Prologo.

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CORY.

—Vamos, Cory, manos firmes, ajusta los espejos, revisa la palanca de cambios —continuaba diciendo mi padre.

—¿Por qué tengo qué hacer esto? —volví a preguntar ciertamente molesto.

—El proximo año te graduas —respondió como si fuera obvio, cosa que en realidad era, pero no festejaba mucho por eso.

Ni siquiera sabia aún que estudiaría luego, mi padre no sabia eso, me mataría probablemente si se enterara.

—La mayoría de los chicos van en una limusina compartida.

—Tú no eres la mayoria, Cory —insistió—. Gabe sacó su licencia, tu debes hacer lo mismo.

—Tenemos el mismo rostro —protesté rodando los ojos—. Podemos usar la misma licencia.

—De nuevo, ahora, enciende el auto —exigió.

No quería mi licencia, detesto conducir, me da algo de miedo desde que Bob, un antiguo compañero de secundaria, chocó en su camioneta. Gracias, pero no gracias, caminar hace bien a la salud y es gratis.

—Papá... —me quejé y él lo prendió por mi.

Mi mamá afortunadamente llegó a tiempo para salvarme.

—No seas tan duro con él, ya aprendera —afirmó.

Amo a mi madre, siempre tan comprensiva.

—No lo apañes, es un hombre, y aunque eso no tenga nada que ver, pero se supone que debería tener más ganas de conseguir la licencia, ya es mayor —suspiró—. Quieras o no harás ese examen, Cory.

—Dejalo tranquilo a mi pobre niño, ya esta la comida, vayan adentro, vamos.

Mi mamá se fue y mi padre bajó furioso del auto, afortunadamente no azotó la puerta.

—Da vuelta la manzana y guarda el coche —pidió golpeandome la ventanilla para que le prestara atención—. Tal vez sin mi puedas manejar mejor.

Mi padre se fue y yo tiré mi cabeza en el volante, mala idea, la bocina sonó y pegué un salto.

Cuando iba a arrancar, Gabe se subió en el asiento trasero y se puso el cinturón. Eso no me dio nada de confianza.

—Papá me mando a vigilar, da la vuelta rápido que quiero comer —pidió apoyando su cabeza en la ventana.

—Bien, ya voy —murmuré.

Di marcha atrás y finalmente comencé a conducir.

Detesto esto, no me agrada, planeo contratar a Gabe como mi chofer en el futuro, o incluso podría un taxi. Hay otras alternativas a la hora de transportarte, sé andar en bicicleta, podria usar eso a mi favor.

Cuando regresé a casa, estacioné el auto y con mi hermano vimos un enorme camión de mudanza a dos casas luego de la nuestra.

—Los señores Morris lograron vender su casa, bien por ellos —dije y Gabe asintió sin prestarme mucha atención

—Vamos a comer, ahora —exigió molesto.

Maldito tragón.

—Debo guardar el auto —avisé.

—Hazlo luego, vamos —insistió.

Comimos, juntamos la mesa, jugamos un rato con Rosie y mientras ella y Gabe jugaban afuera, yo comencé a guardar el auto en la cochera. Me molestaba que mi hermano no me ayudara, tenía miedo que chocara con algo.

Cuando terminé y regresé al patio delsntero de la casa, me encontré con Rosie acariciando un perro.

—¿De dónde lo sacaste? ¿Dónde está, Gabe? —pregunté y ella se encogió de hombros.

—Fue a buscar la pelota que está mi cuarto, y el perro vino hacia mi, es muy bonito —respondió sin dejar de acariciarlo

Me acerqué a él y vi que tenia collar, se llamaba Coco. Su dueño debía estar cerca, incluso podría haberse perdido de su cssa.

—No es tuyo, Rosie —le recordé intentando apartarla, pero mi hermana no parecia tener ganas de eso.

Sip, es mio, lo lamento, suele escaparse de vez en cuando —me interrumpió una chica.

Miré hacia arriba y había una chica rubia. Tenía una musculosa rosada que se le pegaba al cuerpo, una campera de jean y un par de shorts negros, usaba sandalias y tenía una correa celeste en sus manos.

—Ven, Coco, ven mi bebé —murmuró con una voz mucho mas aguda poniendole la correa a su perro—. Soy Bethany Cooper, su nueva vecina, me mudé hace poco con mi tía.

Cooper... Cooper... ¡Mierda! ¡Bethany Cooper! ¿Esa Bethany Cooper?.

—Me agrada tu perro —confesó Rosie con una tonta sonrisa en su rostro.

—Y tu le agradas a él, apuesto a que más tarde podría venir a jugar —sugirió.

—Ya tengo la pelota, Rosie —avisó mi hermano.

Gabe la reconoció apenas la vio, porque su cara se puso roja, muy roja, como del color de su gorra. Eso me dio mucha risa, aparentemente era esa Bethany.

—Me tengo que ir, mi hermana me está esperando para desempacar, los veo luego —se despidió.

Bethany se fue y mi hermano y yo nos quedamos embobados viendola a caminar hacia su casa.

Estaba tan cambiada... pero en mi mente solo se repetía una y otra vez la palabra "hermana".

—Es una linda chica ¿No les parece? —admitió Rosie.

Los Gideon's y los Cooper's.¡Lee esta historia GRATIS!