Capítulo 14.

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Para Emmeline, todo parecía dar vueltas cuando se sentó en la cama ante los insistentes llamados de sus doncellas.

—Buenos días, Lady Emmeline. ¿Desea seguir durmiendo?

—¿Ya es hora de levantarse? —Gruñó mientras las miraba.

Kat y Jen rieron con disimulo.

—Solo si usted lo desea —compuso la primera—. Ya sabe que Lord Thornehill y la señora Elizabeth no tendrían ningún problema en dejarla dormir un poco más y saltarse el desayuno.

Emmeline terminó de despertarse e ignoró todos los dolores que la molestaban. Y todo gracias a que Kat lo nombrase.

Lord Thornehill. Solo Joseph para ella.

Sonrió mientras salía de la cama y dejaba que las muchachas comenzaran a prepararla. Asintió a las propuestas de ellas para la ropa que utilizaría ese día sin siquiera verla, y las instó para que se dieran prisa con el armado del peinado, logrando que le dejaran el cabello suelto como a Em más le gustaba.

Salió casi corriendo de la habitación, tan rápido que se chocó a alguien ni bien estuvo en el pasillo.

—¡Oh, lo siento! —Exclamó. Pero cuando levantó la vista, no era ningún sirviente quien estaba ahí—. Joseph —articuló.

El Marqués estaba todavía sorprendido, pero sonrió al ver a la alborotada dama.

—Buenos días, Emmeline.

Em no había podido aclararse las ideas acerca de lo que había sucedido la última vez que se vieron, recordaba el beso, las caricias... Pero no cómo había llegado a la cama, de nuevo.

—¿Bajas a desayunar? —Preguntó al no tener una palabra.

—Sí, sí —balbuceó.

Joseph le ofreció un brazo para sostenerse y así escoltarla hasta el comedor.

—¿Cómo te sientes? —Susurró cuando las doncellas y su ayuda de cámara estuvieron lejos—. ¿Tu cabeza?

Se giró con lentitud para verlo, porque temía que si lo hacía más rápido iba a marearse y caer por las escaleras.

—Me siento horrible. ¿Por qué tú bebes tanto y no te afecta?

—No estás acostumbrada. Y el whisky que bebiste era muy fuerte, escocés puro, el mejor. Una buena elección, pero era demasiado para una principiante.

—Supongo. —Se quejó—. Y Hmm, ¿Joseph?

—Volviste a dormirte en el sillón y te llevé a la cama —dijo él sin necesidad de que formulase la pregunta.

El color invadió las mejillas de una señorita que pocas veces se ruborizaba.

Emmeline cerró los ojos, avergonzada.

—Lo siento —articuló.

Thornehill soltó una risa ahogada y con disimulo se acercó a su oído.

—Para mí es todo un placer, milady, no lo sienta.

Ella dio un respingo y abrió los ojos como plato. Clavó los zapatos en el escalón, obligándolo a detenerse a él también, que ya tenía un pie en el siguiente.

—No estoy bromeando —siseó manteniendo la voz baja—. No te burles de mí.

Joseph se paró en el escalón subyacente al de Emmie para poder tenerla a la misma altura.

—Emmeline, no estoy bromeando —aseguró, serio—. Y volvería a hacerlo, tantas veces como fuera necesario.

Contuvo el aliento.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!