Capítulo 7: Difuso (Parte 1)

17 2 3

Capítulo 7

(Primer fragmento)

DIFUSO


No había clareado la bruma cuando Derló susurró el nombre de Ribée al otro lado de la cortina que cubría la puerta de su choza. Ella se despertó sobresaltada, con la cabeza pesada por el cansancio después de una noche de mal dormir por culpa de las pesadillas. Casi había olvidado su incursión tempranera al pantano para conseguir tierra fértil.

Se puso de pie con un quejido e intentó estirar los músculos mientras le tronaban los huesos. Asomó la cabeza por el costado de la cortina de su puerta y encontró al jefe de recolectores ahí, apoyado en el umbral. Él se agachó bastante, hasta poner su boca cerca del oído de la joven.

—No hagas ruido —le pidió en un susurro— y trae tu ropa de abrigo.

Ribée entre dormida y confundida, no lo cuestionó.

Tomó su saco de piel y las botas que tenía guardadas desde que las cambiara por unas sandalias de junco como las de los calimas.

Salió de su choza justo a tiempo para ver a Derló girar hacia la derecha en un pasillo a dos chozas de la suya. Corrió pisando apenas con las puntas de los pies, para no ser oída por los demás aldeanos que dormían.

Era de noche aún. Se preguntó si habría alcanzado a dormir al menos dos o tres horas. Con ese brillo sutil que constantemente iluminaba la bruma, era difícil calcular cuánto faltaba para que amanezca.

Alcanzó a Derló al borde de la plataforma que sostenía a la aldea.

—La orilla queda hacia allá —dijo él en voz muy baja apuntando hacia algún punto unos metros más delante de sus pies donde todo estaba tan blanco como la nada misma—. Sostente con fuerza —le ordenó mientras le ofrecía un brazo.

Ribée terminó de calzarse las botas y ponerse el abrigo, al desocupar sus manos tomó el brazo fino y huesudo que le ofrecía muy gentilmente. Fue una situación incómoda para ambos.

Él dio un paso seguro fuera de la plataforma y sus pies se enterraron en la neblina. Ella no lo siguió, así que quedó en una posición que le impedía mantener el equilibrio. Sus pies quedaron anclados a casi un metro de donde estaba él. Se hubiera caído de cabeza al agua de no ser porque sujetaba con fuerza el brazo del hombre. En apenas un segundo se dio cuenta que él no estaba en el agua, tampoco sobre la plataforma: caminaba sobre la bruma.

"¡No puedo hacer eso!" gritaba una voz alarmada dentro de la cabeza de Ribée y sus pies se negaban a moverse.

—Si tienes miedo, podemos dejarlo —le ofreció Derló con una mirada inquisitiva.

Ella reaccionó. Sabía que si no juntaba coraje se iría su última oportunidad para conseguir tierra para su huerta.

Aventuró un paso corto y sacó el otro pie del muelle para adentrarse por completo en la bruma. Él comenzó a caminar, tirando de Ribée con suavidad, esperando paciente a que se acostumbre a la consistencia nubosa de lo difuso.

Ella estaba sorprendida y encantada en partes iguales. No se sentía como nada que hubiera experimentado antes. Era blando, pero firme. Sus pasos se sentían inestables, pero mantenía el equilibrio. Buscó algo con qué comparar esa sensación. Recordó que cuando era niña había caminado sobre una red de pesca estirada por cuatro estacas para secarse, se sumergió en el río por su peso hasta el punto en que el agua le llegaba casi a la cintura. Era una sensación similar a caminar por una red sumergida en el agua, aunque estaba seca y la bruma dejaba una caricia tibia en sus piernas.

Sonrió y Derló le devolvió la sonrisa.

Sonrió y Derló le devolvió la sonrisa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El fin de NoweDonde viven las historias. Descúbrelo ahora