Capítulo 1- Bienvenido

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Las historias son relevantes. Mientras todos llevaban una, yo no tenia.

En el tiempo que estuve centrado en mi mismo, no podían saber lo que pasaba a mi alrededor, las pequeñas gotas azules siempre yacían a un lado de mi, clavadas en mi brazo gracias a la intravenosa.

Una mujer que en mi estado de demencia me parecía hermosa, se encontraba con una carpeta color amarillo entre sus manos y me miraba expectante. Su bata blanca me hacia sentir maníaco, me hacia sentir enfermo conmigo mismo pero lo único que podía escuchar antes que mi dolor y de nuevo en las teorías de mi historia era:

"Tienes 17 años, estarás de vuelta en Mercland. Una historia te espera"

¿Se trataba de mi, cierto? Debía ser eso.

En el mundo hay niños sin padres en alguna calle esperando por amor. Por lo menos deben saber que hacer y quizás conocen de sí mismos.

Lo normal de mi día era despertar totalmente agotado más física que mentalmente. Las personas a mi alrededor sabían la hora y día exacto mientras yo sólo quería poder recordar.

Lo extraño pasó. Maravillados por el día, dos hombres caucásicos entraron por la gran puerta compuerta de alta tecnología que se encontraba a mi izquierda, esperaba de nuevo las gotas deslumbrantes de color azul pero me jalaron por la fuerza y me sacaron.

Caminamos por un pasillo amplio totalmente negro, los pequeños bombillos blancos difuminaban bien, los hombres a mi lado eran corpulentos. Yo estoy como vagabundo con el cabello castaño hasta los hombros y barba de puberto.

Otras puertas se abrieron por si solas después de la contraseña que uno de ellos colocó, le hubiera prestado atención a los números si no me sintiera fuera de mí.

La misma mujer que me encontré hoy, ayer o hace unas horas me estaba esperando, su cálida sonrisa me daba confianza y me tendió unas prendas de ropa.

—Estoy feliz que puedas salir, no hay una sola persona que merezca estar encerrada. Recuerda lo que te dije, ayudará de mucho— Me guiñó un ojo.

Perfecto.

—Tengo 17 años, estaré en Mercland. Una historia me espera— Repetí.

—Listo, ahora cambiante por ropa más cómoda y de color, me estresas con tanto blanco y esto no es una clínica para personas con problemas mentales.

Le hizo una seña a los hombres que me acompañaban y de un momento a otro las personas de la sala se dieron vuelta dándome la espalda, mi cuerpo fue invadido por una gran confusión.

—Puedes cambiarte, avisanos cuando estés listo.

Entendí, no me dejaría solo, me agaché para poner el nuevo cambio de ropa en el piso y así levantarme y desvestirme. Al quedar en boxers doble la vieja y examiné la nueva, no había mucho cambio de color aquí, la otra camisa era de un mismo blanco pero la tela era de algodón, unos jeans y converse negras la acompañaban. Al terminar doblé la vieja, murmuré un listo y la atención volvía a ser mía.

No comprendía si seria libre. La pregunta taladraba mi cabeza, no podía pensar en nada más.

—Llegamos a mi parte favorita: corte de cabello y el adiós a la barba de puberto— La miré sorprendido, hace poco una chica me había dicho que era muy masculina y aunque sabia que era mentira, aceptaba el comentario— Para Any todos los jóvenes son extremadamente guapos, por eso te convenció de tu "gran barba de macho" pero en el fondo sabes que es horrible. Cariño, quizás en 10 años si se te vea muy bien y me pide una cita.

Allí va otro guiño.

—Ten una buena vida Noah— Me abrazó y dejó un beso en mi mejilla— Norman, si me escuchas portate bien ¿Vale? La venganza no es lo mejor en estos momentos, te estaré esperando y si no sales de esta te buscaré para despedirme.

—¿Qui… ¿Quién es Norman?— Le pregunté cuando se deshizo del abrazo.

