☣ Capítulo 15 ☣

Comenzar desde el principio

– ¿Pero? –me animó a continuar – Pensaba que estabas bien con nuestra presencia. –

–Eso fue antes de que Rodrigo y Evan se sumaran a esto. No sé cómo debo actuar con su repentina aparición. –su rostro se ensombreció y me di cuenta de que estaba planteándose algo muy difícil para él.

– ¿Te molesta su presencia? –preguntó en un susurró.

–Sí, bueno no. ¡No lo sé! Ustedes se disculparon, pidieron perdón y en estos días he aprendido lo geniales que pueden ser, pero no sé qué esperar ahora con ellos. –me sujeté la cabeza con fuerza. ¿Por qué todo debe ser tan complicado?

– ¿Estarías más tranquila si Rodrigo y Evan no están con nosotros? –tragué saliva porque comenzaba a notar hacía donde iba la conversación.

–Jamás te pediría... a ninguno, que dejaran de lado a sus amigos por mí. –la simple idea me aprecia atroz. ¿Separar a estos chicos que sé que se conocen de mucho tiempo, solamente por querer estar tranquila? No, no podría ser tan canalla.

–Quizá no dejarlos de lado, pero buscaríamos otras soluciones. –no, no, no. ¡No quiero esto!

–Lo mejor sería que ustedes volvieran a la vida a la que están acostumbrados, la vida en la que yo no estoy presente. –antes de si quiera notarlo, mi espalda chocó con la pared. Leo me había empujado y ahora me sujetaba de los hombros mientras se inclinaba para quedar a mi altura mientras observaba con una expresión enloquecida. ¡Me asusta!

– ¡Fierecilla, no digas ni en broma! –me encogí por el grito y quizá mi rostro demostraba el miedo que estaba sintiendo porque de verse furibundo pasó a estar alarmado y luego arrepentido –Perdóname, perdóname. ¿Te lastimé? –sin apartar las manos de mis hombros, pero disminuyendo la fuerza del agarre, me evaluó en señal de algún golpe serio, pero no me había lastimado, sólo me había aterrado con su mirada llena de pánico y locura.

–Estoy bien. –mi voz sonó más aguda de lo que esperaba, pero era poco lo que podía hacer con la respiración agitada y mi cabeza dando vueltas. ¿Por qué estaba tan nerviosa? ¡Es Leo! Ya pidió disculpas, ¿entonces por qué no puedo dejar de pensar en el brillo peligroso de sus ojos cuando me gritó y me arrinconó contra la pared?

–En serio lo siento, no medí mis acciones, pero tú no puedes decir, así como así que te quieres alejar nuevamente de nosotros. ¿Sabes lo difícil que fue poder acercarnos a ti? No, olvida a los demás. ¿Sabes lo difícil que fue para mí estar cerca de ti? –su voz sonaba como a un ruego a una súplica. ¿Por qué estaba tan desesperado por mi amistad?

–No quiero alejarme, pero ya no sé qué hacer. ¿Cómo se supone que debo actuar? –ahora era yo al que suplicaba por una respuesta.

–No debes actuar de ninguna forma. Solamente debes ser tú. Confía en nosotros, confía en mí y verás que todo saldrá bien. –una sonrisa coqueta se esparció en su rostro y no dudé en responderle. Todo estaría bien, todo estaría bien porque ahora tenía amigos que me podrían ayudar.

No pensé en mi siguiente movimiento, ni siquiera me detuve medio segundo a pensar en las consecuencias de mis actos, simplemente me lancé a sus brazos y me aferré a su cuello.

–Gracias, Leo. Gracias por tranquilizarme. –la respuesta al abrazo no llegó y en ese momento me di cuenta de lo que acababa de hacer. Con la misma rapidez con la que lo abracé, me desprendí de él y traté de dar un paso atrás, pero la pared a mi espalda me lo impidió. No me atreví a mirarlo a la cara. ¡Qué vergüenza! Mi rostro estaba tan caliente que comenzaba a marearme –Lo siento. –susurré y no pude decir nada más porque unos inmensos brazos me rodearon haciendo que quedara nuevamente pegada al pecho de Leo. ¡Ahora él me estaba abrazando!

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!