29. "Desconfianza"

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La mirada de Ashrail está fija en Mikhail, quien se encuentra de pie justo frente a la ventana de mi habitación.

La expresión incrédula, cautelosa y escéptica que está pintada en el gesto del Ángel de la Muerte, es un claro contraste en comparación con la calmada, serena y despreocupada del demonio de los ojos grises.

Ninguno de los dos ha dicho nada durante los últimos minutos; sin embargo, la tensión en la que se ha sumido el ambiente es tan grande, que no me atrevo a hacer nada para romper el silencio que lo envuelve todo.

El ceño de Ash está fruncido en un gesto concentrado y confundido. Luce como si estuviese tratando de escudriñar el alma de Mikhail en busca de algo que solo él conoce. De algo que solo él es capaz de ver...

— ¿Qué es lo que estás tramando? —Ashrail pronuncia, pero suena como si estuviese hablando para sí mismo y no para el demonio.

Mikhail se encoge de hombros.

— ¿Por qué habría de estar tramando algo? —Dice, con aire aburrido.

Una risa carente de humor brota de los labios de Ashrail, al tiempo que niega con la cabeza.

— ¿De verdad crees que voy a tragarme el cuento de que quieres ayudarnos? —Ash refuta con indignación—. Hasta donde a mí concierne, el juramento que has hecho bien podría ser falso. Te has aprovechado de la situación y te has aprovechado de ella —señala en mi dirección—. De que ni siquiera sabe cuál es la forma correcta de realizar un juramento de ese tipo.

La mandíbula de Mikhail se aprieta y un destello de furia llega hasta mi pecho a través del lazo que nos une; sin embargo, su expresión no cambia.

—Se lo dije a Bess y te lo digo a ti ahora: No me interesa en lo absoluto ayudarte a ti o a los tuyos. Mucho menos me interesa lo que tu Creador quiera de mí. Lo único que quiero es que ella —hace un gesto de cabeza en mi dirección—, tenga eso que tanto busca. Quiero ayudarla a ella.

— ¿Por qué?

— ¡Porque se me pega mi maldita gana! —Mikhail espeta y me encojo ligeramente ante su tono brusco y severo.

Ash niega con la cabeza con coraje y frustración.

—No pienses, ni por un segundo, que voy a permitir que te salgas con la tuya. Encuentro bastante extraño que, de la noche a la mañana hayas decidido hacer lo correcto. Tampoco me trago el cuento ese que tratas de vendernos —escupe—. ¿Por quién demonios nos tomas?

Una carcajada corta y amarga escapa de la garganta de Mikhail.

— ¡Por el jodido infierno! ¡Hace más de una semana rogabas por mi ayuda! ¡¿Qué mierda tienes en el cerebro que ahora la rechazas?!

—Sabes perfectamente que soy capaz de ver a través de todo el mundo y...

— ¡Adelante, entonces! —Los brazos de Mikhail se extienden en un ademán exasperado, interrumpiendo a Ashrail en el proceso—, ¡haz lo que tengas qué hacer!, ¡mira a través de mí!

— ¡Ese es el maldito problema! —La voz de Ash truena, de pronto y doy un respingo debido a la impresión—, ¡que no puedo ver a través de ti!, ¡que algo has hecho para bloquearme! ¡¿Acaso crees que soy idiota?!

El silencio se extiende largo y tirante entre nosotros.

La información se asienta en mi cerebro y, de pronto, las dudas sobre Mikhail vuelven a mí de golpe. Las palabras de Ashrail se sienten como un baldazo de agua helada y toda la confianza que había comenzado a construirse entre el demonio y yo durante la última semana, empieza a tambalearse.

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