Silo Nye: Fuera de la ciudad

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Conducir no era una actividad que divirtiera mucho a Silo. Él sabía perfectamente que había otros que disfrutaban manejando carros a altas velocidades o esquivando obstáculos. Silo no estaba entre esas personas. A él le disgustaba conducir. Siempre había intentado evitarlo.

No obstante, en esta ocasión no había otra alternativa. Él estaba obligado a ser el que conduciera. Después de todo, Tais estaba herida y Elio tenía que estar atento a otros vehículos que los estuvieran siguiendo o que se les acercaran demasiado. Tenía su arma lista en la mano.

Era de noche y las luces de su vehículo no estaban completamente encendidas. Elio les había dicho que así era mejor. Que prenderlas a toda su potencia habría llamado la atención. Por ello Silo tenía que esforzar la vista. De lo contrario corrían el riesgo de chocar.

Ya habían salido de la ciudad, que era lo que más le preocupaba a Silo, pero no a Elio. A este último le parecía que era más fácil ubicarlos en el espacio abierto en el que se encontraban. En ese momento estaban en el campo dirigiéndose a un cerro en el que se encontrarían con Cersa y Ora. Ellas dos habían abandonado el albergue y de alguna manera debían llegar hasta ese punto de encuentro. A Silo le pareció escuchar que se prestarían una moto de alguien que vivía cerca.

No importaba. Lo que habían negociado era que esperarían en ese cerro hasta media noche. Después se irían al campo.

Elio tenía un contacto que los podría esconder por un tiempo. Los cinco podrían esperar ahí a que todo se calmara. Según Elio, se trataba de alguien confiable. Silo esperaba que fuera realmente confiable, porque estaba poniendo sus vidas en sus manos.

Después de manejar por dos horas, por fin llegaron al cerro. Apagó el motor, apagó las luces y se recostó en el asiento.

"Ahora solo queda esperar", comentó Silo y se volteó hacia Elio y Tais.

Silo abrió la puerta del transporte y salió. Se encontraban en un espacio un poco árido, pero con densa vegetación. Por eso Elio supuestamente lo había elegido como punto de encuentro. Había árboles gruesos y arbustos.

Silo consultó su reloj. Faltaba un par de horas para la media noche. Esperaba que las dos chicas llegaran pronto para poderse ir. Esta situación transitoria lo ponía tenso. No le gustaba.

De pronto, Elio lo sacó de sus pensamientos.

"Silo, por favor", le dijo. "No te alejes demasiado del vehículo"

El escritor suspiró y regresó al vehículo. Había estado manejando por dos horas, así que no sintió ganas de volverse a sentar dentro. Se quedó parado junto a la puerta. Miró al cielo. Las estrellas se veían con bastante claridad.

Bajó la mirada para comentarlo con su hermana y de pronto se dio cuenta de que Elio había desenfundado su arma. Silo lo miró extrañado.

"¿Has oído algo?", fue lo primero que pensó en preguntar. "¿Estamos en peligro?"

"Lo siento mucho, Silo", dijo Elio. "Realmente lo siento mucho, pero ellos tienen a mi familia"

Entonces Silo se dio cuenta de que estaba en problemas. Que Elio era una amenaza y que ahora todo dependía de él. Del pequeño inofensivo escritor. Silo no era una persona de acción, pero se enorgullecía en tener un cerebro que iba rápido.

"Vamos Elio, tú nos conoces mejor que esto. Somos como tu segunda familia", comenzó a hablar inexpresivamente. Podría sonreír, pero se vería falso. Elio casi nunca lo había visto sonreír. "¿Cómo crees que te vas a sentir cuando estés de vuelta con tu esposa e hijos, sabiendo que por tu culpa nosotros fuimos asesinados?"

"Lo siento. No tengo opción. Lo sé. Sé que está mal y que me va a torturar el resto de mi vida. Pero no tengo opción"

"Siempre tienes una opción. Estás tomando la ruta fácil. Estás decidiendo dejarte gobernar por alguien más. Pero en realidad hay muchas cosas que podrías hacer. Muchas cosas que podemos hacer juntos. Podemos colaborar. Ya ha habido mucha muerte. Mucha pérdida..."

"¿Crees que no lo sé?", Elio gritó molesto. "¡Mi hijo menor! Se lo han llevado y no me lo van a devolver. Mi esposa me dice que soy un cobarde por no hacer nada al respecto. Me negué a sus chantajes al comienzo y me mandaron un dedo del pobre Cano. ¡Uno de sus deditos! ¿Sabes cómo me hace sentir eso?"

"¿Molesto?", exploró Silo.

"Impotente", completó Elio levantando su arma a la frente de Silo. "Lo siento mucho. No es nada personal"

Silo cerró los ojos e instintivamente siguió hablando.

"Por lo menos dime de quién es el encargo de matarme", dijo sin perder el temple.

"¿Cómo? ¿No es obvio a estas alturas? El mismísimo Gran Almirante Gobseen", Elio suspiró y presionó el mango de su arma con más fuerza. "Realmente lo siento, Silo"

"Está bien", dijo Silo con dignidad. "Espero que tu esposa se acostumbre pronto a vivir con un cobarde"

Elio dudó al escuchar esto. Y eso fue todo lo que Ora necesitó.

La niña estaba escondida detrás de un árbol y había estado escuchando todo. En ese momento lanzó una piedra para un lado, con esto distrajo a Elio por unos segundos. Luego salió de su escondite y saltó encima de Elio con un cuchillo en la mano. Se lo clavó en el cuello, cayó al suelo y rodó un par de metros. Luego se levantó con las manos en puño, lista para seguir la pelea. Pero no fue necesario.

Elio se estaba desangrando en el piso. Cersa, que había llegado con Ora, ayudó a Silo a caminar hasta el vehículo Los cuatro se subieron y salieron de ahí.

No tenían claro a dónde irían. El escondite que les habría prometido Elio ya no era una opción, lo que quería decir que ahora tendrían que improvisar. No obstante, si Gobseen era el que estaba detrás de todo, lo mejor sería salir del planeta. Silo creía tener una forma de hacerlo.

Profesor Cade NyeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora