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«¡Tú le dijiste!» habíamos exclamado Zaray y yo al unísono en cuanto Alan tomó una distancia prudente. Grande fue nuestra sorpresa al descubrirnos a ambas negándolo simultáneamente. En ese momento mi mirada se volcó hacia Matheo por inercia y directamente demandé una respuesta que esperaba fuera lo suficientemente válida como para disipar nuestras dudas, cosa que veía bastante difícil ya que en esos instantes pensaba que nada podría quitarme de la cabeza que probablemente había estado tratando con un acosador potencialmente peligroso, y es que, en mis intentos de convencerme de lo contrario no hallaba una explicación coherente que pudiese darle una justificación al extraño hecho de que manejara toda esa información sobre mí. Pese a ello, conservaba una mínima esperanza de que mis suposiciones fueran erróneas, la misma que, finalmente, me dio el valor para escucharle sin salir corriendo por el temor, el temor de tener que verme forzada a alejarlo de mí. Tras oír su aclaración, no pude sentirme más tonta, y aliviada. Mi miedo absurdo se esfumó en cuanto Theo confesó que se arriesgó diciendo todo eso sólo para hacer más creíble nuestra falsa actuación frente a Alan y que de lo único que estuvo seguro fue al decir que mi cabello solía ser castaño pues lo había notado en la pigmentación de mis raíces, el asombro plasmado en su rostro luego de que Zari le dijera que había dado en el blanco con todo lo que había dicho sobre mí sólo refirmó la veracidad de sus palabras.

Sentí la necesidad de pedirle perdón, no sólo porque internamente había sacado conclusiones negativas respecto a su persona, sino que por haberle orillado a mentir sólo en pos de mi conveniencia, para no tener problemas con Alan. Él sólo se limitó a decir que no me preocupara pues había sido divertido verle la cara a Alan, pero una respuesta como esa no iba a tranquilizarme tan fácilmente.

Luego de que la situación se transparentara, nuestro grupo siguió conversando con total naturalidad, pero para mis adentros la culpa continuaba rondando mis pensamientos, y era entendible, después de todo conozco las intenciones que motivaron a Theo a buscarme, por ello es que dudo que le haga gracia tener que fingir ser alguien que no es sólo por escudar a una chiquilla miedosa que no se atreve a ir con la verdad por delante, y tener aquello presente sólo acentuaba más mi desazón.

Pero no iba a hacer nada por sentirme mejor conmigo misma.

La noche se apoderó de nuestro escenario y nosotros poca importancia le dimos a su llegada, hasta que llegó el punto en que la brisa nocturna se volvió insoportable. La fría oscuridad debilitada por una luna creciente no escatimó en recursos para aumentar nuestras ganas de cobijarnos bajo techo, además de obligarnos a buscar luces que guiaran nuestro camino.

Nos adentramos en un espeso bosque ya que ahí se encontraba el sendero que habíamos utilizado para bajar a la playa. Aunque buscamos calles alternativas que estuvieran iluminadas por luces artificiales, ninguna nos llevaba a nuestro destino, es más, nos desviamos inútilmente en reiteradas ocasiones, no dejándonos nuestros intentos en vano más opción que volver a atravesar el terreno poblado de árboles, uno que ahora luce terriblemente lóbrego.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora