ¿qué estás haciendo?— me acerco a él y le miro. Estaba sudando a pesar del frío que hacía.

—Limpiar, creo que es obvio— me lo dice con un tono irónico, parecía contento.

—Já, que gracioso— le empujo de broma pero aun así soy incapaz de hacer que se mueva de su sitio. —Me refiero a por qué estás limpiando, tenía pensado hacerlo yo cuando me despertara.

—Como lo de la fiesta fue idea mía, me sentía mal que te tocara a ti recogerlo todo. Entonces decidí limpiarlo yo, y por lo que estoy viendo, lo estoy haciendo bastante bien.

—Oliver, no dejas de sorprenderme— me paso la mano por el cuello y noto que todavía llevaba el collar que me regaló en Navidad. Noto cómo me mira e intentó cambiar de tema de conversación.— ¿Y no te habrán ayudado por casualidad Sarah e Isaak a limpiar?— estaba casi segura de que sí, ¿cómo iba a limpiar él solo todo esto?

—¿Qué? No. Lo he limpiado yo todo, esos dos no se han movido ni cuando me ha tocado mover el sofá para limpiar por debajo.

—¿En serio? Pues entonces necesitas descansar— le quitó el recogedor y la escoba y me pongo yo a terminar de recoger lo que faltaba.

—Ally que te he dicho que ya lo hago yo— me coge de la cintura y me coloca en sus hombros, como si llevara un saco de patatas. No paraba de decirle que me bajara, que no iba a permitirle seguir limpiando, pero ni caso. Me sienta en una tumbona.

—Tengo una idea. Yo no voy a limpiar y tú tampoco, vamos a hablar un rato, si eso que limpien lo que falta Isaak y Sarah— le dije convencida, a mí tampoco me parecía bien que lo limpiara él todo.

—Vale, me parece bien— se sentó a mi lado.

Estuvimos hablando casi una hora. Hablamos de cosas normales como por ejemplo, de cómo le iba en la universidad, de los nuevos amigos que había hecho allí, también que de vez en cuando echaba de menos a su familia pero que no los llamaba por orgullo y de algunas cosas más. Yo le conté que me faltaban unos meses para ir a la universidad, que tenía pensado irme a estudiar fuera, y que estaba barajando la posibilidad de estudiar psicología pero qué todavía no lo tenía muy claro.

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