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Salí de los baños consternada y con una sensación muy amarga, por suerte la música evitaba hasta cierto punto que la imagen volviese a mi mente.
Lo agradecía.

Había que ser muy cabrón como para abandonar a Margo a su suerte y tirarse a otra en unos lavabos mugrientos.

Entendía que quizá no era nada serio, ¿cuándo lo ha tenido Margo? Su manía era fingir enamorarse y cuando se acabase el cuento llorar por ello, era insano y muchas veces le decía que viviera con los pies anclados al suelo, sin embargo me ignoraba.
Caminé por la explanada esquivando a gente y entre cientos de cabezas vi una melena pelirroja, tragué saliva, ¿Se lo decía o no?
Me acerqué, solo para mantener la conciencia limpia y observé a Margo quieta con el teléfono en las manos mirando a saber qué, cosa que hacía cuando estaba nerviosa.

Por un momento se me pasó por la mente la idea de que esto era un sueño e iba a despertarme, tal vez sin Derek, que todo esto fuese una pesadilla y no existiese este lugar.
Que me despertaría e iría al instituto como cada día y le contaría todo esto a Margo para reírnos y hacer bromas.
Ojalá.
Una leve voz de mi cabeza me decía que no valía la pena, que me fuese y aceptase toda esta realidad, que a veces era dura y no quedaba otra que seguir, que salir de la zona de confort costaba pero se podía con ello, a veces amaba a mi parte optimista.
No obstante, me acerqué lo suficiente a Margo como para tocarle el hombro y que se volteara a mí, no sabía a donde habían ido Trenton y Aaron pero lo agradecía, así sería mas fácil hablar con ella.

Frunció el ceño al verme.
—¿Pasa algo?

—Kendall, eso pasa —Retuve el aire en mis pulmones—. Estaba con otra chica en los baños.

Margo frunció las cejas tratando de comprender la situación, sus pupilas se clavaban en las mías como espadas incendiadas, no sabía si ese cabreo era para mí o para Kendall.
—Tienes que estar de broma —Dijo— ¡Lo estás!

Fruncí el ceño cuando una mano salió de entre la gente y acarició la cintura de mi amiga, ella sonrió hacia la figura rubia que se pegó a su cuerpo.

—¿Ocurre algo, Samantha? —Un escalofrío me recorrió al ver a Kendall, una mezcla entre grima y rabia; no tenía ni siquiera el cabello despeinado.

—¿Con quién estabas en los baños? —Inquirí

—No fui allí, estuve buscando a Trent pero no lo encontré.

Kendall mentía jodidamente bien y me iban a tomar como una mentirosa por su culpa, ¿Por qué traté de hacer esto? Me sentía ridícula.

Pensaría que me habría confundido de chico si no fuera por el pequeño atisbo de burla en las pupilas del rubio.

—¡La chica era morena! —Grité impaciente.

Margo cuando habló se dirigió hacia mí:
—¿Sabes qué? No voy a aguantar esto, si tienes envidia no es mi culpa —Miró a su acompañante—. Vámonos.

Una pisada.

Dos.

Tres.

Margo me había abandonado, prefirió a Kendall antes que confiar en mí y encima creía que me moría de envidia, ¿De qué? ¿De parecer un alce?

Trece.

Quince.

Vi a Derek apoyado en el Porsche.

Veintidós.

Veintitrés.

Iba a olvidar todo esto, me convencería a mí misma para no dar importancia al hecho de que mi mejor amiga prefirió ignorarme.

Llámame Derek #ProyectBadBoys¡Lee esta historia GRATIS!