ATANEA: XII

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Capítulo 12: ¡A cruzar!

Me despertó una suave y ronca voz, al principio pensé que la voz estaba dentro de mi sueño, pero poco a poco fui volviendo a la realidad. "Claire...Claire". Qué manera más amable de hablar.

Ya más despierta, mi consciente se volvió dominante y recordé donde estaba. Había dormido en el corazón de la jungla, en una torre, con cuatro guardianes y un mágico leopardo cuidándome.

—Vamos, princesa durmiente, hora de levantarse. Hay que poner una fuente de poder a salvo —anunció la misma voz, que ya me parecía completamente familiar.

Formé una sonrisa antes de abrir los ojos y mirarlo.

—Veo que la vida de una princesa comienza desde muy temprano —contesté espiándolo por un solo ojo.

Theo llevaba su pelo castaño húmedo, olía a menta y me observaba con una gran sonrisa que dejaba ver sus perfectos dientes. Sus ojos reflejaban una mirada entre tierna y divertida.

—Sí, sobre todo cuando hay todo un reino malvado buscándote. —Amplió su sonrisa.

«¿Acaso es posible sentir mariposas en el estómago treinta segundos después de despertar? Bendita sonrisa suya.»

—Dejemos que la princesa se duche y se vista, debemos salir pronto —la voz formal de Texa interrumpió nuestras miradas.

Theo se giró de mala gana y asintió levemente, se volteó otra vez hacia mí y me guiñó un ojo antes de levantarse y desaparecer por por la puerta. Después de un largo suspiro miré a Texa; tenía su mirada felina clavada en mí, impaciente a mis movimientos.

Después de ducharme, me acerqué a mi maleta para coger ropa, y algo saltó a mi mente, algo que no había recordado desde el día anterior.

La nota verde.

Rebusqué frenética por toda mi ropa y no la encontré, miré debajo, al lado, en el velador. «¿La he perdido?» por supuesto que no, sabía bien que la había guardado debajo de mi playera rosa.

—Princesa Claire, debe darse prisa —presionó Texa.

Me rendí, no tenía idea de dónde estaba la nota. Suspiré antes de decidirme por unos cómodos pantalones livianos negros y una sudadera de manga corta color naranja. Tomé mi cabello rubio en una coleta bien estirada. Me puse crema en la cara, sintiendo como las ojeras por levantarme temprano crecían poco a poco. Di unos mordiscos al sándwich que Texa me había subido y me bebí el zumo de naranja al seco. Estaba lista para bajar. «Hoy es el día.»

Nos montamos todos en el Wrangler, incluido Inago que se acostó sobre las maletas en la parte de atrás. Esta vez manejaba Mike, con Texa de copiloto. Yo iba atrás con Finn y Theo, uno a cada lado.

Antes de salir de la torre todos susurraron y repasaron una especie de mapa con marcas. Era muy temprano para preocuparme, el sol recién comenzaba a salir y apenas podía pensar, mucho menos asustarme o tener nervios... quizás solo un poco de ansiedad.

A medida que el Wrangler avanzaba a través del camino rudimentario, mi corazón aceleraba su golpeteo y sentía mis nervios crecer. Mike miraba al frente, pero Texa, Theo y Finn iban extremadamente atentos mirando a través de los cristales, con alguna clase de rifles en sus manos. Llevábamos casi una hora avanzando en silencio. La huella del camino ya había desaparecido, solo nos rodeaban enormes árboles y malezas.

—¿Cuánto falta? —pregunté con timidez, deseando llegar rápido para liberarme de todo ese ambiente de miedo y tensión.

—Un cuarto de hora —contestó Finn, sin quitar su vista de la ventana.

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