Capítulo #8: Había que admitirlo

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Sus sesiones de estudio no variaban mucho. Si venían de entrenar, se tomarían una ducha primero y se pondrían ropa cómoda —a veces propia, a veces prestada, dependiendo de la previsión—, luego empezarían lo que tuvieran que hacer. Como a Daichi siempre le daba hambre a mitad de camino, habría una pausa para merendar.

Esta vez, en casa de Suga, la merienda consistió en dos bolsas —una para cada uno— de papas rizadas. Ese descanso, también, era el tiempo en el que conversaban de cualquier tópico por fuera de la materia de estudio. El anfitrión aprovechó para preguntar algo que rondó por su cabeza desde la mañana.

—Hoy te he notado algo ronco. ¿Escupiste una flor sin que me diera cuenta?

—Fue poco después de despertar, en realidad. Una begonia por timidez, supongo que salió porque no tenía muchas ganas de contarle a mi papá el domingo. —Se encogió de hombros.

—Hm, no me habías dicho eso. ¿Fue apenas regresamos del campamento? —Daichi solo asintió, pues recién se había llenado la boca de papas—. Ahora que tenemos entrenador oficial, te toca decírselo a él también, preferiblemente antes del Intercolegial. —Daichi rezongó y tragó.

—La semana que viene. Él se lo diría a Takeda-sensei y quién sabe si más personal de la escuela se entera de que tienen a un estudiante con hanahaki. Ya demasiada gente lo sabe, dame un respiro.

—¿Demasiada gente? Solo somos tus padres y yo. —Suga inclinó la cabeza a un lado.

—Y Asahi.

—¿Qué pasó con nuestro trato de que me contarías todo? —Cruzó los brazos con cierto puchero—. ¿Desde cuándo?

—Me descubrió el día de la gardenia, no fue porque haya querido que lo supiera. Solo le expliqué lo esencial porque él no sabía de la enfermedad, no tiene idea de que esto pueda matar y es mejor que se quede así por ahora.

—Hiciste bien. —Suga masticó unas cuantas papas. Iba a continuar, solo que contempló algunas cosas.

La noticia fresca de la semana era que el club de voleibol masculino de Karasuno por fin tenía entrenador: el nieto del anterior. Con un nuevo Ukai a cargo del equipo, Suga estaba seguro de que sus días como armador titular habían finalizado. Qué pocos fueron, qué pocos partidos lo tuvieron en la cancha desde el primer saque. Sabía que las habilidades de Kageyama estaban por encima de las suyas, a pesar de ir en primer año; era para el beneficio de todos, lo aceptaba, pero eso no significaba que no se sintiera mal por la reducción de su tiempo en el juego.

—Suga, ¿qué estás pensando?

—¿Uh? —Se dio cuenta de que había dejado de mascar en algún momento. Tragó y contestó—: Creía que este año al fin pasaría el tiempo suficiente en la cancha, pero...

—Lo harás —Daichi interrumpió, firme—. Kageyama se tiene que cansar y en ese momento entras tú. También hemos visto que tiene esa personalidad en la que si se altera, hay que sacarlo por un rato para que se relaje.

—¿Y dará tiempo para que eso suceda?

—Ya lo he dicho, este año vamos a las Nacionales. ¡Claro que da mucho chance! Jugarás más que en cualquier otro año. —Sonrió bastante confiado.

—Los de primero de este año parecen ser prometedores, ¿eh? Siempre has tenido ese objetivo en mente, pero creo que esta es la primera vez que estás tan seguro. ¿Es porque estamos en tercero?

—Nada de eso —negó—. Llegaremos a las Nacionales, saldremos en televisión y serás el favorito de las cámaras.

—Pff. —Suga se tapó la boca con la mano, aunque eso no evitó que hablara entre risas—. ¿Por qué yo?

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!