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Su gesto iracundo me reprendía antes de que siquiera pronunciara palabra. Sus bellos ojos azul claro me miraban, imponentes, desde arriba.

—Aunque no me lo digas estoy seguro de que Alan te hizo algo malo, muy malo, su cercanía aquel día te tenía muy inquieta. —Me limito a observar el disgusto plasmado en sus gestos porque si hablo, la razón recaerá en sus palabras—. ¡Diablos!, te conozco demasiado, por eso sé muy bien que tú no te habrías alejado de tu ''gran amorcito'' sólo por una pequeñez.

Empieza a dar vueltas por la habitación como un desquiciado.

―No nos quisiste hablar sobre tu cita con Matheo, pero con Zari ya tenemos más o menos el cuento armado, para que sepas, y creemos que no resultó como esperábamos porque una personita destruyó nuestras expectativas prefiriendo irse con su noviecito ―declara, acelerando mi pulso. No, no, no, ¿cómo...?―. En un principio nos culpábamos por lo deprimida que lucías imaginando que algo en la cita había salido terriblemente mal, entonces pensamos que no había sido una buena idea hacer que te reunieras con Math sin tu consentimiento, hasta que hablamos con Sophie, ahí todas nuestras culpas y dudas se disiparon. Ella nos reveló que fuiste por Alan a una fiesta, casualmente el mismo día de la cita, y aunque no quiso contarnos mucho más, presiento que ahí fue donde ocurrió algo, algo que involucra a Alan y que no quieres contarnos, la pregunta es qué.

Trago duro.

―Dylan, yo...

—No estoy pidiéndote que me lo digas As. ―Suspiro de alivio―. Sólo estoy expresándote lo molesto que me tiene el que le perdonaras lo que sea que te haya hecho, y que deduzco fue lo suficientemente malo como para haberte tenido tan decaída. ―Frota su frente con la yema de sus dedos, evidentemente exasperado―. Y para colmo ese teatrito... que ni el tarado más ingenuo se lo podría haber creído.

¿Eso fue una indirecta?

—Dylan, no sé qué pasa por tu cabeza pero te juro que nada de lo que piensas es cierto. —Trato de sonar segura, de convencerle.

—¿Entonces por qué nos pediste que te acompañáramos al viaje? —Inquiere molesto—, ¿por qué le temes a estar a solas con él?

—Quiero que lo pasemos bien todos juntos, no hay otra razón. —Las comisuras de mi boca comienzan a temblar reflejo de lo nerviosa que estoy, de lo acorralada que me siento.

Y sé que me delatan.

—A mí no me convences, algo te hizo ese maldit...

—Dylan por favor, no te imagines cosas. ―Interrumpo―. Sólo tuvimos una discusión como cualquier pareja normal, no fue más que eso, mejor alégrate porque ya nos reconciliamos —sugiero, vacilante.

Él ríe.

—¿Pareja? —formula jocoso—. Hasta donde yo sé ustedes aun no son nada porque el muy cobarde no te lo ha pedido.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora