3.

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Hinata entró en el salón, deseando que lo tragase un hoyo mágico en el suelo. Para su suerte, aún no llegaba el rey, lo cual lo tranquilizaba un poco más. Se dirigió a su asiento junto a la ventana y se dejó caer en él, exhausto y somnoliento, pues casi no había podido dormir la noche anterior de tanto pensar en su beso con Kageyama. Se perdía en las nubes cuando recordaba cada detalle, quería que se repitiera la escena. Tan romántica, tan descarada, tan osada. Se había vuelto loco, pues no sabía qué era lo que sentía por Kageyama.
Así pasaron los minutos, hasta que por la puerta se asomó una figura alta y delgada de cabellos negros. Era él. Hinata comenzó a sudar frío, sus mejillas rápidamente tomaban color y sentía celos de cómo las chicas lo saludaban y halagaban. Aunque Tobio no estaba tan interesado, Hinata sentía como si fuesen a arrancarle el pecho al ver cómo se le colgaban encima hasta tres muchachas del salón. Kageyama las rechazó como siempre hacía, con su fría actitud, y pasó la mirada por encima del pelirrojo. Éste trató de ignorarlo y evitar sus penetrantes ojos, sin embargo, parecía casi imposible, pues Tobio comenzaba a caminar hacia él.
—Hinata —dio un respingo, volteando hacia quien le había llamado. Era su compañera de adelante, llamada Zulu—. ¿Sabes si Kageyama tiene novia?
—¡¿N-novia?! —inquirió, moviendo las manos en el aire—. ¡Hasta donde yo sé no tiene novia! ¡L-lo siento, Zulu-chan! ¡No sé nada sobre eso!
El nerviosismo de Hinata se vio interrumpido por una fría figura sentándose a su lado. Era el rey de la cancha, Tobio Kageyama. Observaba a Zulu como si fuera la amiguita de su novio, y Zulu lo observaba como si fuese a comérselo con la mirada. Ambos estaban celosos de la misma chica. Zulu se dio la vuelta y comenzó a ordenar las cosas en su banco, pues pronto llegaría el profesor de biología.
—No le has contado a nadie, ¿verdad? —preguntó Kageyama, con su serio semblante haciendo presencia.
—¿C-contarle a alguien? ¡C-claro que no! —comenzó a mover sus manos exageradamente otra vez, tratando de negar la pregunta de Kageyama.
—Habla más despacio —dijo, calmadamente. Shōyō en cambio sentía que iba a explotar.
—¿Podemos hacer como que no ha sucedido nada? —inquirió Hinata.
—Podríamos —asintió Tobio.
Hinata lo tomó como un sí, sin embargo, Kageyama quiso decir justamente lo que dijo. "Podríamos". Claro, podrían olvidarse del beso, pero ambos sabían dentro de sí que no querían. Es por ello que sí Hinata quería, podía olvidarse y sin remordimientos ante su compañero de puesto, pero Kageyama no podía hacer como si nada.
Tobio ya se había armado de valor para contarle a su madre, pues necesitaba un consejo. Ésta se emocionó y felicitó, pues apoyaría a su pequeño hijo sin importar qué. Trató de enseñarle tácticas de conquista y alguno que otro consejo para la vida, por si Hinata llegaba a romperle el corazón. La señora Tobio conocía muy bien al pequeño Hinata, quien varias veces había estado en los partidos de su hijo y lo había acompañado a casa. Amaba su manera tan efusiva de ser. Era el partido perfecto. Quizás no era una chica, pero era un gran muchacho. Estaba segura de que no sufriría con él. Claramente, Hinata era un polluelo a punto de romper el cascarón. Hasta la señora Tobio lo sabía. Pero no era más que un pequeño inocente. ¿Qué iba a saber de amor?
Kageyama y Hinata dejaron de hablar por el resto de clase. El alto dudaba en confesarle sus sentimientos a Hinata y, esto los mantuvo alejados durante un mes y medio. En los entrenamientos con suerte hablaban y Kageyama lo trataba como a un compañero más, como si realmente lo odiara. Shōyō no lo entendía. Se encontraba en un estado de confusión tremendo. Gustaba de Kageyama, sin embargo, no sabía cómo decírselo y si él seguía recordando tanto aquel beso como lo hacía el pelirrojo. Era obvio que lo hacía, cada día y a toda hora. Cada vez que tenía que saludarlo con un apretón de manos, se le rompía el corazón en mil pedazos pensando en cuán diferente podría ser si tan sólo fuera más valiente. Eso le enojaba, y le enojaba más que fuese un chico el que le robara un sueño. Ésta era la razón por la que ya no eran tan unidos como antes y, la actitud de Kageyama pasó de fría a hiriente.
—¡Hinata! ¡Ve más rápido! —exigió Tobio. Todos sus compañeros voltearon a verlo enfadado.
—¡No puedo ir más rápido, Kageyama! —frunció el ceño, alzando la voz por primera vez en todo el tiempo que llevaban de conocerse.
—¡Pues tienes que hacerlo! ¡Eres un imbécil bueno para nada! —le lanzó el balón al pecho con fuerza. Hinata cayó sentado y luego se paró, soltando el balón y acercándose.
—¡¿Qué te pasa?! —exclamó, ya harto de los abusos de Kageyama.
—¿Acaso no te das cuenta? —Kageyama apretó los puños, parecía más enfadado que de costumbre. Hinata temía por su vida en ese mismo instante.
   —¿De qué? —se encogió de hombros, tratando de parecer sereno. Esto sólo logró enfadar más al armador.
   —¡Eres un imbécil! —quiso golpearlo, sin embargo, Hinata hizo a un lado su rostro en el momento exacto. Rápidamente quedó fuera de sí, no lograba entender la situación del todo—. ¡Estoy malditamente enamorado de ti hace meses y no sé ni cómo ni por qué sucedió! ¡Por donde se te vea eres un... encanto! —soltó, respirando con euforia. Kageyama ya había podido liberar su cuerpo de la tensión, sin embargo, Hinata todavía guardaba algo dentro de su pecho.
   —¿Y q-qué quieres que ha-haga? —inquirió, nervioso.
   El rey pegó un grito y salió del gimnasio. Todos observaban la escena incrédulos y confundidos. Nadie se lo creía.
   —¿Qué le sucedió a Kageyama, Hinata? —curioseó Nishinoya.
   —Noya-san —habló Hinata, con la voz quebrada—. Chicos...
   —Puedes confiar en nosotros, Hinata —dijo Suga, sonriéndole cálidamente.
   —E-está bien —respondió, decidido. Todos fueron al borde de la cancha a sentarse para conversar—. Kageyama y yo nos besamos hace aproximadamente dos meses —confesó, todos abrieron los ojos como platos—. Me siento atraído hacia él desde que iniciamos el año.
—¿Y cuál es el problema? Si se quieren, deberían intentarlo —dijo Tanaka, sorprendiendo a todos por haber sido la primera vez en que decía algo sensato.
—Quizás Tobio no quiere admitir que le gusta Hinata —concluyó Tsukki, quien se encogió de hombros al ver cómo todos lo observaban incrédulos—. ¿Qué? Oh, vamos. Después de tres meses no puedo negar que sí los quiero, muy dentro de mí.
Todos rieron—. Excelente tarde de confesiones —dijo Yamaguchi—. Pero volviendo al problema de Hinata... Por favor, prosigue.
—Me gusta mucho —confesó el pelirrojo—. Quiero hacerle saber que correspondo su amor, pero... temo a su rechazo. Ya saben cómo es Kageyama. Y no sólo a su rechazo, sino al de los demás por gustar de un chico.
—Párate —ordenó Daichi, con ese semblante serio y paternal que asusta a cualquiera. Rápidamente Hinata se levantó—. Ve a donde sea que se encuentre Tobio y dile que lo quieres.
Hinata, incrédulo por las palabras de su capitán, asintió, nervioso y sin saber por dónde empezar. Comenzó por simplemente salir del gimnasio y buscarlo con la mirada por el pasillo. Al no verlo allí, decidió salir a la entrada. Ahí estaba, sentado en la escalera principal con la cabeza entre las manos sin saber para dónde mirar. Shōyō se sentó a su lado sigilosamente, provocando que Kageyama diese un respingo al notarlo tan cerca de él. Luego miró para otro lado, bufando fuertemente. Estaba harto de sentir amor por Hinata, pero no quería dejar de quererlo. Tan sólo estaba asustado.
—Kageyama —lo llamó el pelirrojo. Lentamente el alto volteó hacia él—. Quiero decirte algo.
—¿Qué vas a decirme, eh? ¿Que soy un idiota? ¿Que no te merezco? ¿Que debo fijarme en alguna chica porque sólo me quieres como amigo? Hinata, ¿a quién queremos engañar? Tú no me quieres y yo no debería quererte a ti.
Hinata se sintió herido, sin embargo, estaba decidido a proseguir.
—Necesito quitarme este peso de encima, lo aceptes o no —dijo, intimidante. Era la primera vez en todo ese tiempo en que Kageyama le demostró respeto—. Me gustas mucho. Y sólo pienso que eres un idiota cuando me tratas mal durante los entrenamientos. Quizás yo no te merezco. Pero no quiero que te fijes en una chica. Fíjate en mí y sólo en mí.
Kageyama sonrió de lado, algo confundido. Se sonrojó inmediatamente y supo que ya todo había acabado. Ya no tenía nada por lo cual preocuparse.
Se tomaron suavemente por las mejillas y se dieron un suave y cálido beso, por el cual todos los chicos del equipo morían de emoción. Estaban silenciosamente admirando la escena desde adentro de la escuela, para no interrumpir nada, mientras que Tobio y Hinata se disfrutaban mutuamente en aquel beso, que se sentía como estar en casa junto a la estufa acariciando un gato suave y peludo.
—Por favor, sé m-mi novio —pidió Kageyama.
Hinata sonrió, asintiendo con la cabeza. Volvieron a besarse y terminaron abrazándose fuertemente.

No Quiero Quererte | Kageyama x Hinata | Haikyuu.¡Lee esta historia GRATIS!