—Espero que sepas pronto. Muchachos, llevenlo a que le hagan un buen corte.

No esperé más nada de aquella mujer, me llevaron a otra habitación y me hicieron un corte notorio pero que no se alejaba de la melena que tenía, decidí dejarla hasta las orejas, aún no me quería despedir por la costumbre. La barba también se fue.

Parecía un adolescente común. Si es que común implantaba confusión en mis ojos.

Caminamos un poco más hasta llegar a un estacionamiento vacío a excepción de una camioneta Range Rover negra.

Por fin vi el cielo después de todo este tiempo, hoy estaba grisáceo, con ganas de llover pero no me importaba, se veía hermoso.

Me montaron en la parte de atrás y me estremecí. Mi padre estaba al otro lado de esta, los hombres se subieron adelante y uno de ellos puso la camioneta en movimiento.

—¿Como te encuentras?– Preguntó mi padre después de colgar su teléfono ignorando el hecho de que estaba ahí momentos antes.

—Escucha, tendrás tiempo para adaptarte a todo, aún no tienes una fecha para volver conmigo Norman.

–Es Noah– Corregí.

–Oh, se me olvidó que tienes los ojos verdes.

No respondí nada, solo me dedique a verlo, no entendía a que se refería.

Ahora detallandolo mejor, tenía un gran abrigo color negro de lana, de seguro le pesaba.

Sentía que el tiempo pasaba muy lento, íbamos por una carretera solitaria, en la camioneta no había musica, la voz de mi padre era la que se escuchaba mientras hablaba por teléfono, de nuevo.

Rato despues nos detuvimos, todos bajaron y me dispuse a hacer lo mismo ¿Esto era Mercland?

No era igual que al anterior lugar, aquí se sentía el aire muy pesado.

Me pregunto como una ciudad tan contaminada puede ser tan fría, por el calentamiento global debería ser bipolar.

Los ojos verdes del gran empresario Michael Scheck estaban con ojeras, se veía cansado pero no por aguantar a un adolescente, era muy remota la comunicación que tenia con el, es un hombre frío, de pocas palabras.

No lo puedo comparar a mi, no he explorado lo suficiente, la mayor parte de mi tiempo no se donde me encuentro o si estuve durmiendo, a lo que si añado es el dolor físico y los ojos inyectados de un color rojo a las personas alrededor, que suponen ser trabajadores de Scheck Corp.

No interactuaba mucho con mi padre, lo veía dos veces por mes físicamente, la mayoría se basaban en vídeos con guiones que preparaba su secretaria, lo descubrí fácil ya que al final agregaba un "cuidate" con sus sutiles dientes apretados.

Nos encontrábamos un poco lejos del gran cartel que daba la bienvenida a la ciudad, estaba solitario, esperaba personas de seguridad resguardando quienes entraban.

Pero no.

Me sentía en Resident Evil.

Se acercó cautelosamente a mi, cuando creí que me golpearía, habló.

—Se que estás escuchando, cuando vuelva espero escuchar que estas haciendo las cosas bien, aprende a comportarte, ya después veremos Norman.

No era buen padre, algún día le enviaré un mensaje con mi nombre repitiéndose más de quinientas veces, a lo mejor aprende a llamarme Noah.

El apellido Scheck es uno de los más alabados y millonarios del mundo, y al gran heredero lo tenían encerrado como una rata y tirado a una ciudad de zombies.

Sin un adiós mi padre se subió de nuevo al vehículo y el conductor también, quedaba uno de los dos hombres que me acompañaban.

—Preguntarás por Clarie Matthews.— Escuché su voz por primera vez— Por más que te inciten no vayas al lado norte, a fiestas o te acerques a los Lombardo.

Yo solo quiero saber porque hacen tanto alboroto.

Recomendable añadir la historia a su biblioteca de Wattpad o seguirme para estar al tanto de las actualizaciones.

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