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—¡Muy buenos días, dormilona! —le dijo su primo a Jo, quien recién se levantaba de la cama.

—¿Qué estás haciendo en casa? ¿Qué hora es?

—Son las cuatro —rió Violeta—. Me dio lástima despertarte. Te veías tan tranquila... Evan llegó hace media hora.

¿Media hora? ¿Y no había escapado ante la idea de estar a solas con ella en la misma habitación? ¡Qué raro! Se le veía relajado y contento. Algo bastante inusual en él, cuando estaba ante su presencia.

—¿Qué anduviste haciendo anoche, si puede saberse? —quiso saber él con curiosidad. Viole me dijo que fuiste a casa de Chris.

¿La había llamado Viole? Joanna lo miró extrañada. ¿Qué estaba pasando? ¿Se había perdido de algo mientras dormía? Se pellizcó para comprobar si seguía soñando. No lo estaba. Tal vez se encontraba en algún capítulo de The twilight zone.

—Ehhh... nada importante —contestó disimuladamente, tratando de no recordar mucho de su velada—. Fui a escuchar a la banda.

—¡Puf! —exclamó el chico—. ¡Menos mal! pensé que lo habías perdonado.

¿Por qué todos seguían con eso?

—¿Qué quieres decir? Perdonar es bueno (aunque yo no lo haya hecho) —añadió por lo bajo, pero lo suficientemente fuerte como para que él pudiese oírla.

—Quiero decir que no es bueno para ti, Jojo. Sé que es mi amigo y le tengo mucho aprecio, pero tiene severos problemas emocionales (y de conducta).

—¿Qué tan severos? —se asustó ella.

—Lo suficiente como para decirte que no te conviene. Tú necesitas a un hombre un poco más normal.

¡Ja! Si él supiera.

La joven se preparó algo de comer y fue a vestirse para la salida. Desde su habitación, lograba escuchar las risas de Evan y Violeta, y se preguntaba qué le había ocurrido a su primo para que se comportara así con ella. Y lo que era más extraño, ¿por qué tenía tanto tiempo libre? ¿Acaso se habría peleado con su amada Verónica?

—¿Violeta?

Su amiga fue corriendo para ver qué quería. Jo se le aproximó y con cautela le preguntó:

—¿Qué pasa?

—No te entiendo. ¿Qué pasa con qué?

—¿Por qué él se comporta tan amistoso? ¿Le hiciste una brujería?

La chica se rió.

—No, nada de eso. ¿Recuerdas que prometí portarme bien? Creo que ha dado resultado. Decidí dejar de acosarlo, y al parecer, ya no me tiene miedo como antes. Es más: creo que le simpatizo —contestó, orgullosa de su nuevo status en la vida de Evan—. Bastante.

—Oh. —Pareció desilusionarse. Esperaba que hubiera algo más. Alguna cosa extraña o sobrenatural, para no ser la única a la que le ocurrieran. En fin, todavía tenía a su abuelo.

—¿Por qué preguntas?

—No sé. Quizás sean ideas mías, pero me pareció verlo actuar un poco raro.

—Es Evan, se supone que es un chico fuera de lo común. Hablando de otra cosa, ¿Cómo va todo con ese lindo chico alado?

—Bien, supongo —Esperó que no la estuviera oyendo—. Creo que está enamorado de mí.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!