Capítulo 3: Bienvenida

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—También es nuevo, debe estar por llegar, te caerá bien—Palmeó su cabeza como si fuera un perro.

Yo reí ante su acción.

Él me guiñó el ojo bromeando.

—Llegué, Aarón...Unos malditos chicos querían que les prestara un preservativo ¿Tengo cara de farmacia o qué? —Habló riendo.

— ¿Y se lo prestaste? —Preguntó Aarón atento como si fuera importante.

—Obvio, no queremos un embarazo—Él rio al igual que Chloe.

Sigo buscando el chiste.

—Él es mi compañero de cuarto, ella es Chloe mi mejor amiga y ella su hermosa compañera de habitación—Volvió a sonreírme, le advierto que le saldrán arrugas a temprana edad si sigue sonriendo de esa forma.

—Soy Scott—Saludó y me observó.

—Elizabeth—Me presenté al notar que esperaba que dijera mi nombre.

—Elizabeth es muy largo—Se sentó al lado de Aarón—Te llamaré Ellie.

Uno queriendo huir de su antigua vida y llega un imbécil a recordarte de dónde vienes, ya decía yo que todo era muy bonito para ser real.

—No—Ya me había enojado, es que no controlo mi ira.

—Llámala Beth—Habló Chloe por mí.

Él rio y asintió al notar que no me agradó su comentario.

—Buenas tardes—Habló el director por el micrófono—Quiero darle la bienvenida a los nuevos alumnos del internado, si están aquí es para terminar sus estudios con calificaciones perfectas y para mejorar su disciplina drásticamente—Chloe ríe en silencio—Deben respetar la serie de normas que tenemos aquí, no pueden salir del internado a menos que sus padres firmen un permiso, si alguien los viene a visitar debe ser antes de las diez de la noche en el estacionamiento, si excede el tiempo estimado usted permanecerá afuera ya que las puertas serán cerradas y obviamente habrá consecuencias, no puede tener ninguna sustancia ilícita en su habitación, las habitaciones son revisadas todos los lunes en la mañana, cada quien debe dormir en su habitación correspondiente, tenemos a personas cuidando los pasillos en las noche de cada edificio, deben usar el uniforme reglamentario para asistir a clases—Miré a Chloe.

— ¿Uniforme? —Pregunté.

—Bienvenida al infierno, amiga—Sonrió.

Siguió con las normas pero me aburrí y decidí dormir en el hombro de Chloe.

Alguien tocó mi mejilla varias veces para despertarme.

— ¿Te dormiste? —Me preguntó Chloe.

—No, descansaba mis parpados—Hablé sarcástica mientras me estiraba para relajar los músculos y nos levantamos.

—Acompáñennos a la habitación—Los invitó Chloe tomando mi brazo para que no me apresurara.

Fuimos al edificio y mi estomago sonó anunciando la llegada de mi hambre.

—Muero de hambre—Abrí la puerta de la habitación.

—Yo igual—Escuché a Scott quejarse.

Veo que en mi cama hay un uniforme al igual que en la de Chloe. Son horribles.

— ¿Es ese? —Hablé asqueada.

—Así es—Gruñí con fastidio, lo que me está haciendo pasar mi padre.

Vi cómo me llamaban en Skype desde mi laptop. La agarro y leo "Papá" ¿Tan rápido me empieza a molestar?

—Es mi padre, cállense— Contesté. —Hola.

Veo que está junto a Bianca en la imagen, parecen uña y mugre. La mugre obviamente es Bianca y mi padre una uña fea y descuidada.

—Hola, ¿Cómo va todo allá? —Preguntó sonriendo.

Pareciera que me hubiera mandado de vacaciones a Hawaii.

—Solo intento ser amigable—Se quejó mi padre al ver la mueca que puse en mi rostro.

—No está funcionando—Rodé los ojos con indiferencia.

Vi que Chloe me hacía señas de que iría a buscar comida con Aarón y asentí.

Observé como Scott prendía un cigarrillo y se ponía a fumar en la ventana.

—Sobre lo que dijiste antes de irte...—Lo interrumpí.

Mantengo lo que dije, estoy muy decepcionada de la persona que se ha convertido al pasar los años.

—Padre... No quiero hablar contigo.

—Ellie...—Se quejó.

Hace esto demasiado complicado, por qué no solo deja de joderme, ya estoy en un internado y en otro continente ¿Qué más quiere de mí?

— ¡Ya, para...Maldición! —Hablé enojada.

—Te llamaré cuando no estés enojada.

Suerte con eso.

—Entonces no llames nunca más—Ironicé.

Él suspiró y yo colgué la llamada antes de que dijera algo mas.

Agarré el narguile de Chloe e inhalé un poco, sabe a cereza.

—Parece que no se llevan bien—Scott se giró para mirarme.

—No es tu problema—Respondí después de soltar el humo.

Miré el reloj y marcaban las siete de la tarde.

— ¿Siempre estás a la defensiva? —Preguntó sonriendo con notoria ironía en su rostro.

— ¿Siempre sonríes con sarcasmo?

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